20 Febrero 2005 Seguir en 
El oficialismo avanzó con su apuesta máxima para el 23 de octubre. La de ese domingo será una bisagra hacia 2007, tanto para Néstor Kirchner como para José Alperovich. De estos políticos se puede conjeturar diversas cosas, pero es de certeza absoluta afirmar que aspiran a ser reelectos en sus magistraturas. Hasta entonces mediarán varios meses de gestión, que pueden consolidar o degradar la andadura del Gobierno.
La elección del 23 de octubre energizó poderosamente al alperovichismo, que se lanzó a dar una pátina de racionalidad jurídica a la pretensión de colocar a dos mujeres en los dos primeros puestos de la lista del partido gobernante. Es un secreto a voces que la diputada Stella Córdoba debe ser reelecta sí o sí por su condición de accionista fundadora del kirchnerismo tucumano, aunque su peso dentro de la estructura peronista disminuyó sensiblemente en los últimos meses. La Casa de Gobierno admitió sin rezongos la devolución de favores que practica el santacruceño. No hacerlo habría desatado la ira presidencial, que no está dispuesto a generar bajo ninguna circunstancia. El patrocinador de la segunda dama interesada en llegar al Congreso -Beatriz Rojkés- es el jefe de Estado provincial. La tercera plaza iría para un varón, según la estrategia del oficialismo.
Voceros del poder
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, puso la cara para defender el plan oficialista y terminó enfrentado al primo del vicegobernador, Fernando Juri Debo. Este puso el grito en el cielo porque la tesis de la dupla femenina lo desbarrancó como segundo aspirante a una banca en Diputados, deshaciendo presuntos acuerdos pasados. Acudió a un argumento de corte jurídico que escuchó en el Juzgado Electoral Nacional: el PJ debe intercalar candidatos de sexo opuesto en la boleta de octubre porque sólo renueva dos bancas (Córdoba y Roque Alvarez). Esto aconteció mientras el vicegobernador Fernando Juri descansa fuera de Tucumán.
Febrero es un mes políticamente activo en años electorales y pletórico en sorpresas. Así, la ex intendenta de La Cocha y actual diputada, Susana Díaz, rompió su mutismo de décadas y estrenó patente de exégeta del derecho electoral, cuando blanqueó la otra pata de la estrategia alperovichista: incluir como propio del PJ el escaño que dejará vacante José Ricardo Falú, con el argumento de que este se pasó al bloque oficialista en Diputados.
Falú fue electo, en rigor, por el Frente de Todos, en representación del Movimiento de Participación Ciudadana en 2001. Entonces arguyó que nada tenía que ver con el PJ de Julio Miranda y de Alperovich. A casi cuatro años de ese episodio, Falú piensa de la misma manera respecto de la política tucumana, con el aditamento de que se embandera con las políticas kirchneristas. El ex ministro no se cruzará de brazos y es probable que el juez federal Jorge Parache ya lo sepa.
La atribución de la tercera banca al PJ es clave para ubicar a Córdoba y a Rojkés de Alperovich en los dos primeros lugares, ya que debajo de ellas se ubicaría un varón. Si prima el criterio consagrado por el artículo 4 del decreto 1.246 y el reconocimiento de la pertenencia de Falú a algo distinto del PJ local, el oficialismo debería renovar sólo dos plazas con representantes de sexos opuestos. Entonces se desmoronaría la hipótesis de las dos mujeres en la cima de la lista.
Las movidas del verano
La política se despliega también fuera de los escenarios palaciegos. El intendente Domingo Amaya se adelantó a los otros grupos oficialistas de la capital y en un acto público proclamó el apoyo al binomio Córdoba-Rojkés de Alperovich. Con ese paso, reivindicó también un espacio propio dentro del complejo mapa interno del alperovichismo. Amaya amalgamó la gravitación de la maquinaria municipal con sectores peronistas. Germán Alfaro -secretario de Gobierno de Amaya- contribuyó a que esa coordinación política le dé una base de apoyo al intendente.
Los cuestionamientos al proyecto alperovichista que exteriorizaron, por cuerda separada, Antonio Guerrero y Enrique Romero revelan disidencias dentro del PJ. El acuerdo del senador Julio Miranda con el gobernador para no celebrar elecciones internas abiertas de postulantes a diputados en el PJ allana el camino para el proyecto alperovichista y potencia las discordias. Al oficialismo le intriga conocer hacia dónde rumbeará Falú y con quiénes se asociará.
El ex ministro de Gobierno y Alperovich mantienen una vieja enemistad política que no se desvaneció. En los medios renuentes al oficialismo madura la idea de crear una fuerza que compita en octubre por fuera del PJ tucumano. Al vicegobernador Juri lo ven demasiado condicionado por Alperovich, a raíz de la dependencia financiera de la Legislatura respecto del Poder Ejecutivo. Les disgusta también que el PJ pueda designar sus candidatos a convencionales constituyentes sin comicios internos.
El zarandeo a que algunos legisladores opositores someten al ministro de Economía Jorge Jiménez por cuestiones controvertidas -la de la eximición del cobro de impuestos a los sellos a Gasnor es una de ellas- no incomodó a toda la plana mayor del Gobierno. "Es puro ruido político", suele reflexionar privadamente el ministro, que está seguro de la juridicidad de su proceder. En esta nueva etapa del alperovichismo, cada uno se defiende como puede. El ministro de Economía aún está asimilando la lección.
Las contradicciones abundan también en el campo opositor. A Esteban Jerez no lo dejó estupefacto la súbita proclamación de Antonio Bussi por su hijo Ricardo para una diputación nacional. El diputado por Recrear nunca olvidó el doble juego de FR: mientras Roberto Lix Klett asentía las denuncias sobre fraude electoral, el bussismo buscaba que se le reconociera el triunfo del jefe partidario en la intendencia de San Miguel de Tucumán. De todos modos, el bussismo había limitado sus acuerdos con los otros partidos de centroderecha a asuntos determinados. En esas organizaciones políticas, como en el peronismo disidente, entienden que la Casa de Gobierno prefiere polarizar la contienda electoral con el bussismo. La tendencia que se pretende imponer dentro de FR es el fortalecimiento de los ricardistas y la sujeción de los concejales y legisladores a las políticas partidarias. En 2005 no faltarán las tentaciones para ensayar virajes inesperados.
La elección del 23 de octubre energizó poderosamente al alperovichismo, que se lanzó a dar una pátina de racionalidad jurídica a la pretensión de colocar a dos mujeres en los dos primeros puestos de la lista del partido gobernante. Es un secreto a voces que la diputada Stella Córdoba debe ser reelecta sí o sí por su condición de accionista fundadora del kirchnerismo tucumano, aunque su peso dentro de la estructura peronista disminuyó sensiblemente en los últimos meses. La Casa de Gobierno admitió sin rezongos la devolución de favores que practica el santacruceño. No hacerlo habría desatado la ira presidencial, que no está dispuesto a generar bajo ninguna circunstancia. El patrocinador de la segunda dama interesada en llegar al Congreso -Beatriz Rojkés- es el jefe de Estado provincial. La tercera plaza iría para un varón, según la estrategia del oficialismo.
Voceros del poder
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, puso la cara para defender el plan oficialista y terminó enfrentado al primo del vicegobernador, Fernando Juri Debo. Este puso el grito en el cielo porque la tesis de la dupla femenina lo desbarrancó como segundo aspirante a una banca en Diputados, deshaciendo presuntos acuerdos pasados. Acudió a un argumento de corte jurídico que escuchó en el Juzgado Electoral Nacional: el PJ debe intercalar candidatos de sexo opuesto en la boleta de octubre porque sólo renueva dos bancas (Córdoba y Roque Alvarez). Esto aconteció mientras el vicegobernador Fernando Juri descansa fuera de Tucumán.
Febrero es un mes políticamente activo en años electorales y pletórico en sorpresas. Así, la ex intendenta de La Cocha y actual diputada, Susana Díaz, rompió su mutismo de décadas y estrenó patente de exégeta del derecho electoral, cuando blanqueó la otra pata de la estrategia alperovichista: incluir como propio del PJ el escaño que dejará vacante José Ricardo Falú, con el argumento de que este se pasó al bloque oficialista en Diputados.
Falú fue electo, en rigor, por el Frente de Todos, en representación del Movimiento de Participación Ciudadana en 2001. Entonces arguyó que nada tenía que ver con el PJ de Julio Miranda y de Alperovich. A casi cuatro años de ese episodio, Falú piensa de la misma manera respecto de la política tucumana, con el aditamento de que se embandera con las políticas kirchneristas. El ex ministro no se cruzará de brazos y es probable que el juez federal Jorge Parache ya lo sepa.
La atribución de la tercera banca al PJ es clave para ubicar a Córdoba y a Rojkés de Alperovich en los dos primeros lugares, ya que debajo de ellas se ubicaría un varón. Si prima el criterio consagrado por el artículo 4 del decreto 1.246 y el reconocimiento de la pertenencia de Falú a algo distinto del PJ local, el oficialismo debería renovar sólo dos plazas con representantes de sexos opuestos. Entonces se desmoronaría la hipótesis de las dos mujeres en la cima de la lista.
Las movidas del verano
La política se despliega también fuera de los escenarios palaciegos. El intendente Domingo Amaya se adelantó a los otros grupos oficialistas de la capital y en un acto público proclamó el apoyo al binomio Córdoba-Rojkés de Alperovich. Con ese paso, reivindicó también un espacio propio dentro del complejo mapa interno del alperovichismo. Amaya amalgamó la gravitación de la maquinaria municipal con sectores peronistas. Germán Alfaro -secretario de Gobierno de Amaya- contribuyó a que esa coordinación política le dé una base de apoyo al intendente.
Los cuestionamientos al proyecto alperovichista que exteriorizaron, por cuerda separada, Antonio Guerrero y Enrique Romero revelan disidencias dentro del PJ. El acuerdo del senador Julio Miranda con el gobernador para no celebrar elecciones internas abiertas de postulantes a diputados en el PJ allana el camino para el proyecto alperovichista y potencia las discordias. Al oficialismo le intriga conocer hacia dónde rumbeará Falú y con quiénes se asociará.
El ex ministro de Gobierno y Alperovich mantienen una vieja enemistad política que no se desvaneció. En los medios renuentes al oficialismo madura la idea de crear una fuerza que compita en octubre por fuera del PJ tucumano. Al vicegobernador Juri lo ven demasiado condicionado por Alperovich, a raíz de la dependencia financiera de la Legislatura respecto del Poder Ejecutivo. Les disgusta también que el PJ pueda designar sus candidatos a convencionales constituyentes sin comicios internos.
El zarandeo a que algunos legisladores opositores someten al ministro de Economía Jorge Jiménez por cuestiones controvertidas -la de la eximición del cobro de impuestos a los sellos a Gasnor es una de ellas- no incomodó a toda la plana mayor del Gobierno. "Es puro ruido político", suele reflexionar privadamente el ministro, que está seguro de la juridicidad de su proceder. En esta nueva etapa del alperovichismo, cada uno se defiende como puede. El ministro de Economía aún está asimilando la lección.
Las contradicciones abundan también en el campo opositor. A Esteban Jerez no lo dejó estupefacto la súbita proclamación de Antonio Bussi por su hijo Ricardo para una diputación nacional. El diputado por Recrear nunca olvidó el doble juego de FR: mientras Roberto Lix Klett asentía las denuncias sobre fraude electoral, el bussismo buscaba que se le reconociera el triunfo del jefe partidario en la intendencia de San Miguel de Tucumán. De todos modos, el bussismo había limitado sus acuerdos con los otros partidos de centroderecha a asuntos determinados. En esas organizaciones políticas, como en el peronismo disidente, entienden que la Casa de Gobierno prefiere polarizar la contienda electoral con el bussismo. La tendencia que se pretende imponer dentro de FR es el fortalecimiento de los ricardistas y la sujeción de los concejales y legisladores a las políticas partidarias. En 2005 no faltarán las tentaciones para ensayar virajes inesperados.







