17 Febrero 2005 Seguir en 
Es palpable la enorme difusión que durante los últimos años, en esta capital, adquirió el sistema de cadetes que, en vehículos de dos ruedas, llevan y traen mensajes y paquetes de diverso tipo. Nadie podría discutir las evidentes ventajas que este servicio tiene para los mil y un requerimientos de la compleja vida cotidiana de San Miguel de Tucumán y de sus zonas vecinas.
Pero corresponde advertirse que, con demasiada frecuencia, la actividad de los mensajeros se desarrolla a contrapelo de elementales normas que rigen el tránsito -al menos teóricamente- en esta ciudad. Nos referimos, en primer lugar, a quienes circulan a contramano por las calles, lo que crea evidente riesgo, tanto para el mensajero mismo como para los automovilistas y los peatones. El hábito de pedalear por las veredas -que no se circunscribe a los cadetes- o de dejar el vehículo en cualquier parte, son otros tantos ejemplos de problemas que representa la mencionada actividad.
Las autoridades municipales, como responsables del buen orden en la vía pública, son las llamadas a controlar debidamente estos desbordes, que empezaron a convertirse en una perjudicial costumbre.
Pero corresponde advertirse que, con demasiada frecuencia, la actividad de los mensajeros se desarrolla a contrapelo de elementales normas que rigen el tránsito -al menos teóricamente- en esta ciudad. Nos referimos, en primer lugar, a quienes circulan a contramano por las calles, lo que crea evidente riesgo, tanto para el mensajero mismo como para los automovilistas y los peatones. El hábito de pedalear por las veredas -que no se circunscribe a los cadetes- o de dejar el vehículo en cualquier parte, son otros tantos ejemplos de problemas que representa la mencionada actividad.
Las autoridades municipales, como responsables del buen orden en la vía pública, son las llamadas a controlar debidamente estos desbordes, que empezaron a convertirse en una perjudicial costumbre.







