BUENOS AIRES.- La petrolera Shell, enfrentada al ukase (decreto del zar de Rusia) de Kirchner, tiene dos alternativas que, según fuentes de la firma apelar a la Justicia para buscar amparo frente a la violencia que generan los piquetes o aumentar sus exportaciones para recuperarse de las pérdidas en sus ventas internas. Una tercera posibilidad de la que nadie quiere hablar en la empresa es considerar nuevamente su alejamiento del país.
El Presidente ha vuelto a cargar contra ella desde el Salón Blanco -aprovechando una publicación norteamericana que la descalifica-, pero el nuevo ataque ha resucitado con fuerza la propuesta que Hugo Chávez hizo aquí para que la petrolera estatal venezolana adquiera los 800 servicentros de Shell.
El episodio ha evidenciado una vez más que Kirchner y sus colaboradores más fieles tienen un sentido muy excluyente del mercado -ensalzado en los recientes mensajes del Congreso y por el fin del default-. Ese criterio supone que los consumidores son indiferentes cuando un precio sube y no hay monopolio, como ocurre con las petroleras.
El final del entuerto es imprevisible y puede dar lugar a otro papelón, por haber actuado por impromptus, provocando un ruido inusitado en la prensa internacional.
Aterriza LAN
En la misma jornada, el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, anunciaba que la empresa chilena LAN adquirirá la frustrada Lafsa con todo su personal. Esta última fue una precipitada creación estatal sin aviones que terminó envuelta en el escándalo de Southern Winds.
"La campaña contra Shell tiene un fondo de razonabilidad, pero debe dejársela al mercado", se escuchó en Economía, donde se recordó que el Presidente advirtió que el boicot debería ser sin violencia. Intento vano, pues al poco tiempo sectores adictos de piqueteros y grupos transversalistas, como los de Miguel Bonasso y de Luis D?Elía, cercaban oficinas y servicentros e invertían fondos en afiches, configurando una contradicción. Ello dio lugar a que la compañía solicitara ayuda policial.
Desde el punto de vista político, la carga psicológica más pesada para el Gobierno y con eco notorio en el equipo económico, no ha sido la polémica sobre el criterio que el Presidente tiene acerca de las reglas del mercado; lo inquietante es ahora la coincidencia de opiniones especializadas en que el problema reside en que la recuperación productiva llega inexorablemente acompañada por claros síntomas de inflación. Por cierto que esas opiniones están en boca de influyentes analistas económicos con los que el Gobierno no dialoga porque son descalificados por Kirchner. El jueves fue muy ilustrativa una visita a la Bolsa de Buenos Aires, donde estaba presente el pedido presidencial de un boicot por la sorpresiva decisión de Shell. Precisamente uno de los factores más influyentes en la caída del Merval fue ese nuevo impromptu. (De nuestra Sucursal)







