PERRITO. Laura y un particular “amigo” de la montaña.
La cima es, como advirtió Laura Madariaga, solo el 50% de la montaña. Al volver al campamento hay que revisar si todas las extremidades están funcionales - quitarse las botas y encontrarse con una gangrena no es una idea agradable - si la vista no fue afectada por el reflejo de la luz y no debe olvidarse que todos los deshechos de la fisiología humana deben llevarse en una bolsa hasta abajo de la montaña, ya de regreso.
“A los 6000 metros no podés dormir. Tenés que hacerlo de sentado para que te entre un poco de oxígeno”, explicó Laura que ya había perdido un en un 90% el apetito y debía alimentarse de “ensure”, un polvo para personas de la tercera edad que es sencillo tomar a kilómetros de altura.
En la montaña, sacar conclusiones adelantadas puede ser peligroso, incluso si ya se alcanzó la cima. “Fue terrible. A las seis de la mañana empezó a correr el viento. No podíamos salir porque si lo hacíamos nos llevaba”, relató Laura, del instante en que la ferocidad de la naturaleza opacó la conquista. Un fuerte temporal se cirnió sobre ella y su compañera.
“Agarramos la estructura de la carpa para que no se vuele pero en un momento nos cansamos. Allí se volaron las varillas y el sobretecho y solo quedaba la tela mosquitera de adentro”, explicó. Lo que quedaba de la carpa comenzó a taparse y pronto ambas alpinistas quedaron enterradas bajo 50 centímetros de un hielo despiadado. “Fue totalmente desesperante. Pensábamos que nos íbamos a morir ahí, congeladas”, confesó.
A los 4300 metros uno toma en consideración cada privilegio cotidiano: el agua que corre por la canilla, el aire que se incorpora sin tener que pensarlo. “Valorás tantas cosas a esa altura. Hasta el oxígeno que es lo más mínimo. Tomás conciencia de todo”.
Los recursos
“Todos esos desafíos fortalecen el espíritu y la mente”, comentó Laura que ahora tiene una nueva obsesión y un desafío por delante: conquistar las cinco cimas que le quedan de la lista de los siete continentes. Eso la convertiría en la primera persona de Tucumán y la tercera en Argentina en lograrlo. Pero cada pico es también un desafío económico.
“Hay cumbres que son muy caras, incluso están dolarizadas, y yo vengo haciendo todo a pulmón. Comencé con un equipo super básico. El club de montañistas me ayudó un montón. Me hicieron botas a medida en Buenos Aires, me consiguieron bolsa de dormir y los bastones básicos que ni siquiera tenía”, explicó Laura que ahora necesita ayuda para llevar a Tucumán a, literalmente, lo más alto.
“Creo que sería algo muy importante, muy revolucionario. Siendo mujer y del interior, que a veces queda relegado. Siempre recalco que soy tucumana”, comentó Laura que en su mochila carga con la bandera argentina y el deseo de que el pabellón flamee en cada punto del mundo cercano al cielo. Quedan por delante los topes de cinco continentes: Elbrus, Denali, Everest, Vinson y Kosciuszko, mientras que la convicción de Laura no conoce más límites que los del propio mapa.







