11 Marzo 2005 Seguir en 
El poder adquisitivo de la población disminuye a pasos agigantados. Del mismo modo, en el Gobierno deben rearmar las proyecciones sobre algunos indicadores clave para la evolución de la economía argentina, versión posdefault.
La algarabía por haberle hecho frente al Fondo Monetario Internacional, con la adhesión del 76% de los bonistas al canje de la deuda externa en títulos, le duró poco al presidente Néstor Kirchner. De la sonrisa ganadora, el jefe de Estado pasó al discurso duro (como cuando arrancó la negociación por la deuda), pero esta vez no está en juego el patrimonio de los acreedores del exterior, sino el bolsillo de cada uno de los argentinos. La inflación del primer bimestre marcó a fuego la economía nacional y -dentro de ella- la tucumana.
Kirchner reaccionó ayer contra una petrolera y convocó al boicot nacional para contrarrestar la suba de precios de las naftas. Los formadores de precios, concentrados mayoritariamente en Buenos Aires, no aceptan las presiones oficiales. Apuntan fundamentalmente al alto costo impositivo que, según sus opiniones, contribuiría a reducir los costos de producción. En Tucumán, los comerciantes y empresarios locales plantaron bandera y afirman que son ellos los que dan la cara frente al público y los que reciben las críticas de la población, cuando observan una remarcación de precios. En este último aspecto, además de la presión tributaria, juega en contra la distancia con los principales centros de consumo. El alto costo del flete, jaqueado por la suba en el valor del gasoil, destroza la curva de rentabilidad y de sostenimiento de una compañía, cualquiera que fuese su rubro.
En este marco, el costo de vida en Tucumán, que alcanzó niveles no esperados por el Gobierno y que podrían consumir la proyección oficial, del 9% anual, al cerrar el primer semestre. Desde la Dirección de Estadística, su titular, Juan Carlos Abril, afirma que sólo se encendió una luz amarilla, pero, desde hace tiempo, los consumidores tucumanos observan que el semáforo ya está en rojo. Los precios de artículos vitales de la canasta básica alimentaria (carne, harina, pan, lácteos y verduras, por mencionar algunos) ya superaron los dos dígitos de aumento.
En este contexto, la recuperación que experimentó el salario, público y privado, en los últimos meses, ya se consumió. Más aún, analistas nacionales consideran que la inflación llegará al 3,5% durante el primer trimestre de este año y, al finalizar el ejercicio, podría estar en el orden del 12%, como lo advirtió un informe del Banco Francés.
El juego del mercado
El mercado, entendido como el juego de la oferta y la demanda, está más allá de las presiones del Gobierno, de las acciones regulatorias y más allá de cualquier boicot social que propicie el Estado. No hace mucho tiempo, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, había definido a 2005 como el año de la productividad, la inversión y el empleo. "Estas tres cosas son el mejor antídoto y el mejor remedio contra cualquier proceso inflacionario", señaló el titular del Palacio de Hacienda a nueve días de haberse iniciado el año.
En un país en proceso continuo de crecimiento, la inflación resulta ser un animal imprevisible, como lo definió Lavagna. La expansión de la oferta puede resultar una tabla de salvación en este proceso inflacionario que vive el país. Para que eso sea posible, los tres actores de la economía (empresarios, Estado y consumidores) deben demostrar un cambio de conductas. Los primeros, mejorando la productividad; el Estado, a su vez, debe disminuir la presión fiscal para alentar las inversiones y el empleo. Finalmente, los consumidores, el último eslabón de la cadena, no deben entrar en la carrera de la especulación. En otras palabras, deben sustituir productos para reducir los costos hogareños. Esto, sin dudas, contribuirá a domar a aquel animal llamado inflación.
La algarabía por haberle hecho frente al Fondo Monetario Internacional, con la adhesión del 76% de los bonistas al canje de la deuda externa en títulos, le duró poco al presidente Néstor Kirchner. De la sonrisa ganadora, el jefe de Estado pasó al discurso duro (como cuando arrancó la negociación por la deuda), pero esta vez no está en juego el patrimonio de los acreedores del exterior, sino el bolsillo de cada uno de los argentinos. La inflación del primer bimestre marcó a fuego la economía nacional y -dentro de ella- la tucumana.
Kirchner reaccionó ayer contra una petrolera y convocó al boicot nacional para contrarrestar la suba de precios de las naftas. Los formadores de precios, concentrados mayoritariamente en Buenos Aires, no aceptan las presiones oficiales. Apuntan fundamentalmente al alto costo impositivo que, según sus opiniones, contribuiría a reducir los costos de producción. En Tucumán, los comerciantes y empresarios locales plantaron bandera y afirman que son ellos los que dan la cara frente al público y los que reciben las críticas de la población, cuando observan una remarcación de precios. En este último aspecto, además de la presión tributaria, juega en contra la distancia con los principales centros de consumo. El alto costo del flete, jaqueado por la suba en el valor del gasoil, destroza la curva de rentabilidad y de sostenimiento de una compañía, cualquiera que fuese su rubro.
En este marco, el costo de vida en Tucumán, que alcanzó niveles no esperados por el Gobierno y que podrían consumir la proyección oficial, del 9% anual, al cerrar el primer semestre. Desde la Dirección de Estadística, su titular, Juan Carlos Abril, afirma que sólo se encendió una luz amarilla, pero, desde hace tiempo, los consumidores tucumanos observan que el semáforo ya está en rojo. Los precios de artículos vitales de la canasta básica alimentaria (carne, harina, pan, lácteos y verduras, por mencionar algunos) ya superaron los dos dígitos de aumento.
En este contexto, la recuperación que experimentó el salario, público y privado, en los últimos meses, ya se consumió. Más aún, analistas nacionales consideran que la inflación llegará al 3,5% durante el primer trimestre de este año y, al finalizar el ejercicio, podría estar en el orden del 12%, como lo advirtió un informe del Banco Francés.
El juego del mercado
El mercado, entendido como el juego de la oferta y la demanda, está más allá de las presiones del Gobierno, de las acciones regulatorias y más allá de cualquier boicot social que propicie el Estado. No hace mucho tiempo, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, había definido a 2005 como el año de la productividad, la inversión y el empleo. "Estas tres cosas son el mejor antídoto y el mejor remedio contra cualquier proceso inflacionario", señaló el titular del Palacio de Hacienda a nueve días de haberse iniciado el año.
En un país en proceso continuo de crecimiento, la inflación resulta ser un animal imprevisible, como lo definió Lavagna. La expansión de la oferta puede resultar una tabla de salvación en este proceso inflacionario que vive el país. Para que eso sea posible, los tres actores de la economía (empresarios, Estado y consumidores) deben demostrar un cambio de conductas. Los primeros, mejorando la productividad; el Estado, a su vez, debe disminuir la presión fiscal para alentar las inversiones y el empleo. Finalmente, los consumidores, el último eslabón de la cadena, no deben entrar en la carrera de la especulación. En otras palabras, deben sustituir productos para reducir los costos hogareños. Esto, sin dudas, contribuirá a domar a aquel animal llamado inflación.







