La letra chica

Por Marcelo Aguaysol.

14 Febrero 2005
Euforia no fue precisamente la sensación que sintió el miércoles pasado el gobernador José Alperovich cuando estampó su firma en el acuerdo bilateral 2005 o Plan de Financiamiento Ordenado (PFO). Si bien Tucumán recibirá un crédito global de $ 115 millones para pagar los vencimientos de la deuda de este año, las condiciones fiscales son más duras que las establecidas en pactos anteriores.
Analizando la letra del acuerdo se llega a la conclusión de que, además de cumplir con las pautas de limitar la deuda y el gasto público enunciadas en la Ley de Responsabilidad Fiscal, la Nación se reserva el derecho a modificar el convenio, por incumplimientos o por mejor resultado en materia de ingresos provinciales.
En este sentido, uno de los artículos dice claramente que si crece la coparticipación federal, el Ministerio de Economía de la Nación podrá redefinir el programa. En otras palabras, podría disminuir el monto del préstamo u obligar a la provincia a saldar, por anticipado, otras deudas no incluidas en el acuerdo.
El artículo siete del acuerdo es más duro aún. "La provincia se compromete a no incrementar la deuda flotante por encima del límite máximo pactado". En buen romance, la administración tucumana no debe patear compromisos hacia el futuro; al contrario, tiene que reducirlos a $ 47 millones, es decir, un 42% menos que en 2004.
Por si la legislación existente no resulta clara a los gobernadores provinciales, el Palacio de Hacienda les recuerda el compromiso de no emitir más títulos de circulación como "cuasimonedas". En caso de desoír este criterio, la Nación se reserva el derecho de restarles el monto de una eventual emisión de bonos de la coparticipación que gira a los distritos del interior.
Precisamente, los fondos coparticipables son los que garantizan el pago del crédito del PFO, en 84 cuotas mensuales y consecutivas. Sin embargo, la Nación está dispuesta a esperar hasta enero de 2007 para cobrar la primera cuota. Todas estas metas hacen presumir que 2005, más que un año de transición, será un período de prueba para la conducta fiscal de las provincias. Sin embargo, las cuestiones políticas o el acercamiento a la Casa Rosada pueden significar un salvavidas para los gobernadores. Alperovich lo presiente y es por eso que ensayó loas y abrazos con el presidente Néstor Kirchner.

Niveles históricos
Las perspectivas son alentadoras para las finanzas provinciales. Este año, el presupuesto se sinceró y por eso, muchos funcionarios y legisladores tratan de minimizar la distribución de partidas que se proyectó y que llegó a niveles históricos en materia de gasto público. Las erogaciones totalizarán en el presente ejercicio algo cercano a los $ 2.200 millones, pero no garantiza al Estado una reducción sustancial en su nivel de endeudamiento que, al 31 de diciembre pasado, alcanzó los $ 3.025,4 millones, sin incluir la deuda flotante (generada por juicios o pago a proveedores y a contratistas).
Para ser más gráfico, el gasto per cápita en Tucumán será de $ 1.692 anuales, casi $ 500 más que el promedio de los años posdefault. Y en ese ítem se incluye el compromiso del Gobierno para brindar educación, seguridad y salud a la población provincial, estimada en 1,3 millón de habitantes.
El actual Gobierno tiene un escenario favorable para demostrar que, con el dinero existente, se puede cambiar la imagen de la provincia. De nada sirve a los gobernantes acumular fondos, surgidos del superávit en las cuentas, si los resultados no tienen impacto social. Esa tarea (que la gente sienta que las promesas electorales se convierten en hechos palpables) sigue siendo la materia pendiente en Tucumán. Las autoridades tienen las herramientas necesarias para revertir el pensamiento generalizado en la comunidad.

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