Telaraña

Los efectos negativos para el Gobiernopor el escándalo del tráfico de drogas detectado en el aeropuerto de Ezeiza.

19 Febrero 2005
BUENOS AIRES.- El tráfico de drogas por Ezeiza se ha convertido en una excepcional telaraña que puede atrapar una larga serie de complicidades. Curándose en salud, el Presidente dio un paso -cuya amplitud carece de precedentes- al descabezar a la Fuerza Aérea, pero ello no impedirá que el ataque político afecte la imagen del Gobierno, por su compromiso empresario con la compañía aérea responsable. Southern Winds se halla asociada a la estatal Lafsa, una compañía sin aviones que fue creada para dar empleo a trabajadores cesantes del sector, cuyo costo significa un subsidio anual de $ 80 millones, y que ahora se trata de privatizar sin éxito.
Ocurre que es muy difícil sobrevolar por la vida pública argentina sin entrar en espacios contaminados, lo cual es aprovechado por la oposición más implacable para atacar a Kirchner y a sus colaboradores más fieles, como en este caso el ministro de Defensa, José Pampuro.
La movida presidencial, a pesar de las circunstancias señaladas, alcanza para disimular los efectos negativos causados por el desorden de los sistemas de seguridad. Al menos, hay ya síntomas favorables en la opinión pública por la magnitud de esa reacción, cuyos alcances no es posible todavía determinar.
Sí está claro que la designación de Eduardo Schiaffino como nuevo jefe de la Fuerza Aérea implica que 17 brigadieres más antiguos en el escalafón deberán pasar a retiro; un relevo sin precedentes por su número y jerarquía en las FF.AA.

No sólo Ezeiza
La sola mención del tráfico de drogas por la estación aérea más importante del país y las presuntas complicidades en niveles top de seguridad uniformada han generado en medios del exterior la consiguiente repercusión.
El rebote se produjo, precisamente, cuando Kirchner montaba en cólera por el informe consular de Estados Unidos sobre la inseguridad para los turistas norteamericanos en Argentina, cuyas imprecisiones contradicen en buena medida la realidad. Pampuro trató de amortiguar la reacción presidencial en cuanto a los relevos en aeronáutica, lo mismo que horas antes había tratado el canciller Rafael Bielsa, para no afectar excesivamente las relaciones con Washington.
No fue posible en el primer caso, pero en el segundo, el embajador Lino Gutiérrez le echó una mano al canciller, reduciendo la dimensión del episodio. (De nuestra Sucursal)

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