23 Enero 2005 Seguir en 
Por Luis Agustín Aparicio
Coordinador de RRHH Instituto Dr. Carlos Pellegrini
Las empresas exitosas no cesan en su esfuerzo de buscar maneras novedosas de motivar a sus empleados, ya que siempre existe una parte significativa de trabajadores que no están motivados.
Muchos cometen un gran error al pensar que la motivación es parte de un rasgo de personalidad, es decir algo que algunos tienen y otros no. En la práctica, los jefes inexpertos llaman flojos a los trabajadores que no están motivados. Con este calificativo se supone que el individuo siempre es flojo o siempre carece de motivación, pero indudablemente esto no es así. Sin duda las personas tienen un impulso motivador básico distinto. Los individuos motivados se aferran a una tarea los suficiente como para alcanzar la meta establecida.
Las personas se desenvuelven mejor cuando se les da retroalimentación sobre su avance hacia las metas, puesto que en esos comentarios se localizan discrepancias entre lo que se ha hecho y lo que se quiere hacer; es decir la retroalimentación hace las veces de guía del comportamiento. Pero no toda retroalimentación es igualmente poderosa. Se ha demostrado que la retroalimentación personal, por la que el empleado vigila su propio progreso, es un motivador más poderoso que la retroalimentación de origen externo.
Un empleado ejercerá mayor esfuerzo si percibe que hay una relación sólida entre esfuerzo y desempeño, desempeño y recompensa y recompensa y satisfacción de las metas personales. Estas relaciones sufren a su vez el influjo de otros factores. Para que el esfuerzo lleve a un buen desempeño, el individuo debe poseer la capacidad necesaria y debe pensar que el sistema de evaluación que mide su desempeño es justo y objetivo. La relación entre desempeño y recompensa será intensa si el individuo percibe que es su desempeño lo que se recompensa, no la antigüedad, favoritismos personales u otros criterios.
La motivación depende del grado en que las recompensas que se entregan al individuo por su buen desempeño satisfacen las necesidades dominantes que corresponden a sus metas.
El dinero motiva a algunas personas en determinadas circunstancias, así que el punto no es si el dinero motiva o no motiva, pues la repuesta es afirmativa. La pregunta pertinente es si el dinero motiva a la mayoría de los trabajadores de la actualidad. Según defenderé, la repuesta a esta pregunta es negativa. Hay que cumplir con ciertas condiciones para que el dinero motive a las personas. En primer lugar, el dinero debe ser importante para el individuo, pero el dinero no es importante para todos. Por ejemplo, los mejores trabajadores poseen una motivación intrínseca y el dinero tendría poco efecto en ellos.
En segundo lugar el individuo debe percibir el dinero como la remuneración directa por su desempeño. Sin embargo en la mayoría de las organizaciones la relación entre el dinero y el desempeño es vaga. Lo más frecuente es que el aumento de salarios estén dictados por factores que no conciernen al desempeño, como antigüedad, rentabilidad y otros.
Coordinador de RRHH Instituto Dr. Carlos Pellegrini
Las empresas exitosas no cesan en su esfuerzo de buscar maneras novedosas de motivar a sus empleados, ya que siempre existe una parte significativa de trabajadores que no están motivados.
Muchos cometen un gran error al pensar que la motivación es parte de un rasgo de personalidad, es decir algo que algunos tienen y otros no. En la práctica, los jefes inexpertos llaman flojos a los trabajadores que no están motivados. Con este calificativo se supone que el individuo siempre es flojo o siempre carece de motivación, pero indudablemente esto no es así. Sin duda las personas tienen un impulso motivador básico distinto. Los individuos motivados se aferran a una tarea los suficiente como para alcanzar la meta establecida.
Las personas se desenvuelven mejor cuando se les da retroalimentación sobre su avance hacia las metas, puesto que en esos comentarios se localizan discrepancias entre lo que se ha hecho y lo que se quiere hacer; es decir la retroalimentación hace las veces de guía del comportamiento. Pero no toda retroalimentación es igualmente poderosa. Se ha demostrado que la retroalimentación personal, por la que el empleado vigila su propio progreso, es un motivador más poderoso que la retroalimentación de origen externo.
Un empleado ejercerá mayor esfuerzo si percibe que hay una relación sólida entre esfuerzo y desempeño, desempeño y recompensa y recompensa y satisfacción de las metas personales. Estas relaciones sufren a su vez el influjo de otros factores. Para que el esfuerzo lleve a un buen desempeño, el individuo debe poseer la capacidad necesaria y debe pensar que el sistema de evaluación que mide su desempeño es justo y objetivo. La relación entre desempeño y recompensa será intensa si el individuo percibe que es su desempeño lo que se recompensa, no la antigüedad, favoritismos personales u otros criterios.
La motivación depende del grado en que las recompensas que se entregan al individuo por su buen desempeño satisfacen las necesidades dominantes que corresponden a sus metas.
El dinero motiva a algunas personas en determinadas circunstancias, así que el punto no es si el dinero motiva o no motiva, pues la repuesta es afirmativa. La pregunta pertinente es si el dinero motiva a la mayoría de los trabajadores de la actualidad. Según defenderé, la repuesta a esta pregunta es negativa. Hay que cumplir con ciertas condiciones para que el dinero motive a las personas. En primer lugar, el dinero debe ser importante para el individuo, pero el dinero no es importante para todos. Por ejemplo, los mejores trabajadores poseen una motivación intrínseca y el dinero tendría poco efecto en ellos.
En segundo lugar el individuo debe percibir el dinero como la remuneración directa por su desempeño. Sin embargo en la mayoría de las organizaciones la relación entre el dinero y el desempeño es vaga. Lo más frecuente es que el aumento de salarios estén dictados por factores que no conciernen al desempeño, como antigüedad, rentabilidad y otros.







