MODERNO. El modelo clásico quedó atrás y especialistas explican por qué se busca más calidad que cantidad y cómo impacta en la salud.

La nutrición vuelve a mover sus cimientos. Después de décadas siguiendo un modelo que colocaba a los hidratos de carbono como la base de la alimentación, una nueva pirámide nutricional propone un giro profundo con más comida real, proteínas de calidad y grasas saludables; menos ultraprocesados y harinas. El cambio, aseguran especialistas, busca dar respuesta al aumento sostenido de enfermedades metabólicas en todo el mundo.
La licenciada en nutrición María Inés Ascárate, especialista en nutrición funcional y salud digestiva, explicó a LG Play de qué se trata este nuevo paradigma y por qué tantos profesionales ya lo están adoptando.
En el último tiempo, los nutricionistas alertaron que el crecimiento de enfermedades metabólicas no puede explicarse solo por factores hereditarios. El estilo de vida acelerado, la disponibilidad constante de productos industrializados y la normalización del consumo de bebidas azucaradas generaron un terreno fértil para que se dispararan los diagnósticos. “Hoy vemos adolescentes con prediabetes y adultos jóvenes con hígado graso. Eso antes era excepcional”, observa Ascárate. Este panorama, afirma, impulsó a revisar las guías alimentarias tradicionales y a poner en debate la calidad de lo que comemos.
“Durante muchos años seguimos una pirámide que priorizaba los hidratos de carbono como panes, pastas, cereales. Había cantidades moderadas de frutas y verduras, y muy poco espacio para las proteínas y los lácteos. Las grasas quedaban en la cúspide, casi demonizadas”, resume Ascárate.
Ese modelo, explica, se enfocaba en la cantidad y no en la calidad de los alimentos. Con el tiempo, la evidencia empezó a mostrar que lejos de proteger, habilitaba un patrón que contribuyó al aumento de diabetes tipo 2, obesidad, resistencia a la insulina, enfermedades cardiometabólicas, inflamación crónica e incluso ciertos tipos de cáncer. “Aceleró el envejecimiento metabólico de millones de personas”, advierte.
El retorno a lo real
La nueva pirámide propone algo más simple pero contundente: volver a los alimentos reales. En la parte superior se ubican ahora las proteínas de calidad: carnes frescas, huevos, lácteos enteros y legumbres. Después, el consumo diario y variado de frutas y verduras. Y un capítulo aparte para las grasas saludables, que recuperan un rol protagónico.
“El aceite de oliva, la palta y los frutos secos ya no son el villano. Son grasas funcionales que aportan saciedad, regulan hormonas, ayudan a absorber vitaminas y protegen las neuronas”, señala la especialista.
En la base aparecen los hidratos de carbono, pero esta vez en porciones acotadas y en sus versiones integrales, mientras que las harinas refinadas y los ultraprocesados quedan directamente excluidos.
Calidad antes que nada
Ascárate aclara que este modelo pone el foco en cómo impacta cada alimento en el cuerpo. “Ya no se habla solo de calorías. Se piensa en metabolismo, masa muscular, inflamación, microbiota intestinal. Es una mirada integral sobre la salud”, añade.
La actualización de esta pirámide no es una iniciativa aislada. En distintos países, sociedades científicas y universidades están revisando modelos alimentarios a la luz de nuevos estudios sobre microbiota, inflamación crónica y longevidad. Investigaciones recientes muestran que una dieta rica en alimentos reales (sin necesidad de extremismos) mejora marcadores inflamatorios, reduce el riesgo cardiovascular y favorece el bienestar cognitivo. “
¿Y las proteínas, pueden ser un riesgo? La tendencia a aumentar el consumo proteico genera dudas, pero la especialista despeja temores. “Se recomienda entre 1,2 y 1,6 gramo por kilo de peso por día. En personas sanas, esto es seguro y beneficioso. La proteína preserva la masa muscular -que es el órgano de la longevidad-, mejora el control del azúcar en sangre, aporta energía y regula el apetito”, comenta.
Los riesgos se presentan solo en personas con enfermedad renal no controlada o dietas muy pobres en vegetales. “La clave no es el exceso, sino la adecuación. Nada es saludable de forma ilimitada. Por eso siempre es necesario el acompañamiento profesional”, remarca.
Una brújula
La nueva pirámide nutricional, explica Ascárate, busca reordenar prioridades: menos productos industriales y más alimentos que el cuerpo reconoce. “Los ultraprocesados desconfiguran el metabolismo. La comida real nutre la célula, regula la glucosa, disminuye la inflamación y favorece una microbiota diversa y saludable”, resume.
El cambio no es solo estético, sino que apunta a frenar el avance de enfermedades que ya son epidemia y a recuperar una forma de alimentarse más simple, más consciente y más cercana a lo natural.
Por qué se actualiza
Las datos que preocuparon
- Creció la incidencia de diabetes tipo 2 en adultos jóvenes.
- Aumentaron los diagnósticos de prediabetes en adolescentes.
- Se disparó el hígado graso no alcohólico en personas con peso normal.
- Más del 50% de las calorías que consumen los argentinos provienen de ultraprocesados.
- Se registran niveles elevados de inflamación crónica en pacientes menores de 40 años.







