Las dualidades peligrosas

Los anuncios del canje y la intemperancia dialogista del presidente.

05 Marzo 2005
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- Debe lamentarse que el alto nivel de intemperancia que impide las relaciones políticas entre el Presidente y la oposición haya ocultado ciertos aspectos esenciales de los anuncios sobre el canje de deuda. Especialmente los que conciernen a un perfil preciso de lo que se propone el gobierno, y que demuestran su gran distancia de lo que suele ser la izquierda local o el populismo tan experimentado en el país. Una vez más, se ha demostrado que más allá de la rispidez y los provocadores tics setentistas de Kirchner, su compromiso con la realidad es tan firme como inédito, desde la restauración constitucional. Se pudo observar así la coincidencia casi exacta entre las conclusiones del ministro Lavagna al resumir las enseñanzas de su compleja experiencia negociadora, y las del Presidente que, tras descalificar a los economistas que lo criticaron, se amparó en las reglas más puras de la economía política: rigurosa gestión macroeconómica y fiscal, política de ingresos condicionada por inversiones, productividad, y ahorro público para garantizar la credibilidad en el país. Todo lo demás es cháchara, propia de nuestra vida pública, que Kirchner necesita a veces, pero sin renunciar a la sangre suiza con que revisa sus cuentas. Así lo han interpretado el vasto mundo empresario, hoy mayormente satisfecho, y los mercados de la city.

El peor enemigo
No es esa una dualidad razonable, pues el tiempo y la imprevisión de nuestra política pueden hacerla fracasar por su abuso, con las consecuencias imaginables. Por ejemplo, el Presidente fue sorprendido cuando en su hora de gloria, Hugo Moyano, -no hay peor enemigo que un amigo tonto o infiel- dispuso aplicar ruidosa violencia en un conflicto gremial que está en negociación. Se trata de un dato muy referencial, para advertir la dificultad de dirigir una orquesta sin la homogénea disciplina de sus integrantes. Por otra parte, Kirchner tiene dificultad a veces para manejar adecuadamente la duplicidad de esa política. Testimonio de ello ha sido su ataque a la prensa, descalificado al organismo continental que la agrupa, y entrando en el oscuro laberinto del diálogo desde el balcón, como alternativa de la tradición universal sobre acceso crítico de los medios a las fuentes. Ese error fue palpable al día siguiente cuando alguno de los matutinos porteños menos polémicos, reaccionó con uno de los rechazos más severos. Si el Salón Blanco no se hubiera convertido nuevamente en campo de Agramante, es muy probable que ahora la situación política no fuera observada con un marco tan polémico, que impide advertir con claridad qué gestión se propone el Presidente para enfrentar los compromisos del canje y recomponer la confianza en el país. (De nuestra Sucursal)

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