16 Febrero 2005 Seguir en 
La política tucumana sigue moviéndose al ciclotímico ritmo de las relaciones parentales. En la Casa de Gobierno tienen decidido que la esposa del gobernador, Beatriz Rojkés, será candidata, aunque aún no deciden si encabezará la lista peronista a la Cámara de Diputados de la Nación (esto es lo más probable) o la de postulantes a convencionales constituyentes. En el afán de contrarrestar esta jugada, el senador nacional Ricardo Bussi, en una parrillada ubicada casi al frente de la sede de Fuerza Republicana, reunió el lunes al mediodía a sus más allegados para contarles su última y rutilante idea: recurrir a un detenido y procesado por la Justicia Federal -su padre, Antonio Domingo Bussi- para que vaya al frente de las boletas de FR; él, mientras tanto, presidiría la nómina de convencionales a constituyentes.
Ayer, al ingresar al palacio gubernamental, el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, recibió algunos saludos -y no pocas bromas- por la forma en que defendió la posibilidad de que dos mujeres (en obvia alusión a Rojkés de Alperovich y a la actual diputada Stella Maris Córdoba, que aspira a la renovación de su banca) lideren la lista peronista. Inesperadamente, se transformó en un argumentador de la causa femenina. Toda una novedad, porque hasta entonces jamás se había detenido -al menos públicamente- en cuestiones de género. Pero antes de hacerlo escudriñó en los alcances de la Ley de Cupo Femenino y hasta le arrimaron antecedentes jurisprudenciales sobre la materia. Después de leerlos se quedaron tranquilos -comenzando por Jiménez-, porque, en una eventual lista, ya pueden conjugar sus intereses (léase los de la mujer del primer mandatario) con los de Néstor Kirchner, una de cuyas primeras seguidoras en la provincia -casi en soledad- fue Córdoba y ya se sabe cómo se pagan ciertas lealtades en el peronismo. "El más interesado en obtener buenos resultados durante los comicios de octubre y, sobre todo, diputados orgánicos y funcionales, es el Presidente", conjeturaban ayer en algunos despachos oficiales.
Aunque no le cuesta mucho alcanzar picos de euforia, el gobernador regresó más que entusiasmado -esto es lo que aseguran sus colaboradores- de la reunión que la semana pasada mantuvo con Kirchner en Buenos Aires. Salvo algunos detalles que quedaron abiertos por los imponderables de siempre, en ese encuentro habrían acordado fechas de elecciones y candidaturas para este largo 2005. Aunque en el oficialismo se propusieron no dar pistas, los atormenta la posibilidad de que en un mismo año haya tres comicios (internas simultáneas de todos los partidos, constituyentes para reformar la Constitución y diputados), porque consideran que siempre implican hipótesis de conflictos.
Como en el oficialismo, en la oposición escasean las ideas -al menos no las expresan si las tienen- sobre el futuro diseño constitucional de Tucumán, pero sobran las conjeturas en torno de candidaturas y variantes electorales. Es harto sabido: los partidos, en el mejor de los casos, se han reducido a máquinas de juntar votos que, cuando pasan las elecciones, se cierran, como las oficinas en verano. La prueba es que en FR las cosas siguen manejándose como si se tratara de una cuestión doméstica, de padre a hijo. Esta estrategia -es cierto- ha dado buenos resultados a los Bussi, pero sigue empantanando a Tucumán en el pasado. El propio senador reconoció que se reavivarán -como siempre- latentes rencores. Estos perviven desde la década de los 70; no en vano, su padre está detenido en la Capital Federal por violaciones a los derechos humanos durante esa desgraciada época. Pero las reacciones no sólo proceden de quienes no pueden sentarse ni a tomar un café con los bussistas; también llegaron de posibles aliados (léase Ciudadanos Independientes o el ex fiscal anticorrupción, Esteban Jerez), para quienes, con Bussi padre en el medio -es un decir, porque no puede evadir el arresto domiciliario en la Capital Federal-, las conversaciones se vuelven políticamente inconducentes.
Ayer, al ingresar al palacio gubernamental, el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, recibió algunos saludos -y no pocas bromas- por la forma en que defendió la posibilidad de que dos mujeres (en obvia alusión a Rojkés de Alperovich y a la actual diputada Stella Maris Córdoba, que aspira a la renovación de su banca) lideren la lista peronista. Inesperadamente, se transformó en un argumentador de la causa femenina. Toda una novedad, porque hasta entonces jamás se había detenido -al menos públicamente- en cuestiones de género. Pero antes de hacerlo escudriñó en los alcances de la Ley de Cupo Femenino y hasta le arrimaron antecedentes jurisprudenciales sobre la materia. Después de leerlos se quedaron tranquilos -comenzando por Jiménez-, porque, en una eventual lista, ya pueden conjugar sus intereses (léase los de la mujer del primer mandatario) con los de Néstor Kirchner, una de cuyas primeras seguidoras en la provincia -casi en soledad- fue Córdoba y ya se sabe cómo se pagan ciertas lealtades en el peronismo. "El más interesado en obtener buenos resultados durante los comicios de octubre y, sobre todo, diputados orgánicos y funcionales, es el Presidente", conjeturaban ayer en algunos despachos oficiales.
Aunque no le cuesta mucho alcanzar picos de euforia, el gobernador regresó más que entusiasmado -esto es lo que aseguran sus colaboradores- de la reunión que la semana pasada mantuvo con Kirchner en Buenos Aires. Salvo algunos detalles que quedaron abiertos por los imponderables de siempre, en ese encuentro habrían acordado fechas de elecciones y candidaturas para este largo 2005. Aunque en el oficialismo se propusieron no dar pistas, los atormenta la posibilidad de que en un mismo año haya tres comicios (internas simultáneas de todos los partidos, constituyentes para reformar la Constitución y diputados), porque consideran que siempre implican hipótesis de conflictos.
Como en el oficialismo, en la oposición escasean las ideas -al menos no las expresan si las tienen- sobre el futuro diseño constitucional de Tucumán, pero sobran las conjeturas en torno de candidaturas y variantes electorales. Es harto sabido: los partidos, en el mejor de los casos, se han reducido a máquinas de juntar votos que, cuando pasan las elecciones, se cierran, como las oficinas en verano. La prueba es que en FR las cosas siguen manejándose como si se tratara de una cuestión doméstica, de padre a hijo. Esta estrategia -es cierto- ha dado buenos resultados a los Bussi, pero sigue empantanando a Tucumán en el pasado. El propio senador reconoció que se reavivarán -como siempre- latentes rencores. Estos perviven desde la década de los 70; no en vano, su padre está detenido en la Capital Federal por violaciones a los derechos humanos durante esa desgraciada época. Pero las reacciones no sólo proceden de quienes no pueden sentarse ni a tomar un café con los bussistas; también llegaron de posibles aliados (léase Ciudadanos Independientes o el ex fiscal anticorrupción, Esteban Jerez), para quienes, con Bussi padre en el medio -es un decir, porque no puede evadir el arresto domiciliario en la Capital Federal-, las conversaciones se vuelven políticamente inconducentes.







