01 Abril 2002 Seguir en 
Los vecinos del barrio Marti Coll están desesperados. Afirman que el cóctel de calles destrozadas, la poca iluminación y la escasa presencia policial por las noches es una tentación demasiado irresistible para los delincuentes, que en los últimos 40 días protagonizaron tres grandes atracos -dos de ellos a mano armada- y múltiples arrebatos cuando la gente entra o sale de su casa.
El barrio Marti Coll cobró notoriedad en 1999 debido a que los vecinos montaron ellos mismos un sistema de seguridad por los incesantes robos. Construyeron un destacamento policial y se encargaban de comprar la nafta para el vehículo que patrullaba el barrio. "Con el tiempo, sin embargo -contaron Ramón Santillán y Rodolfo Gallardo, miembros del Centro Comunal San Antonio de Padua- la gente no pudo aportar más".
Los vecinos revelaron además que durante el día no se producen mayores problemas ya que circulan los "bicipolicías". A la noche, sin embargo, las 60 manzanas que componen este populoso barrio son custodiadas por un solo policía que anda en moto.
Además de que ahora los vecinos no tienen dinero para el combustible, el patrullero (un Renault 12) está averiado. Antes, cada vez que se rompía lo arreglaban con fondos que aportaba la gente. Pero ahora se descompuso y con lo que juntaron no alcanzó para llevarlo al mecánico, contó Santillán. El vecino manifestó que fueron a ver al comisario de la zona, quien les reconoció su preocupación, pero les dijo que la Policía cuenta con muy pocos medios. De hecho, Santillán reconoció que a veces ven al propio comisario patrullando el barrio en horas de la noche.
La vecina María Angélica Pena dijo que en los 15 años que lleva viviendo en el barrio no consigue que los distintos gobiernos municipales se encarguen de talar los árboles y cortar los yuyales. "El árbol que está frente a mi casa dicen que no lo pueden talar debido a que se oponen las organizaciones ambientalistas. Pero cada vez que hay una tormenta, se inclina sobre los cables y nos quedamos sin luz", se quejó. Y la oscuridad siempre ha sido cómplice de la delincuencia.
"Los matorrales son uno de los mayores puntos débiles de la zona. Estamos rodeados por basurales, así que cualquiera se esconde allí y te sorprende cuando estás por entrar a tu casa", se quejó Rosa Patricia Pistán, quien hace un par de semanas fue herida con una navaja por un delincuente.
Sin embargo, a pesar de lo que cuentan los vecinos, el secretario de seguridad de la provincia, Julio Díaz, dijo que no se han producido incrementos en las estadísticas sobre robos en la zona de Yerba Buena.
El barrio Marti Coll cobró notoriedad en 1999 debido a que los vecinos montaron ellos mismos un sistema de seguridad por los incesantes robos. Construyeron un destacamento policial y se encargaban de comprar la nafta para el vehículo que patrullaba el barrio. "Con el tiempo, sin embargo -contaron Ramón Santillán y Rodolfo Gallardo, miembros del Centro Comunal San Antonio de Padua- la gente no pudo aportar más".
Los vecinos revelaron además que durante el día no se producen mayores problemas ya que circulan los "bicipolicías". A la noche, sin embargo, las 60 manzanas que componen este populoso barrio son custodiadas por un solo policía que anda en moto.
Además de que ahora los vecinos no tienen dinero para el combustible, el patrullero (un Renault 12) está averiado. Antes, cada vez que se rompía lo arreglaban con fondos que aportaba la gente. Pero ahora se descompuso y con lo que juntaron no alcanzó para llevarlo al mecánico, contó Santillán. El vecino manifestó que fueron a ver al comisario de la zona, quien les reconoció su preocupación, pero les dijo que la Policía cuenta con muy pocos medios. De hecho, Santillán reconoció que a veces ven al propio comisario patrullando el barrio en horas de la noche.
La vecina María Angélica Pena dijo que en los 15 años que lleva viviendo en el barrio no consigue que los distintos gobiernos municipales se encarguen de talar los árboles y cortar los yuyales. "El árbol que está frente a mi casa dicen que no lo pueden talar debido a que se oponen las organizaciones ambientalistas. Pero cada vez que hay una tormenta, se inclina sobre los cables y nos quedamos sin luz", se quejó. Y la oscuridad siempre ha sido cómplice de la delincuencia.
"Los matorrales son uno de los mayores puntos débiles de la zona. Estamos rodeados por basurales, así que cualquiera se esconde allí y te sorprende cuando estás por entrar a tu casa", se quejó Rosa Patricia Pistán, quien hace un par de semanas fue herida con una navaja por un delincuente.
Sin embargo, a pesar de lo que cuentan los vecinos, el secretario de seguridad de la provincia, Julio Díaz, dijo que no se han producido incrementos en las estadísticas sobre robos en la zona de Yerba Buena.







