36 meses en barrica: la apuesta audaz de un Gran Reserva tucumano que desafía la tendencia de los vinos jóvenes

Con un perfil europeo y elegante, Victorino Premium busca recuperar la complejidad de la madera en una era dominada por la fruta fresca.

MUCHA MADERA. El vino de Finca La Churita tiene 36 meses de paso por roble francés. LA GACETA/FOTO DE MARÍA SILVIA GRANARA MUCHA MADERA. El vino de Finca La Churita tiene 36 meses de paso por roble francés. LA GACETA/FOTO DE MARÍA SILVIA GRANARA
Edu Ruiz
Por Edu Ruiz Hace 3 Hs

En una era dominada por vinos de perfil frutal y de corta crianza, diseñados para beberse pronto y de manera sencilla, una bodega tucumana apuesta por recuperar la escuela europea de guarda prolongada. Su propuesta no sólo cumple con los estándares de un Gran Reserva (mínimo 18 meses en madera), sino que los supera con audacia. Somete a su vino de alta gama a un envejecimiento de tres años en barricas de roble francés. Esta elección técnica, arriesgada y costosa, busca construir un perfil de extraordinaria estructura, sutileza y potencial de guarda, desafiando las lógicas del consumo masivo con una “bomba” de elegancia.

Victorino Premium de Finca La Churita, ubicada en el corazón de Colalao del Valle, a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar, lleva en su contraetiqueta una declaración de principios. Se describe como “un vino que al degustarlo no se necesitan palabras para describirlo, solo expresar con la mirada la perfección de sus 36 meses de paso por barricas de roble francés”, un proceso al que se suma “el delicado aporte que le da el cabernet sauvignon a este malbec”. El mismo texto revela el origen de su nombre: un homenaje a Victorino, padre del fundador, a quien define como “un hombre de pocas palabras, pero que sus enseñanzas las daba con su actuar. Un hombre calmo y auténtico, tal como lo es el vino”.

“Es nuestra joya”, afirma Salomé Soria Prado, apoderada de la bodega y nieta del hombre que le presta su nombre a esta etiqueta. Y explica su carácter: “Al paladar europeo u oriental le encanta porque es un vino mucho más complejo, equilibrado y redondo”. Su recomendación para disfrutarlo es clara: “Si lo abrís y lo dejás respirar una hora, es espectacular”.

La mujer de 42 años, que se encarga de la comercialización de la empresa, señala que es una producción que lleva 10 años: "Comenzamos a preparar el viñedo en 2016 para obtener la uva específica. La primera añada fue 2018, luego 2020 y la última es 2022. Son partidas limitadas: hacemos unas 8.000 botellas anuales".

POTENTE. Soria Prado recomienda abrir el vino una hora antes de consumirlo. LA GACETA/FOTO DE MARÍA SILVIA GRANARA POTENTE. Soria Prado recomienda abrir el vino una hora antes de consumirlo. LA GACETA/FOTO DE MARÍA SILVIA GRANARA

El terroir fue muy importante para encontrar esta Gran Reserva. “Viajé a Saint-Émilion (Francia) y visité bodegas emblemáticas como Petrus o Angélus. Yo siempre me sentía 'chiquita' porque tenemos solo siete hectáreas, frente a los monstruos de Mendoza. Pero allá vi bodegas famosísimas que tienen seis hectáreas, algo similar a nosotros. Eso me abrió la cabeza: no importa el tamaño, sino el cuidado especial que le das a esa tierra valiosa”, relata Soria Prado.

Pero la propuesta de llegar a este vino fue de la enóloga Tania Hoy, quien trabajó en cada detalle para llegar al objetivo. "Lo que buscamos es que se unifique la madera con el vino. Apostamos a un tiempo de crianza largo que ya casi no se utiliza en nuestro país. Buscamos un perfil más europeo -principalmente inspirado en Francia-, donde sí se acostumbra usar mucho la barrica y los tiempos prolongados. Con este vino rompemos un poco el paradigma actual argentino (que tiende a priorizar la fruta sobre la madera) para buscar una presencia marcada de la barrica", cuenta la winemaker.

El uso de la madera en el vino

"La barrica siempre es de roble, una madera noble probada por la historia", explica la sommelier Valeria Saia Guereño. Su origen fue práctico: "Los romanos vieron que los galos usaban toneles de roble para transportar cerveza y se dieron cuenta de que les servía para el vino. La barrica podía girarse sin romperse, a diferencia de las frágiles vasijas de arcilla".

GAMA ALTA. Victorino Premium y Gran Victorino son los mejores vinos que tiene la bodega. GAMA ALTA. Victorino Premium y Gran Victorino son los mejores vinos que tiene la bodega.

Con el tiempo, descubrieron algo más: "Se dieron cuenta de que el vino cambiaba en la madera, ganaba atributos y alargaba su vida útil. Hoy es una herramienta enológica". Para ilustrarlo, usa una analogía: "Un enólogo dijo que la madera funciona como un chicle: estira, estira la vida útil del vino".

Esa es la clave de vinos como el Victorino Premium, con 36 meses en barrica. "Un vino con tanto paso por madera fue concebido para guarda", afirma y añade: "Mientras la mayoría de los vinos evolucionan mal en botella, uno como este evoluciona favorablemente: genera nuevos aromas y sabores, volviéndose más complejo, con más buqué. Eso, en cata, es bueno".

Todos los vinos de La Churita

"Mi papá, César Soria, es socio inversionista. La finca originalmente era de don Raúl Pena, quien comenzó como viñatero produciendo uva para vender a otras bodegas. A fines de 2012 o principios de 2013 se asoció con mi papá y así nació Finca La Churita. Construyeron toda la estructura de la bodega y el depósito en Colalao del Valle; trajimos maquinaria italiana, tanques de acero inoxidable y barricas de roble francés de primer uso. Desde la vendimia 2014 ya producimos y embotellamos nuestros propios vinos en el mismo predio, dejando de alquilar instalaciones ajenas", recuerda Salomé.

LÍNEA CLÁSICA. Christophe Krywonis, de MasterChef, con una botella de La Churita malbec. LÍNEA CLÁSICA. Christophe Krywonis, de MasterChef, con una botella de La Churita malbec.

Junto a su ícono de guarda prolongada, la bodega presenta otra apuesta destacada: el Gran Victorino, un blend de tintas con 24 meses de madera y una producción limitada de 10.000 botellas. Su oferta se completa con una línea clásica que incluye malbec, rosado de malbec, torrontés seco y torrontés dulce. Este último se ha convertido en un fenómeno comercial. Según Soria Prado, es el favorito del público femenino y de los turistas mayores que recorren el Valle Calchaquí, quienes suelen adquirirlo por cajas enteras.

“Acá en Buenos Aires, donde resido, cuando hablás de vinos del norte, la gente piensa en Salta o Cafayate. Cuando decís Tucumán, se sorprenden. Yo siempre explico que somos parte del mismo valle. Compartimos el mismo terroir, sol, vientos y altura, lo que da vinos intensos en color, sabor y taninos”, dice la propietaria de la bodega y añade: “En 2015 llevé nuestros vinos jóvenes a la Expo Milán, en Italia. Allá me preguntaban si tenía barrica por la intensidad y la estructura que tenía. Yo les explicaba que era 100% uva, sin madera. La potencia de la altura genera una 'gota' más espesa e intensa que engaña al cerebro y te hace creer que hay madera”.

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