El escaso descenso del 4% en el nivel de la pobreza de Tucumán, que arrojó la última medición del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) no alcanza para morigerar el devastado escenario social provincial. El mismo que ese informe sobre la incidencia de la pobreza y la indigencia en la Argentina volvió a pintar.
Hay 420.000 comprovincianos que viven por debajo de la línea de pobreza. Es decir, tucumanos que no tienen $ 210 por mes, o cuyos grupos familiares no registran ingresos por $ 820 mensuales, para acceder a la canasta básica de servicios, alimentos e indumentaria. En pocas palabras, no ganan para vivir. Dentro de ese grupo, a la vez, son 144.000 los que no tienen recursos ni siquiera para poder adquirir los alimentos que les provean de las calorías mínimas que un ser humano necesita para vivir. De acuerdo con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud, equivalen a menos de 200 gramos de margarina diarios. Traducido en números, si un tucumano dispone de menos de $ 95 por mes, recibe el título de indigente. O sea, no gana para comer. De vivir, ni hablar.
Llegó para quedarse
La cantidad de personas que se encuentran sumidas en pobreza en esta provincia viene a demostrar que hay un enorme sector de la población que padece este flagelo social en un orden concretamente estructural. Porque, en rigor, hay muchos más pobres que los que aparecen en la estadística oficial.Precisamente, la medición en base a la línea de pobreza tiene en cuenta sólo los ingresos de los encuestados, los cuales coteja con el valor de la canasta familiar. En consecuencia, la medición que acaba de conocerse corresponde a la Encuesta Permanente de Hogares realizada en octubre pasado y no tiene en cuenta los posteriores aumentos de precios, que elevaron los costos y, por ende, hicieron "subir" la línea de pobreza.
Para mayor angustia, en la provincia el muestreo sólo alcanza al Gran San Miguel de Tucumán, con una población de 900.000 habitantes. Hay más de 400.000 tucumanos que viven en el interior de la provincia que no son incluidos en el estudio y que, si fueran encuestados, dispararían las cifras de la pobreza local. Sobre todo, si la medición se realizara considerando no ya los ingresos, sino las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que consideran las condiciones en que viven las personas. Y su acceso a servicios que van desde el transporte hasta el agua corriente, pasando por las prestaciones que brindan los hospitales cercanos. Cuando los hay.
De modo que la fotografía de la pobreza que toma el Indec en Tucumán es bastante parcial. En el Gobierno siempre se afirma que no se cuenta con capacidad operativa para extender la Encuesta Permanente de Hogares a toda la provincia, al tiempo que otros aducen que el sondeo actual ya es lo suficientemente representativo. Pero los funcionarios más sinceros admiten que, en realidad, no se animan a blanquear la verdadera catástrofe social tucumana.
El último informe nacional arroja algunos indicios que verifican el temor oficial. El total nacional de los hogares de zonas urbanas que figuran en situación de pobreza es del 30%. Cuando esa medición se recalcula y se incluyen los ingresos del plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados, la cifra también es del 30%. Es innegable que, para un desempleado, recibir $ 150 por mes es notablemente diferente a no recibir nada. Pero también es evidente que, en la realidad, el único resultado que ha dado ese programa social es estrictamente electoral.
El cuadro se completa con el dato de que en Buenos Aires, la canasta familiar tiene un valor de $ 745, lo equivale a decir que la línea de pobreza se encuentra $ 75 pesos (o casi un 10%) más "baja" que en esta provincia.
Tucumán, de ese modo, vuelve a recibir la certificación nacional que la habilita como una provincia legítimamente subtropical: aquí, hasta ser pobre cuesta más caro.







