29 Abril 2005 Seguir en 
LONDRES.- Presionado por todos los partidos, el primer ministro Tony Blair se vio obligado ayer, a una semana de las elecciones generales, a publicar el texto completo de un informe del asesor legal del gobierno que cuestiona la legalidad de la guerra en Irak. Blair, que aspira a obtener un histórico tercer mandato laborista, se había negado a publicar esa advertencia pese a los repetidos reclamos de los diputados opositores y de su propio partido. Pero finalmente debió hacerlo, luego de que los diarios publicaron extractos del documento jurídico fechado el 7 de marzo de 2003, menos de dos semanas antes de que se inició la invasión de Irak, enviado a Blair por el fiscal general Peter Goldsmith, el más importante consejero jurídico del gobierno.
En el texto, Goldsmith deja en claro que sólo una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU puede dar viso legal a la guerra sus reservas. Incluso advierte que los opositores a la guerra podrían llevar al gobierno a los tribunales, y señala que no era Blair, sino el Consejo de Seguridad, el que decide sobre la violación de resoluciones de la ONU. También dice que la intervención armada no podía tener como objetivo un cambio de régimen en Irak.
Cambio inesperado
Pero, diez días después, el asesor afirmó ante el Parlamento que la guerra contra el régimen de Saddam Hussein era legal. Seis días después Estados Unidos y Gran Bretaña invadieron Irak, empezando una ocupación cuyo final aún no se vislumbra. Goldsmith no mencionó ante el Parlamento su primer informe, donde señala que la resolución 1.441 de la ONU, que reclamaba a Bagdad eliminar su armas de destrucción masiva o hacer frente a serias consecuencias, no constituía una autorización a una operación militar. Tras la guerra, que ha dejado innumerables víctimas, tanto Londres como Washington debieron reconocer que no había armas de destrucción masiva que conminaban a Bagdad a deponer.
La divulgación del documento dio nuevas armas a los conservadores para intensificar sus ataques contra la honestidad de Blair, a quien han tratado públicamente de mentiroso. Asimismo, el partido Liberal Demócrata, la tercera fuerza política, que se opuso en un principio a la guerra, arreció sus críticas contra Blair. Los colaboradores de Blair se movilizaron en defensa de su arrinconado líder, sobre quien pesa nuevamente la herida abierta en el país árabe. (AFP-NA)
En el texto, Goldsmith deja en claro que sólo una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU puede dar viso legal a la guerra sus reservas. Incluso advierte que los opositores a la guerra podrían llevar al gobierno a los tribunales, y señala que no era Blair, sino el Consejo de Seguridad, el que decide sobre la violación de resoluciones de la ONU. También dice que la intervención armada no podía tener como objetivo un cambio de régimen en Irak.
Cambio inesperado
Pero, diez días después, el asesor afirmó ante el Parlamento que la guerra contra el régimen de Saddam Hussein era legal. Seis días después Estados Unidos y Gran Bretaña invadieron Irak, empezando una ocupación cuyo final aún no se vislumbra. Goldsmith no mencionó ante el Parlamento su primer informe, donde señala que la resolución 1.441 de la ONU, que reclamaba a Bagdad eliminar su armas de destrucción masiva o hacer frente a serias consecuencias, no constituía una autorización a una operación militar. Tras la guerra, que ha dejado innumerables víctimas, tanto Londres como Washington debieron reconocer que no había armas de destrucción masiva que conminaban a Bagdad a deponer.
La divulgación del documento dio nuevas armas a los conservadores para intensificar sus ataques contra la honestidad de Blair, a quien han tratado públicamente de mentiroso. Asimismo, el partido Liberal Demócrata, la tercera fuerza política, que se opuso en un principio a la guerra, arreció sus críticas contra Blair. Los colaboradores de Blair se movilizaron en defensa de su arrinconado líder, sobre quien pesa nuevamente la herida abierta en el país árabe. (AFP-NA)







