10 Febrero 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El temor a un nuevo efecto Blumberg ha obligado al presidente Kirchner a prometer un proyecto de ley complementaria que acote la reciente reforma del Código Penal que redujo los casos de interrupción de la prescripción de causas judiciales. Aquella preocupación se precipitó cuando Juan Carlos Blumberg anunció que estaba dispuesto, si se lo solicitaban, a convocar una nueva movilización pública, pero que había que estudiar antes el problema con el gobierno. La reunión en la Casa Rosada, sin embargo, tan solo ha ganado tiempo por el momento, y Blumberg no pareció coincidir a su término con su acompañante, el presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Roberto Durrieu, quien sostuvo el histórico principio de la ley más benigna. Según el mismo, compartido por la generalidad de los especialistas consultados, ninguna ley correctiva podrá limitar los efectos de la dictada anteriormente, por lo que los presuntos beneficiarios de la primera no serán alcanzados por corrección desfavorable alguna para ellos. Sin embargo, y en medio de la confusión que se sigue observando en el gobierno, Blumberg ha llegado a señalar que Kirchner prometió una lista de correcciones a la reforma sancionada, que llegaría al Congreso en los primeros días de marzo. El desconcierto en los círculos legislativos ha sido considerable, y las primeras opiniones coinciden en que, aun derogando le reforma sancionada del artículo 67 del Código Penal, los efectos que haya podido tener durante su vigencia no podrán ser impedidos ni borrados.
La magnitud del peligro
La inusual rapidez con que en el gobierno se observó el problema, midió con precisión la magnitud del peligro a que la calle pueda observar la reforma del Código Penal como una suerte de maniobra para proteger a los responsables de corrupción de la clase política; especialmente la del partido oficialista, a pesar de que la enmienda de marras contó con el apoyo de casi todos los sectores con representación parlamentaria y tuvo más de dos años de análisis y proyectos que pasaron inadvertidos. Nada menos que para los propios jueces, acusados desde el Congreso por haberse sentado no pocas veces sobre las causas, contribuyendo a la saturación de la justicia penal. El Debate de Babel -así se lo está observando aquí- se ha convertido en el más testimonial del gran desorden que padecen nuestros sistemas jurídicos y de justicia, sometidos desde hace largos años al perverso hábito de priorizar lo urgente sobre lo necesario. Ausentes las reformas necesarias para adecuarlos con el transcurso del tiempo a las realidades de la sociedad, sus retoques y acomodamientos bajo los apremios de los tiempos políticos, muestran una grave situación donde las responsabilidades son de los tres poderes del Estado. Sin embargo, cuando la alarma suena el presidente Kirchner es el que tiene que acudir, pues para algo acumula los poderes que el mismo Congreso le atribuye a su pedido periódicamente, invocando emergencias de la crisis. (De nuestra Sucursal)
La magnitud del peligro
La inusual rapidez con que en el gobierno se observó el problema, midió con precisión la magnitud del peligro a que la calle pueda observar la reforma del Código Penal como una suerte de maniobra para proteger a los responsables de corrupción de la clase política; especialmente la del partido oficialista, a pesar de que la enmienda de marras contó con el apoyo de casi todos los sectores con representación parlamentaria y tuvo más de dos años de análisis y proyectos que pasaron inadvertidos. Nada menos que para los propios jueces, acusados desde el Congreso por haberse sentado no pocas veces sobre las causas, contribuyendo a la saturación de la justicia penal. El Debate de Babel -así se lo está observando aquí- se ha convertido en el más testimonial del gran desorden que padecen nuestros sistemas jurídicos y de justicia, sometidos desde hace largos años al perverso hábito de priorizar lo urgente sobre lo necesario. Ausentes las reformas necesarias para adecuarlos con el transcurso del tiempo a las realidades de la sociedad, sus retoques y acomodamientos bajo los apremios de los tiempos políticos, muestran una grave situación donde las responsabilidades son de los tres poderes del Estado. Sin embargo, cuando la alarma suena el presidente Kirchner es el que tiene que acudir, pues para algo acumula los poderes que el mismo Congreso le atribuye a su pedido periódicamente, invocando emergencias de la crisis. (De nuestra Sucursal)







