11 Febrero 2005 Seguir en 
Los ciclos recesivos de la economía tienen ciertas similitudes con los años electorales. Por lo general, el gasto público crece paulatinamente, en uno y en otro escenario. En los primeros, el resultado es siempre el mismo: déficit en las cuentas públicas. Pero, en el ciclo electoral, resulta difícil predecir un resultado fiscal. En este aspecto, el gobernador José Alperovich corre con ventaja respecto de sus antecesores. Tucumán, al igual que muchas otras provincias, cerró 2004 con altos niveles de superávit, incluso mayores que los declarados ante la Nación ($ 39 millones).
El acuerdo bilateral, firmado ayer entre la Nación y un conjunto de provincias, resulta un bálsamo para la administración tucumana. Más allá de que el crédito federal le permitirá pagar casi el 38% de la deuda que vence este año, Alperovich tendrá margen de maniobra para atender otras cuestiones. Algunas esenciales (salud, educación, seguridad, por mencionar algunas); otras no tanto (léase gastos electorales), pero que en definitiva constituyen un trampolín político.
No es ninguna novedad que los mandatarios que pasaron por la Casa de Gobierno han apostado todas sus fichas para sostenerse en el poder. Pero el actual conductor del Poder Ejecutivo quiere convertirse en el primero en ser reelecto, de manera consecutiva, en la historia política e institucional de Tucumán. Esa presunción tendrá sus costos.
Allanando el camino
El último viaje de Alperovich a la Capital Federal resultó fructífero para sus aspiraciones políticas. Un abrazo con el presidente Néstor Kirchner; planes de viviendas que le permitirán cortar cintas de inauguración hasta mediados de 2006; puertas abiertas en cada uno de los ministerios que visitó y millonarios desembolsos de recursos para Tucumán hasta fines de diciembre.
Todo esto hace presumir que el gobernador tendrá apoyo desde la Nación, en la medida en que cumpla con los compromisos políticos asumidos esta semana ante el Presidente y que acompañe cada acción que el Gobierno nacional adopte, como por ejemplo, la lucha con las empresas de servicios públicos privatizados.
Pero la luna de miel con la Casa Rosada parece que se extenderá hasta marzo, cuando comience a definirse la nómina de candidatos a diputados nacionales por Tucumán. Cobra más fuerza la promesa que le hizo Alperovich al Presidente de que, en los comicios de octubre, el triunfo será oficialista y con amplio margen de votos. Sin embargo, la sombra de Antonio Bussi aparece en las encuestas que la propia Casa de Gobierno encarga a consultoras privadas. A Kirchner no le debe haber resultado agradable observar, por ejemplo, que en diciembre el conductor de Fuerza Republicana haya figurado segundo en los sondeos de opinión.
Ese será uno de los escollos más duros que afrontará el gobernador en este naciente 2005. El Partido Justicialista le reclama espacios, como sucedió desde que asumió el 29 de octubre de 2003. La oposición, en tanto, comienza a velar sus armas. Nadie quiere perder terreno en la contienda electoral.
Opciones, no elecciones
Con el correr de los días, la pirotecnia política (oficialista y opositora) irá creciendo. Esto lo saben los dirigentes de una y de otra parte de la vereda. En el medio, como fue una constante de los últimos años, están los miles de tucumanos que, muchas veces, deben optar entre dos que no les gustan, más que elegir a un candidato de su agrado.
Este año, Kirchner y Alperovich tienen un ojo puesto en cumplir las metas con el FMI (deberes fiscales) y otro en las elecciones de octubre (margen de gobernabilidad). Esas dos metas se convertirán en el termómetro que medirá si están haciendo bien las cosas o si tienen que corregir el rumbo de sus gestiones.
El acuerdo bilateral, firmado ayer entre la Nación y un conjunto de provincias, resulta un bálsamo para la administración tucumana. Más allá de que el crédito federal le permitirá pagar casi el 38% de la deuda que vence este año, Alperovich tendrá margen de maniobra para atender otras cuestiones. Algunas esenciales (salud, educación, seguridad, por mencionar algunas); otras no tanto (léase gastos electorales), pero que en definitiva constituyen un trampolín político.
No es ninguna novedad que los mandatarios que pasaron por la Casa de Gobierno han apostado todas sus fichas para sostenerse en el poder. Pero el actual conductor del Poder Ejecutivo quiere convertirse en el primero en ser reelecto, de manera consecutiva, en la historia política e institucional de Tucumán. Esa presunción tendrá sus costos.
Allanando el camino
El último viaje de Alperovich a la Capital Federal resultó fructífero para sus aspiraciones políticas. Un abrazo con el presidente Néstor Kirchner; planes de viviendas que le permitirán cortar cintas de inauguración hasta mediados de 2006; puertas abiertas en cada uno de los ministerios que visitó y millonarios desembolsos de recursos para Tucumán hasta fines de diciembre.
Todo esto hace presumir que el gobernador tendrá apoyo desde la Nación, en la medida en que cumpla con los compromisos políticos asumidos esta semana ante el Presidente y que acompañe cada acción que el Gobierno nacional adopte, como por ejemplo, la lucha con las empresas de servicios públicos privatizados.
Pero la luna de miel con la Casa Rosada parece que se extenderá hasta marzo, cuando comience a definirse la nómina de candidatos a diputados nacionales por Tucumán. Cobra más fuerza la promesa que le hizo Alperovich al Presidente de que, en los comicios de octubre, el triunfo será oficialista y con amplio margen de votos. Sin embargo, la sombra de Antonio Bussi aparece en las encuestas que la propia Casa de Gobierno encarga a consultoras privadas. A Kirchner no le debe haber resultado agradable observar, por ejemplo, que en diciembre el conductor de Fuerza Republicana haya figurado segundo en los sondeos de opinión.
Ese será uno de los escollos más duros que afrontará el gobernador en este naciente 2005. El Partido Justicialista le reclama espacios, como sucedió desde que asumió el 29 de octubre de 2003. La oposición, en tanto, comienza a velar sus armas. Nadie quiere perder terreno en la contienda electoral.
Opciones, no elecciones
Con el correr de los días, la pirotecnia política (oficialista y opositora) irá creciendo. Esto lo saben los dirigentes de una y de otra parte de la vereda. En el medio, como fue una constante de los últimos años, están los miles de tucumanos que, muchas veces, deben optar entre dos que no les gustan, más que elegir a un candidato de su agrado.
Este año, Kirchner y Alperovich tienen un ojo puesto en cumplir las metas con el FMI (deberes fiscales) y otro en las elecciones de octubre (margen de gobernabilidad). Esas dos metas se convertirán en el termómetro que medirá si están haciendo bien las cosas o si tienen que corregir el rumbo de sus gestiones.







