Peligrosos animales sueltos

01 Marzo 2005
El problema de los animales sueltos en las rutas de la provincia tiene una antigüedad que se pierde, podría decirse, en la noche de los tiempos. Prácticamente desde que apareció nuestro diario, hace más de nueve décadas, se registran en sus páginas comentarios críticos acerca de ese hecho. Lo curioso es que hayan pasado los años y la cuestión continúe vigente, con las mismas características. El conductor de vehículos se encuentra, de pronto, con animales -equinos, generalmente, pero también mulares o vacunos- que se cruzan en su camino. A veces puede evitarlos, utilizando los frenos o practicando una maniobra. Otras, no le es posible salir del trance, lo que ha dado lugar a sangrientos accidentes.
En nuestra edición de ayer, dedicamos una extensa nota al asunto. Los expertos consideran que, lejos de disminuir, los caballos que deambulan en las rutas y en los caminos son cada vez más abundantes. Inclusive se precisa que los sectores más peligrosos están en una vía de tránsito rápido, como es la autopista San Martín, y en las rutas 302 y 307, esta última camino a los Valles, tan frecuentada por tucumanos y por turistas, y en las semanas recientes verdaderamente invadida por tropillas que pastan y corretean de ida y vuelta sobre el pavimento.
Es sabido que existen normas, de vieja data, dirigidas a preservar el tránsito de esa peligrosa presencia. Se prevén multas (cuyo monto es insignificante si se lo contrapone con el daño potencial) para los propietarios de los animales sueltos y, además, existe, en la Policía provincial, un departamento que controla específicamente el tema. Se trata de la División Caballería. Pero sucede que esa división cuenta con un equipo por demás insuficiente, constituido por un único vehículo. Y, para peor, ese camión estuvo sin funcionar durante seis meses, lo que significó la interrupción total de la tarea. Ahora se lo ha puesto nuevamente en funciones, pero resulta obvia la precariedad del medio.
Las autoridades viales, en declaraciones a nuestros periodistas, hicieron notar que en algunos puntos los animales son especialmente peligrosos, a pesar de los carteles de advertencia, ya que la niebla los hace invisibles: es el caso de la ruta 307, a la altura del kilómetro 57. En las carreteras nacionales, Vialidad coloca alambrados a su vera, para evitar el cruce de animales. Pero es desgraciadamente frecuente que tales vallas se roben, o que los propietarios de los terrenos frentistas las dejen caer en el abandono.
Evidentemente, la acción del Estado resulta fundamental en este particular aspecto. Su personal -equipado como corresponde- debe ejercer la acción más amplia posible, para retirar todo animal que deambule por los caminos. Atañe también a las municipalidades tomar los recaudos en esa misma dirección. No estaría de más una detenida inspección, que establezca si los propietarios de animales cuentan con un espacio, propio o alquilado, para tener sus animales: se establecería así la existencia de posibilidades de que aquellos terminen, o no, sueltos a la vera de los caminos. Por cierto que esto debiera complementarse con la creación de una conciencia en los propietarios de esos semovientes, que debieran apercibirse del gravísimo peligro que crean a terceros, con su descuido.
Como bien lo ha dicho el director de Emergencias, las consecuencias que puede provocar un animal suelto pueden ser mortales, ya sea porque el automovilista lo choque, o por las derivaciones de la maniobra brusca que se vio forzado a hacer. Es, dijo, "una grave problemática que incide en el incremento de accidentes" y "un gran riesgo para quien sale a las rutas en la provincia". Conviene tenerlo en cuenta y actuar en ese sentido.

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