La situación en Bella Vista

La degradación de las instituciones debe ser corregida por los dirigentes.

16 Marzo 2005
Una edil de Bella Vista formuló, por carta documento, denuncias que comprometen al Concejo Deliberante y al intendente de esa ciudad. Como lo informamos en nuestra edición de ayer, la edil habla de supuestos delitos de peculado y de incumplimiento de la legislación vigente en materia de control de gastos oficiales. Pidió que el jefe de la comuna le proporcione informes -que las secretarias se los niegan, afirmó- sobre una serie de diversas erogaciones municipales, que van desde ayudas a particulares hasta compras de materiales, pasando por pagos de honorarios y otros rubros. El intendente rechazó el escrito y acusó de malintencionada a la denunciante.
Sea cual fuere el resultado final del planteo, resulta innegable que una suma de situaciones alarmantes se está dando en la Municipalidad de Bella Vista. Desde el año pasado, las informaciones relativas a esa jurisdicción tienen un tono que no puede sino inquietar.
Vecinos que recolectan firmas para pedir la renuncia de concejales; agresiones físicas de un edil al contador de la comuna; acusaciones cruzadas de corrupción, de manejo discrecional de fondos y hasta de tráfico de drogas; versión de presiones oficiales sobre los empleados o beneficiarios de planes, por ejemplo, han ocupado varias veces y destacadamente nuestras columnas. Legisladores radicales que recorrieron esa ciudad, en noviembre último, afirmaron que Bella Vista es una zona liberada, un territorio donde no hay ley. Dedicamos, en esa oportunidad, un extenso editorial a lo que estaba ocurriendo en esa ciudad (ver "El escándalo de Bella Vista", editorial del 21/11/2004).
Nos parece que es hora de llamar la atención sobre semejante panorama. Evidentemente, en la referida ciudad las cosas no marchan normalmente. La relación de las autoridades entre sí, y con el pueblo que las eligió, está llena de sobresaltos, de desinteligencias, de sospechas y de acusaciones. No puede tener esas características la vida cotidiana de una jurisdicción municipal, en ningún caso, y menos en una que tenga la significación de Bella Vista.
Hay varias cosas allí que no funcionan como debieran, y que están indicando, con fuerza, la necesidad de un esclarecimiento general de la realidad y de una franca corrección del rumbo gubernativo.
La Municipalidad -tanto el Departamento Ejecutivo como el Concejo Deliberante- es una institución básica en la vida de una comunidad. Interesa vitalmente al sistema democrático que ella cumpla su objetivo de una manera regular y armónica. No es necesario decir que las instituciones deben ser preservadas a toda costa de las turbulencias y de las imputaciones. Y que, cuando existan estas últimas, resulta urgente arrojar toda la luz necesaria sobre ellas.
La sociedad, además, se resiente profundamente por situaciones como las que apuntamos. Quienes gobiernan deben dar en todo momento, a la ciudadanía, una imagen de trabajo en defensa de los intereses comunitarios, además, por supuesto, de la máxima probidad en todo lo que signifique manejo de los fondos del Estado.
Todo lo que conspire contra estas verdades elementales, no puede sino considerarse como francamente negativo y necesitado de urgente corrección, por los medios legales previstos.
Es de esperar, así, que se detenga esta sucesión de escándalos en el municipio de esa progresista ciudad tucumana. Ella merece, como todas, vivir en paz y dentro de una razonable armonía entre quienes gobiernan y quienes obedecen. Ya es hora de obtener ese logro.

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