El Estado suma empresas

De Vido es la usina ejecutora del Gobierno.

13 Febrero 2005
BUENOS AIRES.- Por más que a su alrededor se genere un aura de misterio, está más que probado que el ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido, no es el funcionario oscuro que aparenta ser y que tiene peso específico propio en el círculo más íntimo de la Casa Rosada.
Laborioso en extremo y usina ejecutora del Estado pro empresario (estatal) que cada día toma más impulso, su personalidad introvertida probablemente es la que le impone estar lejos de la prensa, situación que necesariamente le quita gran parte de la transparencia que necesita mostrar un funcionario con tanto poder. Pero no es José López Rega, con quien sus detractores suelen compararlo, ya que -también está probado- los hilos del Gobierno los mueve únicamente el presidente Kirchner y a él reporta De Vido con la fidelidad de muchos años de ruta en común.
Quizás para desnudar fisuras que no existen, en el sector eléctrico refieren que durante los últimos días el ministro tuvo que tragarse un pequeño "sapo" a la hora de escuchar un laudo presidencial. Cuentan que contra la opinión del ministro, el secretario de Energía, Daniel Cameron -otro de los hombres que el Presidente respeta- sostuvo que el precio que se le pagará a Venezuela por el fuel oil recibido como "compra directa" debía compararse con otro, más objetivo, que surgiera de una licitación internacional. Los argumentos de quienes se opusieron al criterio del secretario fueron políticos. Se dijo que Hugo Chávez prometió llegar con sus barcos llenos de combustible "llueva, truene o relampaguee" y que pedirle al mercado 600.000 toneladas más, por encima de los 8 millones de barriles que aportará Venezuela, podría hacer pensar que la crisis estallará inevitablemente otra vez, apenas comience el frío. Es evidente que en esta ocasión Cameron quiso curarse en salud, más allá del saludable precio testigo que se busca conseguir. Con el mismo tino con que anticipó la crisis energética de abril de 2004, crisis que por entonces intentó barrerse debajo de la alfombra y que luego costó $ 2.000 millones y un bache en la recuperación económica, el secretario usó argumentos técnicos basados en la previsión.
En este punto, hay que anotar además otra preocupación del Gobierno, en relación con alguna especulación electoral. Este año, el cuello de botella de los faltantes también estará concentrado en el gasoil hacia abril o mayo, ya que las paradas técnicas de las refinerías provocarán una pausa en el suministro que habrá que reponer importando combustible para cubrirlo, sin apelar al traumático racionamiento de transportistas, colectivos, agro o particulares. Lo cierto es que hasta ahora el secretario parece haber ganado la pulseada. Entre lunes o martes, así le dijeron los funcionarios a miembros del sector de generación de electricidad, una Resolución de Energía llamará para fin de marzo a una compulsa internacional de precios para adquirir combustible a granel bajo dos apéndices: precio contado y precio financiado.

Con la vuelta del crédito
Esta última especificación es clave y puede resultar un interesante test para conocer el pulso del sector petrolero tras la eventual salida argentina del default, ya que la financiación nunca antes se había conseguido por este motivo. El impedimento crediticio resultó el año pasado la excusa central para manotear el fuel oil venezolano, un combustible cargado de azufre y polucionante en extremo que se quema con largas bocanadas de humo negro en las centrales eléctricas.
Pero De Vido no sólo se ocupa de la energía. Su ministerio concentra la dirección de cada una de las compañías que el Estado está rasguñando de a poco, en este proceso de engorde que se aceleró durante los últimos tiempos, maquillado por la necesidad de evitar que el control estatal esté ausente.
La lista es, por ahora, de seis empresas y, salvo en el caso del buque insignia, la aún difusa petrolera Enarsa, conformada desde cero, el Estado accedió al resto de modo más o menos traumático, con rescisiones de contratos que aún deberán dirimirse en la Justicia (Correo, Thales, Arsat y Ferrocarril San Martín) y a través de la creación de una empresa aérea, Lafsa, cuya relación personal/aviones representa un escándalo de ineficiencia a nivel internacional. Todo indica que muy pronto se sumará al paquete de actividad empresaria una porción de Aeropuertos Argentina 2000. Este negocio aún no tiene precisiones acerca de las sumas en juego y además se complementa con la salida de una parte del capital de la compañía a la Bolsa.
Pero el bocado más apetecible para De Vido sigue siendo Aguas Argentinas. La hipótesis de máxima es rescindir la concesión y la de mínima es quedarse con el destino de la inversión, en línea con lo que ya se hizo con los peajes en rutas nacionales.
Lo cierto es que, por una cosa u otra, el ministerio de De Vido toma cada día más protagonismo. Y a la luz de la línea que sigue el Gobierno, estará desde ahora mucho más todavía en el centro de la escena. Para bien o para mal, como el blooper institucional que protagonizó el viernes pasado el propio ministro. (DyN)

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