Se perdió la calma en Villa 9 de Julio

Un contador jubilado y su esposa se salvaron de milagro. Nadie escuchó a los agresores, que golpearon y ataron al matrimonio. Las víctimas pasaron doce horas maniatadas y semiinconscientes en su propio dormitorio.

VIOLENCIA EXTREMA. Josefa Ferrer fue encontrada en shock, con las manos y el cuello atados a la cama. Fue bestialmente golpeada.
VIOLENCIA EXTREMA. Josefa Ferrer fue encontrada en shock, con las manos y el cuello atados a la cama. Fue bestialmente golpeada.
01 Abril 2002
La calle de Diego de Villarroel al 200 es una típica cuadra de barrio en la villa 9 de Julio. Veredas anchas donde juegan los chicos, árboles, una verdulería, una agencia de quiniela. Hay buena iluminación y todos los vecinos se conocen. "Acá es tranquilo. Nadie se mete con nadie", dice Miguel Angel Guevara. Pero el viernes a la noche la realidad mostró una cara más tenebrosa. Dos ancianos fueron asaltados y salvaron la vida milagrosamente, tras haber pasado casi doce horas amordazados y golpeados.
Las víctimas son el contador jubilado Tomás García Jiménez, de 82 años, y su esposa Josefa Ferrer, de 80. Viven solos en una casa enorme, y el viernes a la noche, cuando dormían, entraron cuatro o cinco sujetos que los golpearon y ataron, y que los abandonaron en esas condiciones tras revolver toda la casa. A las 9.30 del sábado fueron encontrados inconscientes por su hija Susana, quien fue a visitarlos y encontró la puerta abierta.
"Ella estaba en shock, medio asfixiada. Le habían atado las manos al respaldar de la cama con un trapo", relató Susana. "El estaba tirado en el piso, a la par de la cama. Lo golpearon en las costillas; creo que tiene una quebrada -continuó-. No podía explicarme bien lo que había pasado. ?Un asalto. Fueron cuatro o cinco?, me dijo, y no pudo contar más".
La señora está internada, semiinconsciente, en el Centro de Salud. "Se sigue refregando las muñecas, como si quisiera soltarse", dijo su hija. La jefa de guardia explicó que los ancianos tienen un fuerte traumatismo emocional. "No pueden seguir viviendo solos. Están muy frágiles", dijo. Don Tomás, vendado, ya se encuentra en lo de su hija.
El ataque fue bien estudiado. "Creo que hicieron entrar a un chico por el ventiluz de la cocina, que es el único que no tiene rejas", dijo Susana. "Y debían saber que mi papá y mi mamá escuchan poco, así que no se preocuparon por el ruido. Cuando estuvieron adentro, cortaron el cable del teléfono". El vecino Carlos Arias vive a la par y no escuchó nada. Esa noche llovía. Acudió al día siguiente, cuando Susana le pidió ayuda. "Ella estaba golpeada y con un trapo en el cuello. Pensé que estaba muerta. Fue impresionante", contó.
La tranquilidad del vecindario quedó destruida. La gente advirtió que la inseguridad ahora la rodea. "Hace unos días asaltaron una carnicería", dijo María Elena Graiff. "A mí me asaltaron el año pasado, y antes vivíamos sin problemas", añadió Marta Gandur. "Ellos vivían desde hace 50 años en esa casa y nunca les había pasado nada". El único disgusto que habían tenido fue el robo, hace un tiempo, del motor que hace subir agua al tanque. No se sabe bien qué les robaron ahora. La hija no hizo el recuento de cosas. La Policía informó que se habrían llevado dinero, un centro musical y un televisor.
Lo peor es que les afectaron completamente la vida. "Ellos no querían dejar la casa, a pesar de que nosotros les decíamos que ya no podían vivir solos -dijo Susana-. Y ahora mi papá tiene miedo de volver".

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