La sombra del default

El Estado argentino está comprometido.

08 Marzo 2005
El hecho de que 20.000 millones de dólares quedaran fuera del canje de la deuda, sin renunciar sus acreedores, significa técnicamente que el default persiste, por más que el gobierno lo dé por finalizado. Así deberá entenderse jurídicamente mientras haya un juez que falle a favor de una demanda de pago. Otra cosa diferente es que el país lo acepte, pero el debate a que la cuestión puede dar lugar, no dejará de afectar la recuperación de la confianza de los inversores. Un dilema parecido es el que enfrenta ya el ministro Lavagna con el Grupo de los 7 -mayoría decisiva en el directorio del Fondo Monetario- sobre la normalización de los contratos de servicios públicos y la pretensión presidencial de desconocer los fallos del Ciadi. El Estado argentino está comprometido ante ese organismo del Banco Mundial, donde hay 34 planteos de empresas afectadas, a la vez que Kirchner ya dijo que tampoco lo tendrá en cuenta a futuro. En ese sentido, Lavagna ha sido más parco, pues su argumento atiende al pasado, por cuanto no sólo esas empresas, sino todas las del país, fueron afectadas por la crisis. Detrás de esas referencias ineludibles se advierte en primer término que se está tratando de ponerle un freno al gobierno después de no haberlo logrado en la negociación de la deuda; también es cierto que el Presidente y su ministro de Economía no tienen tan amplias coincidencias como las exhibidas en el Salón Blanco. Basta señalar el ríspido mensaje de Kirchner al jefe del Fondo, Rodrigo Rato, durante un acto público ajeno al tema, mientras Lavagna se aprestaba a cenar con aquél para agendar las nuevas negociaciones.

Kirchner marca el paso
Antes de partir a Washington el ministro de Economía había hecho pública su confianza en la reactivación de las inversiones, a la vez que para alcanzarlas en el nivel adecuado ?sostuvo- será un requerimiento importante renegociar los contratos de los servicios públicos; especialmente en el área energética para evitar los cortes de suministros. Las declaraciones de Lavagna tuvieron un amplio eco, especialmente en La Nación, causando inocultable desagrado en el círculo presidencial. El matutino las acompañó con un reportaje a Elisa Carrió, quien felicitó al ministro expresivamente, advirtiéndole que sus enemigos están en el gobierno. Las inmediatas encuestas locales que siguieron a los anuncios sobre el final del canje mostraron un significativo crecimiento de la imagen del ministro, quien trata de mostrarse muy poco interesado públicamente fuera de su actividad específica. Por eso llamó particularmente la atención que accediera con tanta amplitud al reportaje de un diario por el que Kirchner siente un notorio fastidio. El interrogante es ahora si el discurso presidencial seguirá marcando crispadamente los movimientos del ministro, cuyas negociaciones requieren alta diplomacia para no renunciar a la necesaria firmeza. (De nuestra Sucursal)

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