23 Enero 2005 Seguir en 
Por Fernando López de Zavalía (h), abogado - doctor de la universidad complutense de madrid, España
En el afán de reducir al máximo el stock de deuda, su reestructuración fue diseñada con criterios puramente económicos. Se dejó en el olvido a los jurídicos que no solamente hubieran permitido obtener reducciones similares, sino que también habrían posibilitado distribuir más equitativa y proporcionalmente, con relación al capital efectivamente invertido, las pérdidas entre todos los tenedores de bonos.
En efecto, la cesación de pagos y posterior oferta de reestructuración, importan una virtual presentación en concurso del país. Pero, en todo el mundo civilizado, la materia concursal se rige por un principio básico: la igualdad de los acreedores, lo que significa que todos soportarán igualitariamente los efectos de los acuerdos, dando al deudor común las mismas quitas, esperas, u otras estipulaciones.
A la luz de este principio, es jurídicamente inadmisible que el FMI y el Banco Mundial, verdaderos corresponsables de este desastre sin precedentes, reciban el tratamiento de acreedores privilegiados ? pues habrán de recibir el 100% de su inversión en tiempo y forma-. Por su parte, los pequeños ahorristas de distintas nacionalidades (cándidas presas de su nefasta propaganda), los afiliados de las AFJP, y los cuotapartistas de los FCI, serán castigados con importantes quitas y esperas.Pero, además, conjugando este principio con aquel otro que ordena "dar a cada uno lo suyo", se advierte lo injusto del diseño. Y es que, como no todos los tenedores de bonos los adquirieron al mismo valor, para respetar un mínimo criterio de equidad que conduce a repartir proporcionalmente las pérdidas entre todos ellos, cualquier quita debería haberse diseñado no sobre la tenencia nominal, sino sobre el valor de adquisición, hecho este perfectamente cognoscible.
De ese modo hubiera sido posible obtener resultados económicamente similares en punto a reducción de deuda, pero jurídicamente más justos. Hubiera sido posible diagramar quitas más moderadas, minimizando las pérdidas de capital de quienes los adquirieron a valores altos, e imposibilitando que quienes los compraron a valores bajos obtengan alguna ganancia.
Los afiliados de las AFJP se verán especialmente afectados. Primero, porque el bono supuestamente diseñado para estas entidades (el Cuasi Par), tiene una quita del 30,1%. Segundo, porque el monto de emisión de estos bonos, de U$S 8.300 millones, ni siquiera alcanza para cubrir las tenencias de las AFJP, calculadas en unos U$S 13.000 millones. Esto significa que, por el monto insatisfecho, tendrán que suscribir Bonos Descuento, con una quita mayor (66,3%). Tercero, porque al ser los de más largo plazo (vencen en el 2045), y contar con una tasa de interés relativamente baja (3,31%, cuando la tasa a 30 años en EEUU ronda el 4,70%), son los de mayor volatibilidad, y por lo tanto los más sensibles a posibles subas de tasas de interés por parte de la FED. (Reserva Federal de EEUU)
La miseria no se puede repartir
Por Alberto Oucinde, economista
La jubilación privada en la Argentina no funciona, porque en vez de ser un sistema de acumulación de ahorros pasó a ser un sistema de financiación del gobierno, pura y exclusivamente. Desde el momento en que se creó, a principios de los 90, y se obligó a que el 50% de los fondos acumulados se destine a fondos del gobierno, nació viciado.
El problema en el país es cultural. Si la Argentina no cambia la cultura en la que robar está bien visto a nivel individual, familiar y social, la situación no cambiará.
Tenemos los gobernantes que tenemos porque son los representantes que nuestro pueblo elige. Si no hay apego a la verdad, ni a la honestidad, cualquier sistema va a fallar.No es que los argentinos somos poco inteligentes, el problema es que somos poco honestos.
El intentar volver al sistema de reparto es simple y exclusivamente para financiar en forma directa al gobierno y poder mejorar las cuentas nacionales hoy. Todo, porque lo que cobraría el gobierno por el sistema de reparto pasaría a ingresos generales y parecería que está recaudando más. Ese es el único interés por revigorizar el sistema de reparto. Si los ahorros no hubieran sido destinados al gasto público ni para financiar al gobierno, hoy la Argentina tendría un mercado de capitales y los empresarios podrían acceder a él.
En EEUU, o en cualquier país del mundo, la mafia está al acecho de las jubilaciones, porque hoy se le saca a la gente y se le promete para dentro de unos años. Cuando esa fecha llega, todos los que prometieron se fueron y se robaron todo y la gente sólo tiene una promesa vacía.
Si uno analiza los problemas de la Argentina, en décadas anteriores, sobre las jubilaciones, la Corte Suprema, la corte minúscula, etc., y los compara con los actuales, ve que todo es igual. El presidente Kirchner cambió a gran parte de la Corte Suprema que había nombrado Menem, para poner jueces que le sean fieles, no para mejorar la Justicia en el país. Por eso, la Argentina y el sistema jubilatorio no podrán cambiar si no cambia la mentalidad de sus políticos.
En EEUU, el sistema jubilatorio es como el de reparto en nuestro país y actualmente se discute para cambiarlo. Bush observa que, cuando se diseñó, había 16 trabajadores por un beneficiario, en cambio ahora hay tres trabajadores por un beneficiario. Pero, aquí no hubo ninguna estafa, sólo que antes todas las familias tenían cinco hijos y ahora tienen dos o uno, con lo cual un sistema de reparto no funciona. Si en la Argentina pretendemos volver al sistema de reparto, será para repartir miseria... ¡como siempre! (Nueva York, EEUU. Exclusivo para LA GACETA)
En el afán de reducir al máximo el stock de deuda, su reestructuración fue diseñada con criterios puramente económicos. Se dejó en el olvido a los jurídicos que no solamente hubieran permitido obtener reducciones similares, sino que también habrían posibilitado distribuir más equitativa y proporcionalmente, con relación al capital efectivamente invertido, las pérdidas entre todos los tenedores de bonos.
En efecto, la cesación de pagos y posterior oferta de reestructuración, importan una virtual presentación en concurso del país. Pero, en todo el mundo civilizado, la materia concursal se rige por un principio básico: la igualdad de los acreedores, lo que significa que todos soportarán igualitariamente los efectos de los acuerdos, dando al deudor común las mismas quitas, esperas, u otras estipulaciones.
A la luz de este principio, es jurídicamente inadmisible que el FMI y el Banco Mundial, verdaderos corresponsables de este desastre sin precedentes, reciban el tratamiento de acreedores privilegiados ? pues habrán de recibir el 100% de su inversión en tiempo y forma-. Por su parte, los pequeños ahorristas de distintas nacionalidades (cándidas presas de su nefasta propaganda), los afiliados de las AFJP, y los cuotapartistas de los FCI, serán castigados con importantes quitas y esperas.Pero, además, conjugando este principio con aquel otro que ordena "dar a cada uno lo suyo", se advierte lo injusto del diseño. Y es que, como no todos los tenedores de bonos los adquirieron al mismo valor, para respetar un mínimo criterio de equidad que conduce a repartir proporcionalmente las pérdidas entre todos ellos, cualquier quita debería haberse diseñado no sobre la tenencia nominal, sino sobre el valor de adquisición, hecho este perfectamente cognoscible.
De ese modo hubiera sido posible obtener resultados económicamente similares en punto a reducción de deuda, pero jurídicamente más justos. Hubiera sido posible diagramar quitas más moderadas, minimizando las pérdidas de capital de quienes los adquirieron a valores altos, e imposibilitando que quienes los compraron a valores bajos obtengan alguna ganancia.
Los afiliados de las AFJP se verán especialmente afectados. Primero, porque el bono supuestamente diseñado para estas entidades (el Cuasi Par), tiene una quita del 30,1%. Segundo, porque el monto de emisión de estos bonos, de U$S 8.300 millones, ni siquiera alcanza para cubrir las tenencias de las AFJP, calculadas en unos U$S 13.000 millones. Esto significa que, por el monto insatisfecho, tendrán que suscribir Bonos Descuento, con una quita mayor (66,3%). Tercero, porque al ser los de más largo plazo (vencen en el 2045), y contar con una tasa de interés relativamente baja (3,31%, cuando la tasa a 30 años en EEUU ronda el 4,70%), son los de mayor volatibilidad, y por lo tanto los más sensibles a posibles subas de tasas de interés por parte de la FED. (Reserva Federal de EEUU)
Por Alberto Oucinde, economista
La jubilación privada en la Argentina no funciona, porque en vez de ser un sistema de acumulación de ahorros pasó a ser un sistema de financiación del gobierno, pura y exclusivamente. Desde el momento en que se creó, a principios de los 90, y se obligó a que el 50% de los fondos acumulados se destine a fondos del gobierno, nació viciado.
El problema en el país es cultural. Si la Argentina no cambia la cultura en la que robar está bien visto a nivel individual, familiar y social, la situación no cambiará.
Tenemos los gobernantes que tenemos porque son los representantes que nuestro pueblo elige. Si no hay apego a la verdad, ni a la honestidad, cualquier sistema va a fallar.No es que los argentinos somos poco inteligentes, el problema es que somos poco honestos.
El intentar volver al sistema de reparto es simple y exclusivamente para financiar en forma directa al gobierno y poder mejorar las cuentas nacionales hoy. Todo, porque lo que cobraría el gobierno por el sistema de reparto pasaría a ingresos generales y parecería que está recaudando más. Ese es el único interés por revigorizar el sistema de reparto. Si los ahorros no hubieran sido destinados al gasto público ni para financiar al gobierno, hoy la Argentina tendría un mercado de capitales y los empresarios podrían acceder a él.
En EEUU, o en cualquier país del mundo, la mafia está al acecho de las jubilaciones, porque hoy se le saca a la gente y se le promete para dentro de unos años. Cuando esa fecha llega, todos los que prometieron se fueron y se robaron todo y la gente sólo tiene una promesa vacía.
Si uno analiza los problemas de la Argentina, en décadas anteriores, sobre las jubilaciones, la Corte Suprema, la corte minúscula, etc., y los compara con los actuales, ve que todo es igual. El presidente Kirchner cambió a gran parte de la Corte Suprema que había nombrado Menem, para poner jueces que le sean fieles, no para mejorar la Justicia en el país. Por eso, la Argentina y el sistema jubilatorio no podrán cambiar si no cambia la mentalidad de sus políticos.
En EEUU, el sistema jubilatorio es como el de reparto en nuestro país y actualmente se discute para cambiarlo. Bush observa que, cuando se diseñó, había 16 trabajadores por un beneficiario, en cambio ahora hay tres trabajadores por un beneficiario. Pero, aquí no hubo ninguna estafa, sólo que antes todas las familias tenían cinco hijos y ahora tienen dos o uno, con lo cual un sistema de reparto no funciona. Si en la Argentina pretendemos volver al sistema de reparto, será para repartir miseria... ¡como siempre! (Nueva York, EEUU. Exclusivo para LA GACETA)







