15 Marzo 2005 Seguir en 
Alguien definió a la educación media como un "entretiempo" entre la antigua escuela primaria y la universidad, o la esperanza de ingreso al mundo del trabajo. La semana pasada, el propio ministro de Educación, Daniel Filmus, aseguró que la escuela media es expulsiva y que enseña con modelos propios del siglo XIX.
Sin embargo, reconociendo que el nivel medio no contiene (se estima que hay un abandono del 60% en ese nivel en todo el país) a las generaciones que durante décadas estudiaron con aquellos modelos hoy cuestionados son, entre otras, las que escribieron las páginas más brillantes de la historia de la Universidad argentina, hasta 1966, cuando el "onganiato" truncó ese proceso. Cierto es que los tiempos no son los mismos y que se imponen nuevos abordajes pedagógicos para el siglo XXI, signado por la tecnología. Sin embargo, no es menos cierto que a las aulas universitarias llegan alumnos más entrenados en cierto "hacer técnico" que en la capacidad de manejarse en el mundo de las ideas y en el pensamiento creativo y abstracto. Ello no invalida el dato de que muchos de los docentes del secundario o Polimodal están inhabilitados para enfrentar a una generación dramáticamente compleja, a la que le tocó crecer en este tiempo signado por la incertidumbre.
Las críticas de Filmus al nivel medio llegan precedidas por un largo debate acerca de la eficacia del modelo pedagógico surgido a partir de la ley Federal de Educación. Y aunque muchos alumnos reclamen "más horas de inglés y de computación", hay un reclamo a voces de volver a los contenidos fundamentales, entre ellos Lengua y Matemática. Si alguien duda de que lo que falla son los contenidos básicos y las destrezas comunicativas (la posibilidad de enunciar con coherencia lo que se piensa, o lo que se estudió), que se tome un tiempo y concurra a observar cualquier examen de primer año de la Universidad. Allí encontrará a decenas de jóvenes (varones y mujeres) que irrumpen en llanto -literalmente- ante la obligación de explicar un tema, de extrapolar conceptos o de sintetizar un texto. Es probable que la decisión de Filmus -que hizo suyo el Consejo Federal de Educación- de generalizar las pruebas globales les sirva a los alumnos como fogueo para encarar el trance del examen y para reaprender el hábito olvidado de sentarse a estudiar.
Ante esa situación, y para remontar la elevada deserción que se observa en el primer año de la Universidad, la mitad de las carreras de la UNT fueron instaurando de a poco distintas modalidades de exámenes de ingreso, con algunas opciones a las que eufemísticamente se bautizó como "nivelación o ambientación".
Salvo Medicina, que fijó un cupo, en las facultades de Bioquímica, Química y Farmacia, Agronomía, Veterinaria, Odontología y Ciencias Exactas afirman que quieren más inscriptos. Pero que sólo con el examen o la ambientación pueden contrarrestar el vacío formativo que significa el Nivel Medio. Sin embargo, el ingreso sigue siendo un tema vergonzante en la Universidad argentina, y nadie discute abiertamente aquello que casi todos están practicando.
Claro que entre las cuestiones a discutirse si se debate el ingreso, hay un tema central: el de la credibilidad de las instituciones educativas. Ante escándalos como la presunta venta de exámenes en la Facultad Tucumán de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), los jóvenes que estudiaron para la prueba y que tuvieron que volver a rendirla, se sienten en un mundo sin garantías.
Salvando las distancias, es lo que perciben los aspirantes a ingresar a Medicina de la UNT, que este año no tuvieron una nivelación interna como la que sí se promete para 2006. Hasta ahora, ellos saben que los que corren con ventaja para cubrir los 240 asientos son aquellos que tuvieron los $ 5.000 (o más) para prepararse en una de las tantas academias privadas que siguen haciendo negocio a expensas de ese "entretiempo" que es el nivel medio.
Sin embargo, reconociendo que el nivel medio no contiene (se estima que hay un abandono del 60% en ese nivel en todo el país) a las generaciones que durante décadas estudiaron con aquellos modelos hoy cuestionados son, entre otras, las que escribieron las páginas más brillantes de la historia de la Universidad argentina, hasta 1966, cuando el "onganiato" truncó ese proceso. Cierto es que los tiempos no son los mismos y que se imponen nuevos abordajes pedagógicos para el siglo XXI, signado por la tecnología. Sin embargo, no es menos cierto que a las aulas universitarias llegan alumnos más entrenados en cierto "hacer técnico" que en la capacidad de manejarse en el mundo de las ideas y en el pensamiento creativo y abstracto. Ello no invalida el dato de que muchos de los docentes del secundario o Polimodal están inhabilitados para enfrentar a una generación dramáticamente compleja, a la que le tocó crecer en este tiempo signado por la incertidumbre.
Las críticas de Filmus al nivel medio llegan precedidas por un largo debate acerca de la eficacia del modelo pedagógico surgido a partir de la ley Federal de Educación. Y aunque muchos alumnos reclamen "más horas de inglés y de computación", hay un reclamo a voces de volver a los contenidos fundamentales, entre ellos Lengua y Matemática. Si alguien duda de que lo que falla son los contenidos básicos y las destrezas comunicativas (la posibilidad de enunciar con coherencia lo que se piensa, o lo que se estudió), que se tome un tiempo y concurra a observar cualquier examen de primer año de la Universidad. Allí encontrará a decenas de jóvenes (varones y mujeres) que irrumpen en llanto -literalmente- ante la obligación de explicar un tema, de extrapolar conceptos o de sintetizar un texto. Es probable que la decisión de Filmus -que hizo suyo el Consejo Federal de Educación- de generalizar las pruebas globales les sirva a los alumnos como fogueo para encarar el trance del examen y para reaprender el hábito olvidado de sentarse a estudiar.
Ante esa situación, y para remontar la elevada deserción que se observa en el primer año de la Universidad, la mitad de las carreras de la UNT fueron instaurando de a poco distintas modalidades de exámenes de ingreso, con algunas opciones a las que eufemísticamente se bautizó como "nivelación o ambientación".
Salvo Medicina, que fijó un cupo, en las facultades de Bioquímica, Química y Farmacia, Agronomía, Veterinaria, Odontología y Ciencias Exactas afirman que quieren más inscriptos. Pero que sólo con el examen o la ambientación pueden contrarrestar el vacío formativo que significa el Nivel Medio. Sin embargo, el ingreso sigue siendo un tema vergonzante en la Universidad argentina, y nadie discute abiertamente aquello que casi todos están practicando.
Claro que entre las cuestiones a discutirse si se debate el ingreso, hay un tema central: el de la credibilidad de las instituciones educativas. Ante escándalos como la presunta venta de exámenes en la Facultad Tucumán de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), los jóvenes que estudiaron para la prueba y que tuvieron que volver a rendirla, se sienten en un mundo sin garantías.
Salvando las distancias, es lo que perciben los aspirantes a ingresar a Medicina de la UNT, que este año no tuvieron una nivelación interna como la que sí se promete para 2006. Hasta ahora, ellos saben que los que corren con ventaja para cubrir los 240 asientos son aquellos que tuvieron los $ 5.000 (o más) para prepararse en una de las tantas academias privadas que siguen haciendo negocio a expensas de ese "entretiempo" que es el nivel medio.







