BUENOS AIRES.- "Las dos orillas" han sido tradicionalmente la referencia más cabal acerca de la comunidad argentino-uruguaya, pero esta vez han tenido también la condición de mostrar cuán diferentes son, sin embargo, sus estilos políticos. Mientras aquí los más significativos protagonistas de la vida pública -comenzando por Kirchner en el Congreso- dieron pruebas de la pésima calidad de las relaciones políticas, en Montevideo exhibieron todo lo contrario. El buen trato y hasta la cordialidad no faltaron en el mensaje de asunción ni en las declaraciones de Tabaré Vázquez quien, no por ello, dejó de manifestar sus compromisos ante dirigentes históricos desplazados por la ciudadanía. No hubo entre los vecinos retóricas agresivas y descalificadoras, a pesar del cambio inédito y las viejas rivalidades. Aquí, por el contrario, cada vez que resulta útil, se acusa sin reservas, incluso a los propios correligionarios después de cambiar de vereda interna, con un aire de venganza que no pocas veces impulsó los golpes militares. Fue en ese orden una jornada excepcional que todavía perdura. A pesar de ese espíritu beligerante, ha sido posible rescatar del mensaje de Kirchner nuevos testimonios de su praxis ejecutiva y que muestran las diferencias de la nueva izquierda regional.
Cuiden a Lavagna
Por ejemplo, la forma ortodoxa con que el Presidente plantea la política de ingresos y salarios. Sin inversión y producción -dijo- no puede haber empleo ni productividad; de lo contrario, el rumbo llevará a la inflación. En ese sentido, la experiencia ha sido recogida por Kirchner, como antes lo fue por los socialistas chilenos y brasileños y se observa en el proyecto uruguayo del mismo signo. Por lo demás, ese realismo está atado en nuestro caso a las grandes responsabilidades que el Gobierno enfrenta por causa del arreglo del default, cuya pesadez de compromisos futuros exige un riguroso manejo de la economía, especialmente en el orden fiscal. Otra prudente y pragmática actitud presidencial -por la que se piensa que el ministro Roberto Lavagna oraba-, fue la exclusión del mensaje de toda alusión al Fondo Monetario, que dejó insatisfecho al transversalismo más recalcitrante. Antes de que finalice el mes habrá una nueva agenda de negociaciones con el organismo, y se teme aquí que el problema de los contratos de servicios públicos pueda convertirse allí en un asunto demasiado espinoso. Por cierto que ahora se conoce que el desmadre de la cuestión por interferencias a la delicada tarea de Lavagna, podría dar lugar un conflicto insuperable con el ministro de Economía. Y este punto es otro de los que cuida extremadamente el jefe del Gobierno; tanto que ha ordenado al gabinete que nadie se cruce con aquél. (De nuestra Sucursal)







