Más que un examen

NORA LIA JABIF.

01 Marzo 2005
La información fue publicada en la sección Policiales de este diario, el domingo pasado: una adolescente, a la que sus padres habían dado por perdida, apareció un par de días después, deambulando por la ciudad. La chica temía volver a casa porque había quedado de curso.
No está sola en la desgracia. Se estima que entre el 15 % y el 20 % de los chicos tucumanos desaprobaron los exámenes de este turno de febrero 2005. En Tucumán, como en el resto de la Argentina, el fenómeno de los adolescentes repitientes (o que dejan el colegio tras una sucesión de fracasos en las pruebas evaluatorias) es un tema complejo, que se ha vuelto inmanejable tanto para los padres como para la escuela.
El Censo 2001 informa que Tucumán presentaba hace cuatro años una tasa de escolarización similar a la media nacional para el nivel primario (94%). Sin embargo, ese porcentaje bajaba en el nivel secundario (58,2% frente a la media nacional de 66,4%), con lo cual Tucumán se ubicaba entre las siete jurisdicciones del país menos "escolarizadas" en ese estamento.
De acuerdo con el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), en esta provincia hay mejores resultados educativos en la etapa inicial (hasta EGB 3) que en el secundario. Y en ese análisis se afirma que las causas del fracaso no son las mismas en uno y otro caso. En la escuela, se observa una relación causal entre el bajo rendimiento educativo y la pobreza. En el secundario, en cambio, el fenómeno parece responder más a la complejidad propia de ser joven en la Argentina del siglo XXI que a la precariedad de los bolsillos paternos.
¿Qué capacitación deben tener los docentes para contener en las aulas a una generación que fue protagonista de las dos tragedias más impactantes de la Argentina 2004, léase Carmen de Patagones y Cromagnon? Ese fue, precisamente, uno de los planteos que se formuló el año pasado el Ministerio de Educación de la Nación, y que en 2004 "bajó" a las provincias a través de distintos programas de capacitación para maestros y profesores.
Tuvo que ocurrir el drama de Carmen de Patagones para que el sistema educativo provincial asumiera la importancia de la implementación de gabinetes psicopedagógicos, que se sumarán al Gabinete Central, que el año pasado atendió a 700 chicos de la primaria. La ley 7501, aprobada en enero último, establece que se crearán 80 gabinetes en toda la Provincia, y que estos serán sostenidos con fondos que ya se incluyeron en el Presupuesto 2005.
Es cierto que en las cuestiones relativas a la retención escolar, el Gobierno muestra en su favor datos estadísticos que indican que entre 1997 y 2004 hubo un incremento del 40 % en la matrícula de 8º año. Pero este mes, con el arranque del ciclo lectivo, se verá si hay capacidad edilicia y humana para contener a esa población que no había ingresado al sistema educativo, o que había desertado de ese espacio.
En su agenda 2005, el Gobierno provincial se ha fijado -en consonancia con el nacional- la meta de cumplir con el calendario de 180 días de clases. No es un objetivo menor si se recuerda que en 1989 apenas se llegó a 99 días de clases , y a que los escolares de entonces afirman que abrían el cuaderno dos veces por semana. Pero no basta con llegar a fin de año con 180 días cumplidos.
Más importante, en todo caso, será la puesta en marcha de estrategias de contenidos, creatividad y calidad pedagógica. También hay en la agenda oficial (nacional y provincial) acciones para involucrar en el proceso educativo a los padres. Es que ellos están cada vez más propensos a endilgarle a la escuela todas las responsabilidades por las metas incumplidas de sus hijos, como los exámenes reprobados.

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