EXPERIENCIAS SENSORIALES. Entre risas, aromas y tintos, una nueva generación se anima a explorar el mundo del vino sin prejuicios. .LA GACETA / Fotos de Osvaldo Ripoll
El viernes por la tarde se abrieron los portones de la Sociedad Rural al público que llegó para ser parte de la primera Expo Wine “De la uva a la copa”. Luego de las 19, las copas empezaron a desfilar en las manos de los que llegaban y dentro del salón principal, los codos se empinaron hasta las 23. Afuera, el termómetro marcaba 8°C; adentro, las camperas sobraban. El vino calentó los cuerpos de los novatos y de los expertos catadores y les permitió olvidar un rato el frío. Durante dos jornadas, el evento reunió a las principales bodegas del país, expertos del mundo vitivinícola y amantes del vino.
En la expo, solo unos pasos separaban una provincia de otra. De Salta a Mendoza en un solo trago, de San Luis a Catamarca pasando antes por La Rioja, para volver a Tucumán con la misma copa y distintos sabores. Entre los stands, se multiplicaban las conversaciones y las selfies. La pregunta surgía sola: ¿qué toman los jóvenes?
Mapa de preferencias
“Los jóvenes se acercaron al vino. El vino dejó de ser ‘cosa de viejos’”, asegura Marcelo Montecino, sommelier y docente universitario. Entre copa y copa, observa un fenómeno: “La puerta de entrada para los de 20 a 30 años suele ser el vino de cosecha tardía, porque es un sabor amable. Después se animan al malbec, la cepa argentina por excelencia”, explica y agrega:”Se piensa que el vino es una bebida elitista, pero es para todos”.
Laura Barabani, sommelier con más de una década de experiencia, lo confirma. “La gente joven busca el malbec, por supuesto, pero cuando descubre el pinot noir se enamora. Es fresco, amable, con pocos taninos. Ideal para nuestro norte caluroso”, explica. ¿Y los blancos? “También se eligen mucho. Nuestro torrontés y el chardonnay están muy presentes”, detalla.
BRINDIS. El malbec encabeza la lista de los favoritos de la juventud.
María Paz tiene 24 años y se presenta como mitad peruana y mitad argentina, fan de los vinos de este país. “Yo prefiero los blends porque son un juego entre varios tipos de uvas. Son lo nuevo y lo distinto”, cuenta la joven. “Hoy ves un vino en Instagram o TikTok y ya sabés si lo querés probar”, dice sobe la incidencia de las redes sociales a la hora de elegir.
Leila, también de 24, es técnica agropecuaria y suma su mirada: “Estoy empezando a conocer. Siempre fui chica de tintos. Pero hace poco descubrí un torrontés seco y me encantó. Me gusta que los vinos dulces secos rompen con la idea del vino empalagoso. Y me interesa apoyar al mercado local, a los pequeños productores que hacen vinos con otra perspectiva”.
Historias y etiquetas
Luciana (34) y Eduardo (36) llegaron de la mano. Ella se enamoró primero del vino; él, de ella y del vino, casi al mismo tiempo. “Me enamoré de los vinos tucumanos primero. Visité bodegas de pueblos originarios y conocí a los productores. Las historias antes y después, la bebida.
“Tenemos un vino maravilloso y nos vamos a Mendoza sin haber probado el terroir del torrontés tucumano”, se lamenta.
Eduardo, agrega: “Me voló la cabeza conocer la historia de cada proyecto familiar de las bodegas pequeñas. Hay un potencial enorme que aún no conocemos”.
“La mujer del vino dulce y el hombre del vino tinto: eso ya fue”, sentencia Barabani. “Hoy el vino es para todos. Las diferencias no son de género, sino de experiencia. El que empieza, busca algo amable. Cuando el paladar evoluciona, busca que lo sorprendan otras variedades”.
Javier Díaz, productor de Colalao del Valle, se ríe mientras cuenta la historia de su vino: “Mi vino torrontés de cosecha tardía fue un regalo para mi esposa. Le puse ‘Helena’ porque es belicosa y empoderada como Helena de Troya. Fuerte y dulce. Algunos afirman que el vino no se toma frío o con hielo, pero el vino se toma como a uno le guste”, sentencia.
Luciano, de 35, resume el espíritu que flotaba en el aire de la expo: “Conocer el vino es una apertura de sabores. Cada vez te genera más intriga y estos espacios te permiten seguir explorando”.
Hay un nuevo ritual que crece entre los jóvenes. Ya no se trata solo de brindar. Se trata de descubrir, compartir, contar y elegir. El malbec sigue siendo rey, pero el trono se comparte con el torrontés seco y salvaje del Valle Calchaquí. Y con ellos, también se descorchan mitos, estereotipos y prejuicios.
A beneficio: lo recaudado de la cena se donó a la fundación “un mundo diferente”
Alrededor de 1.200 asistentes llegaron a la Sociedad Rural entre el viernes y sábado. “Fue un éxito rotundo y esperamos que se repita el próximo año”, dijo Marcelo Montecino, uno de los organizadores del evento. Más de 60 expositores descorcharon casi 300 etiquetas de bodegas de todo el país. Participaron las provincias de Salta, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja, San Juan, San Luis, Mendoza y Tucumán. Hubo una cena de gala a beneficio el viernes y un cierre musical con una peña folclórica hasta la medianoche.








