Alarmante auge de la droga

Para encarar la lucha contra este flagelo, sería bueno comenzar por conocer las experiencias de otros países.

15 Marzo 2005
Nuestra edición de ayer dedica una completa nota al problema del transporte y al consumo de drogas prohibidas en nuestra provincia. Las referencias que la investigación periodística consigna -apoyadas en numerosas estadísticas oficiales- ponen sobre el tapete una cuestión por demás alarmante. Ella es que, en cuanto al transporte, cada día ingresa más droga a nuestro territorio; y en cuanto al consumo, que el porcentaje de los adictos a la marihuana en Tucumán ya supera la media nacional.
Las formas que los traficantes utilizan para introducir droga en esta jurisdicción son suficientes para burlar, en una elevada proporción, los controles policiales. Es común que las sustancias vengan fraccionadas, en encomiendas, o escondidas en diversos elementos de transporte habitual. Y en lo que atañe a la venta, resulta por demás preocupante la difusión de esa actividad como "modus vivendi" en gente de varios barrios tucumanos. Como es lógico, en una importante cantidad, esos vendedores se vuelven adictos y deben seguir en las transacciones para costear su hábito. De acuerdo con lo que expone nuestra nota, en diversos sectores de la ciudad los compradores saben perfectamente cuáles son las casas donde se expende droga, ya que tienen señales exteriores, como focos de colores o zapatillas colgadas en los cables.
Ocioso sería reiterar apreciaciones sobre lo terrible que resulta que nuestra sociedad se vea invadida por tan nefasto consumo: uno de cada 5 jóvenes tucumanos de más de 18 años reconoce haber fumado marihuana, y se registran igualmente consumos de droga entre chicos de 12 a 15 años. Son por todos conocidos los tremendos daños físicos y psicológicos que derivan de ese hábito, uno de los grandes flagelos del mundo contemporáneo.
Pero resulta obvio que, más allá de horrorizarse, lo que corresponde es que el Estado y la comunidad se pongan de inmediato en condiciones de enfrentar el problema. Indudablemente, el crecimiento del consumo se debe al crecimiento del ingreso y de la respectiva venta. Y también es indudable que están fallando los controles, sea por falta del rigor debido o por falta de adecuación a las estrategias de los traficantes, que varían a cada momento. Urge entonces que el poder público estudie a fondo esta cuestión, y que adopte las providencias dirigidas a detener y a revertir el inquietante panorama actual.
Puesto que la droga es un problema en todo el orbe, deben recabarse las experiencias de otros países para encarar la lucha contra tal fenómeno. No puede admitirse que el Estado se declare impotente para frenarlo, y que existan barrios de Tucumán donde se vendan tranquilamente esas sustancias, incluso con indicaciones visibles para los interesados. Tampoco puede tolerarse -como lo hemos puntualizado otras veces- que existan sectores donde la Policía "no puede entrar", porque admitirlo equivaldría a reconocer la existencia de áreas donde la delincuencia se puede desarrollar libremente.
Junto con esta enérgica acción del Estado (que requiere, por cierto, la acción coordinada de la Policía Federal, la Policía provincial y la Gendarmería), ha de cumplir también su parte la comunidad, que es la mayor afectada con todo esto.
Hay que reiterar la necesidad de la atenta vigilancia de los padres sobre sus hijos, así como la de la puntual denuncia de los vecinos acerca de la venta de droga. También en los establecimientos escolares resulta imprescindible la atención sobre dichos puntos. En suma, se requiere una tarea conjunta y en profundidad, que debe iniciarse con fuerza y sin pérdida de tiempo.

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