El saber económico no puede derivar en recetas infalibles

Instrumentos como la convertibilidad no son fines en sí mismos. Las relaciones económicas aparecen enmarcadas por instituciones.

30 Junio 2002
El pensamiento económico actual se presenta, en general, en términos de modelos matemáticos. Esta forma de razonamiento otorga precisión y rigor lógico al saber económico, lo que constituye una ayuda innegable en la construcción del edificio de teórico de esta ciencia.
Pero esto no significa que las conclusiones de este saber se conviertan en verdades absolutas que, una vez conocidas por los economistas, resulten sabiamente aplicables a cualquier economía, con total independencia de su cultura y de los arreglos institucionales que cada sociedad ha ido construyendo en su propia historia.
Contrariamente a lo que muchos economistas parecen querer predicar, las enseñanzas del saber económico no constituyen verdades a priori susceptibles de convertirse en recetas de validez segura y universal. Lamentablemente, en este tipo de simplismo, que forma parte de la prédica habitual de instituciones económicas mundialmente influyentes como el FMI, hemos caído los argentinos durante buena parte de la década pasada.
De acuerdo con este simplismo, medidas como la desregulación general de los mercados, la privatización de activos públicos y de la administración de los fondos de jubilación y pensión de la gente, la apertura a los mercados externos, el rigor fiscal y la convertibilidad de nuestra moneda a otra de mucho mayor fortaleza y credibilidad, configurarían en conjunto un programa que no podía sino terminar en un crecimiento económico tan alto como lo permiten los factores productivos internos y externos que nuestra economía utiliza. Lo que tenemos que aprender con la tremenda crisis que actualmente nos sacude es que el saber económico, como cualquier otro saber teórico, no se puede trasladar sin más, convertido en recetas infalibles, desde el pizarrón hacia cualquier sociedad concreta.
Las relaciones económicas concretas aparecen siempre enmarcadas por instituciones sociales, jurídicas y políticas que son fruto de la historia y la cultura de cada comunidad. Es por eso que no nos sirve el simplismo que consiste en convertir a meros instrumentos de política económica, que son medios que tienen que estar al servicio del hombre y de todos los hombres de nuestro país, en verdaderos fines en sí mismos. Este fue lo que el ex ministro Cavallo terminó haciendo de manera patética con la convertibilidad, y lo que otros parecen pretender hacer en el futuro inmediato con la llamada dolarización.

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