22 Febrero 2005 Seguir en 
Que tres bares en el destruido corazón del Abasto y una estación de servicio en la ex Terminal alimenten ilusiones de una renovación urbana en marcha indica cierta tendencia local a pensar en soluciones cortas. O, para que no se piense que se menosprecia la bienvenida iniciativa privada, esas intervenciones aisladas magnifican el dato de que el Estado falló en su rol regulador. La pregunta obligada, en el caso del ex mercado, es por qué cayeron los sucesivos llamados a concesión del predio del Abasto si a sus alrededores ahora puja por florecer una nueva "movida tucumana".
En ese contexto, suena atinada la flamante convocatoria a consultoras para el diseño del Plan Estratégico para la ciudad de Tucumán. Pero lo que llamó la atención -y que generó chisporroteos entre el Concejo Deliberante y profesionales del urbanismo con representantes del departamento Ejecutivo Municipal- fue el modo casi silencioso en que se hizo ese llamado: un aviso en un diario nacional, convocado desde el gobierno nacional, en enero. En otras palabras, no serán tucumanos los que definan el Plan Estratégico- en cuya naturaleza está el ser participativo- para la ciudad de Tucumán.Entre los excluidos a ese convite están los expertos en urbanismo que el año pasado integraron el Foro de la Ciudad, entre otros profesionales del Planeamiento Urbano. Son los mismos que desde hace décadas vienen analizando los problemas de la ciudad de Tucumán, pero no aislada, sino en el contexto regional del Area Metropolitana, o de la Provincia, como sintetiza una propuesta de Ordenamiento Territorial de la UNT.
Especialistas en el tema argumentan que un Plan Estratégico no se podrá hacer en seis meses (tiempo estimado por la convocatoria nacional para esa tarea). Se prevé entonces que las consultoras seleccionadas deberán recurrir a su vez a los profesionales del medio, que son los que con los años fueron acumulando información sobre la ciudad. Es que, como bien señala el concejal Raúl Pellegrini (que integró el Concejo cuando el entonces edil José Ricardo Ascárate impulsó la ordenanza de necesidad del plan estratégico) no sirve el mejor equipo técnico si no hay voluntad política para encarar las propuestas que se desprendan de ese diseño.
Si se repasa la historia de proyectos truncos en la ciudad de Tucumán, se observa ese divorcio permanente entre la iniciativa técnica y la acción política. En la memoria inmediata está el proyecto de Grandes Aglomerados Urbanos (GAO), por el cual Tucumán contrajo una deuda millonaria con el BID, y que debería haber resuelto sus problemas de circulación del corredor Este-Oeste. También hay un paquete de problemas irresueltos que no son patrimonio exclusivo de Tucumán, como el conflicto de la basura, el tránsito o la presencia de venta callejera. Pero hay otras falencias que sí son propias de Tucumán, como el dato, señalado recientemente por el Director nacional de Patrimonio, Américo Castilla, de que Tucumán ha ido desdibujando su rol cultural, que alguna vez supo ser su fortaleza. Un plan estratégico también debería contemplar cómo rearmar esa identidad. En muchas cátedras de las universidades tucumanas hay docentes e investigadores (alumnos y egresados) ocupados en recuperar esa fortaleza perdida.
Un heredero de la tradición de los maestros de Arquitectura de los años 60 y 70, Carlos Prieto, reflexionó: "una ciudad es un organismo vivo, en continuo cambio, y en ella se genera la interacción entre la naturaleza y la sociedad". Y agregó que piensa a Tucumán como "una ciudad educativa humana, tanto en una dimensión material como existencial". Destino coincidente con el planteado por Américo Castilla, que sólo surgirá del consenso de la comunidad y del encuentro entre la eficiencia técnica y la voluntad política.
En ese contexto, suena atinada la flamante convocatoria a consultoras para el diseño del Plan Estratégico para la ciudad de Tucumán. Pero lo que llamó la atención -y que generó chisporroteos entre el Concejo Deliberante y profesionales del urbanismo con representantes del departamento Ejecutivo Municipal- fue el modo casi silencioso en que se hizo ese llamado: un aviso en un diario nacional, convocado desde el gobierno nacional, en enero. En otras palabras, no serán tucumanos los que definan el Plan Estratégico- en cuya naturaleza está el ser participativo- para la ciudad de Tucumán.Entre los excluidos a ese convite están los expertos en urbanismo que el año pasado integraron el Foro de la Ciudad, entre otros profesionales del Planeamiento Urbano. Son los mismos que desde hace décadas vienen analizando los problemas de la ciudad de Tucumán, pero no aislada, sino en el contexto regional del Area Metropolitana, o de la Provincia, como sintetiza una propuesta de Ordenamiento Territorial de la UNT.
Especialistas en el tema argumentan que un Plan Estratégico no se podrá hacer en seis meses (tiempo estimado por la convocatoria nacional para esa tarea). Se prevé entonces que las consultoras seleccionadas deberán recurrir a su vez a los profesionales del medio, que son los que con los años fueron acumulando información sobre la ciudad. Es que, como bien señala el concejal Raúl Pellegrini (que integró el Concejo cuando el entonces edil José Ricardo Ascárate impulsó la ordenanza de necesidad del plan estratégico) no sirve el mejor equipo técnico si no hay voluntad política para encarar las propuestas que se desprendan de ese diseño.
Si se repasa la historia de proyectos truncos en la ciudad de Tucumán, se observa ese divorcio permanente entre la iniciativa técnica y la acción política. En la memoria inmediata está el proyecto de Grandes Aglomerados Urbanos (GAO), por el cual Tucumán contrajo una deuda millonaria con el BID, y que debería haber resuelto sus problemas de circulación del corredor Este-Oeste. También hay un paquete de problemas irresueltos que no son patrimonio exclusivo de Tucumán, como el conflicto de la basura, el tránsito o la presencia de venta callejera. Pero hay otras falencias que sí son propias de Tucumán, como el dato, señalado recientemente por el Director nacional de Patrimonio, Américo Castilla, de que Tucumán ha ido desdibujando su rol cultural, que alguna vez supo ser su fortaleza. Un plan estratégico también debería contemplar cómo rearmar esa identidad. En muchas cátedras de las universidades tucumanas hay docentes e investigadores (alumnos y egresados) ocupados en recuperar esa fortaleza perdida.
Un heredero de la tradición de los maestros de Arquitectura de los años 60 y 70, Carlos Prieto, reflexionó: "una ciudad es un organismo vivo, en continuo cambio, y en ella se genera la interacción entre la naturaleza y la sociedad". Y agregó que piensa a Tucumán como "una ciudad educativa humana, tanto en una dimensión material como existencial". Destino coincidente con el planteado por Américo Castilla, que sólo surgirá del consenso de la comunidad y del encuentro entre la eficiencia técnica y la voluntad política.







