Coletazos de la crisis boliviana

Incertidumbre por el abastecimiento gasífero.

11 Marzo 2005
La crisis boliviana, cuyo desenlace está todavía pendiente, pese al respaldo parlamentario al presidente Carlos Mesa, es la más grave -con efectos sobre la Argentina- desde hace más de una década, pues causa una grave incertidumbre al poner en juego el abastecimiento gasífero argentino. Esa circunstancia dio lugar a que el presidente Néstor Kirchner se adelantara a todos sus colegas de la región para expresarle su solidaridad al mandatario frente a la situación de caos en que fue colocado el país vecino por el socialista Evo Morales y sectores cocaleros e indigenistas. Al aislamiento geográfico de Bolivia, las pretensiones de estos agregaron una severa amenaza de ruptura con la comunidad internacional, especialmente con los inversores del sector gasífero. El país vecino, a pesar de sus recursos energéticos, sigue siendo el más pobre de América del Sur y padece una peligrosa división política que quienes causaron la crisis han extremado.
Las relaciones con Bolivia se tornaron ambiguas cuando hace poco más de un año Kirchner se reunió en La Paz con Morales e intercambiaron conceptos elogiosos, pero la realidad se abrió después camino cuando, durante el último invierno, hubo señales de crisis energética en la Argentina, que obligaron a recurrir a la provisión boliviana. Ese recurso marcó el fin de nuestro autoabastecimiento, por el que las instalaciones de transporte preexistentes habían quedado sin operar y habían perdido eficiencia.
Fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien durante el gobierno de Eduardo Duhalde había advertido que las empresas energéticas no invertían aquí desde 1997 y que carecían de rentabilidad adecuada por falta de ajustes en las tarifas. Posteriormente, al acceder el actual gobierno, Kirchner sostuvo la decisión de no ceder a las presiones de esas compañías. Impulsó una política celosamente ejecutada por el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, que programó la ampliación del gasoducto del Norte. Dicho programa incluyó la obra del Noreste, que debería abastecer a siete provincias, incluido el Litoral, pero el proyecto está detenido y enfrenta ahora la incertidumbre de la crisis boliviana.
En medio del presente panorama, que en nuestro caso inquieta más allá de la circunstancia política regional que puso en evidencia una sólida comunidad para defender la institucionalidad, algunos hechos llaman a confusión. Especialmente la presencia del dirigente Evo Morales en la Casa Rosada durante la crisis, donde estuvo reunido con el ministro De Vido y con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. La llave de ese acceso fue el piquetero oficialista Luis D?Elía, quien arroja dudas sobre la transparencia de la política oficial en la crisis boliviana. De nuevo aparece con ese riesgo sobre la región, la necesidad de que nuestra política exterior responda a los intereses comunes, especialmente a los de la Nación, antes que a las urgencias internas de la coyuntura. En este caso se trata del crecimiento económico, donde la reactivación industrial viene dando firmes señales de recuperación. Por cierto, es regla ineludible que la relación entre el crecimiento sostenido y la producción energética es una constante de primer rango para la recuperación de la economía. Esa realidad es la que se ha puesto en juego nuevamente y debe ser atendida, abandonando el discurso ambivalente, que causa desconfianza entre quienes participan de nuestra actividad económica. En la actual situación, la crisis boliviana es otra elocuente experiencia que no debe ser desaprovechada, pues constituye para nuestro país otra demostración sobre el alto costo que a veces debe pagarse por no haber adoptado a tiempo las decisiones adecuadas.

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