
¿Cómo saber si estoy idealizando a una persona?

Idealizar a una persona es una situación que suele ocurrir cuando se comienza una relación amorosa, de trabajo o de amistad con el otro. Aunque para muchos esto es considerado "normal", es importante saber poner límites para evitar ciertos trastornos como la obsesión, la dependencia emocional y la subestimación.
Idealizar al otro es cuando percibimos a ese individuo de una forma extremadamente distorsionada, acentuando sus virtudes de una manera exacerbada mientras pasamos por alto sus defectos o los reducimos al mínimo. Y es que dicho acto dice más de nosotros mismos que del sujeto al que idolatramos.
Algunas de las razones por las que este comportamiento tiene lugar son porque la persona que adopta esta actitud dispone de una autoestima baja. Esta infravaloración del propio ser provoca que vea a los demás con mejores ojos, sobrevalorando sus factores positivos. Muchas veces esto se complementa con la necesidad social de encajar en un grupo y de integrarse de manera cómoda y estable.
Por otro lado, esta idealización encuentra su origen cuando una persona comienza una relación sentimental con otra. Durante los primeros compases de dicho vínculo, el cerebro anula diversas áreas racionales a la hora de percibir a la otra persona, apreciando únicamente su lado positivo. Esto desemboca en una pérdida de la capacidad crítica con ese individuo.
Cómo detectar la idealización
Pese a que este es un proceso psicológico basado en un fuerte componente emocional, existen algunas pistas que nos pueden aclarar si estamos idealizando a una persona. Una de ellas es que nos cueste encontrar aspectos negativos de la misma. Percibir únicamente su lado positivo es un indicador de que bien la admiramos demasiado o de que no la conocemos lo suficiente.
Otro motivo es apreciarla como si no fuera igual que nosotros, sino como si estuviera a un nivel por encima. De hecho, sentir intimidación ante su presencia es un factor clave de la idealización. Esto desembocará en que nos hagamos expectativas demasiado fantasiosas que esa persona no será capaz de cumplir, lo que nos traerá una sensación de decepción en el futuro.
No obstante, el motivo más claro por el que saber que hemos colocado a alguien en un pedestal es el de ignorar nuestras propias necesidades y deseos. Un exceso de complicidad y servidumbre hacia otra persona puede provocar que no nos atendamos a nosotros mismos. Ese objetivo de aprobación del otro individuo repercutirá en una futura frustración de no practicar lo que queremos y de añoranza de la época en la que prestábamos algo más de atención a lo que anhelábamos.








