30 Junio 2002 Seguir en 
Los mercados en el mundo se conmovieron por el fraude en la segunda empresa operadora de teléfonos en los Estados Unidos, la WorldCom, que contabilizó como inversiones lo que debía registrar como gastos en 2001 por 3.850 millones de dólares. La justicia procesó a la firma auditora Andersen, también enredada hace ocho meses en el escándalo de la petrolera Enron.
La manipulación contable que afecta a los accionistas surgió de la revisión de los libros, y la empresa, que durante la pujanza de 1999 cotizaba a 62 dólares la acción, cayó esta semana a centavos. Cuanto más dinero puede cambiar de mano, mayor es el cuestionamiento a los gigantes de la contabilidad, que también influyen y aconsejan. A comienzos de la década del 70, por los fraudes y quiebras en los Estados Unidos, surgió el famoso informe del senador Lee Metcalf al Congreso de ese país que sostuvo que "las auditorías independientes no están en condiciones de asumir sus responsabilidades de la manera que exige la confianza del público".
La semana pasada, en Buenos Aires, también se cuestionó a Garovaglio y Zorraquín -la tradicional empresa del viejo panel de azúcar- que redujo su capital a 1/65 en enero por pérdidas y en mayo decidió ampliarlo veinte veces, afectando al accionista minoritario y al sistema bursátil. En esta época donde cotizan empresas -incluso con patrimonio negativo- habrá que tomar con cautela las recomendaciones para invertir.
Los mercados
El pánico recorrió las Bolsas del exterior y en Wall Street los índices están en el nivel de los atentados de setiembre de 2001.
El euro, el jueves estuvo a punto de alcanzar la paridad frente al dólar, en nivel similar a enero de 2000. En un año, la nueva moneda europea recuperó el 12,84%, y los mercados están cambiando su actitud ante la divisa estadounidense. También esta depresión -controlada- es proteccionista porque frenará las importaciones y favorecerá las exportaciones de ese país. Aquí las acciones mejoraron firme el lunes y martes, y cedieron en las dos ruedas siguientes. El contexto general sigue complicado -sube el dólar- y no se logra encolumnar tantos intereses en un plan sustentable que satisfaga a los organismos de crédito.
El problema es de caja, y los sectores pretenden ser compensados -de la devaluacion y del default- por un Estado que hace tiempo debió sentarse sobre sus menguadas reservas.
La manipulación contable que afecta a los accionistas surgió de la revisión de los libros, y la empresa, que durante la pujanza de 1999 cotizaba a 62 dólares la acción, cayó esta semana a centavos. Cuanto más dinero puede cambiar de mano, mayor es el cuestionamiento a los gigantes de la contabilidad, que también influyen y aconsejan. A comienzos de la década del 70, por los fraudes y quiebras en los Estados Unidos, surgió el famoso informe del senador Lee Metcalf al Congreso de ese país que sostuvo que "las auditorías independientes no están en condiciones de asumir sus responsabilidades de la manera que exige la confianza del público".
La semana pasada, en Buenos Aires, también se cuestionó a Garovaglio y Zorraquín -la tradicional empresa del viejo panel de azúcar- que redujo su capital a 1/65 en enero por pérdidas y en mayo decidió ampliarlo veinte veces, afectando al accionista minoritario y al sistema bursátil. En esta época donde cotizan empresas -incluso con patrimonio negativo- habrá que tomar con cautela las recomendaciones para invertir.
Los mercados
El pánico recorrió las Bolsas del exterior y en Wall Street los índices están en el nivel de los atentados de setiembre de 2001.
El euro, el jueves estuvo a punto de alcanzar la paridad frente al dólar, en nivel similar a enero de 2000. En un año, la nueva moneda europea recuperó el 12,84%, y los mercados están cambiando su actitud ante la divisa estadounidense. También esta depresión -controlada- es proteccionista porque frenará las importaciones y favorecerá las exportaciones de ese país. Aquí las acciones mejoraron firme el lunes y martes, y cedieron en las dos ruedas siguientes. El contexto general sigue complicado -sube el dólar- y no se logra encolumnar tantos intereses en un plan sustentable que satisfaga a los organismos de crédito.
El problema es de caja, y los sectores pretenden ser compensados -de la devaluacion y del default- por un Estado que hace tiempo debió sentarse sobre sus menguadas reservas.







