20 Enero 2005 Seguir en 
Sobre el cadáver del extinto sistema electoral de sublemas se apuestan supervivencias de toda especie. Unas, en favor de la resurrección del funesto mecanismo. Otras, para que su sepultura sea definitiva.
Si aún se baraja la posibilidad de que la derogada Ley de Lemas retorne en formato acotado, es porque quienes no quieren enterrarla del todo son la mayoría de los legisladores del oficialistas. Los mismos que la sacaron de vigencia en setiembre pasado. Y tienen, desde su lógica política, sobradas razones.
Los parlamentarios saben que si se habilita para ellos la reelección en 2007, con los sublemas dependen de su propia fortaleza territorial. En cambio, con el retorno a la lista única, su suerte estaría en manos de quien sea el mandamás del PJ, que será el encargado de confeccionar esa nómina de candidatos. Muchos legisladores -y muchos más concejales- volverían al llano para ser sólo punteros. A trabajar en las internas para otros, a cambio de la promesa de un nombramiento.
Pero si el bloque oficialista quiere hacer resurgir los sublemas dará esa pelea en soledad. La Casa de Gobierno se perfilaba como aliada, cuando sacudida por la derogación de la Ley de Lemas perjuró que llamaría a elección de convencionales constituyentes con ese régimen. Ahora, repiensa la amenaza.
Desde el hiperoficialismo, se encaminan envalentonados a los comicios de diputados, en octubre, en los que no hay sublemas. Y aseguran que, gracias al aparato estatal, tampoco le temen a la lista única para la modificación de la Carta Magna. "Con los intendentes encabezando las listas de las tres secciones electorales, ¿quién nos va a hacer la pata ancha?", preguntan. Y recuerdan que manejan el Congreso Provincial del PJ para armar la nómina.
Desde el sector criterioso -y minoritario- del Ejecutivo aseguran, invocando sondeos, que el pueblo no quiere la vuelta de los lemas, en ninguna versión. Y que aplicarlos sería contraproducente con la misma reforma. "Además, si la Legislatura vota un nuevo sistema electoral, resucitar los sublemas implicará judicializar la discusión. Y si caemos en Tribunales, puede que nos despidamos de la Constituyente. La Cámara en lo Contencioso Administrativo demorará seis meses. Y después, habrá que esperar a la Corte, porque no importa el fallo, seguro habrá apelación", razona uno de los abogados más lúcidos del Gobierno.
Todo por el todo
Como agravante contra la resurrección de los sublemas, el presidente de la Cámara, Fernando Juri, hizo bandera con la extinción de este sistema. Y se juega su capital político en ello. En primer lugar, apunta con su discurso a los independientes, ante quienes capitalizó la derogación de la Ley de Lemas. En esa línea, sólo recibe elogios de la oposición (centroderecha y radicales), que ven en la lista única mejores chances que con el viejo régimen. Finalmente, el vicegobernador apuesta a quedarse con la conducción del PJ. El mensaje, entonces, es que, si él maneja el partido, cuando haya reelección ninguno de sus leales quedará rezagado. Pero para que eso se concrete hay que sacar del medio al senador Julio Miranda, quien, aunque obviado en estas discusiones, sigue siendo nada menos que el presidente del PJ.
Sin estructura con la cual cobijar dirigentes mediante cargos de renta estatal, su cuota de poder se devalúa sin escala. Pero la vuelta de la lista única lo devolverá a un lugar central para el armado de las listas.
Quienes quieren consolidar a Juri y sostienen que el PJ ha sido y seguirá siendo gobierno con o sin los lemas reniegan de ello. "El peronismo necesita trascender el mirandismo para crecer -asegura un dirigente histórico muy escuchado en la Legislatura-. Miranda apostó por Ramón Ortega en el 91; por la derrota de Olijela Rivas en el 95 y por él mismo en el 99. Y a su lado encumbró a Sisto Terán y a José Alperovich. Nunca permitirá que surja otro peronista", razona.
El mirandismo se destiñe pero resiste, y el acuerdo entre Alperovich y Juri sigue revelando capítulos. Por entregas.
Si aún se baraja la posibilidad de que la derogada Ley de Lemas retorne en formato acotado, es porque quienes no quieren enterrarla del todo son la mayoría de los legisladores del oficialistas. Los mismos que la sacaron de vigencia en setiembre pasado. Y tienen, desde su lógica política, sobradas razones.
Los parlamentarios saben que si se habilita para ellos la reelección en 2007, con los sublemas dependen de su propia fortaleza territorial. En cambio, con el retorno a la lista única, su suerte estaría en manos de quien sea el mandamás del PJ, que será el encargado de confeccionar esa nómina de candidatos. Muchos legisladores -y muchos más concejales- volverían al llano para ser sólo punteros. A trabajar en las internas para otros, a cambio de la promesa de un nombramiento.
Pero si el bloque oficialista quiere hacer resurgir los sublemas dará esa pelea en soledad. La Casa de Gobierno se perfilaba como aliada, cuando sacudida por la derogación de la Ley de Lemas perjuró que llamaría a elección de convencionales constituyentes con ese régimen. Ahora, repiensa la amenaza.
Desde el hiperoficialismo, se encaminan envalentonados a los comicios de diputados, en octubre, en los que no hay sublemas. Y aseguran que, gracias al aparato estatal, tampoco le temen a la lista única para la modificación de la Carta Magna. "Con los intendentes encabezando las listas de las tres secciones electorales, ¿quién nos va a hacer la pata ancha?", preguntan. Y recuerdan que manejan el Congreso Provincial del PJ para armar la nómina.
Desde el sector criterioso -y minoritario- del Ejecutivo aseguran, invocando sondeos, que el pueblo no quiere la vuelta de los lemas, en ninguna versión. Y que aplicarlos sería contraproducente con la misma reforma. "Además, si la Legislatura vota un nuevo sistema electoral, resucitar los sublemas implicará judicializar la discusión. Y si caemos en Tribunales, puede que nos despidamos de la Constituyente. La Cámara en lo Contencioso Administrativo demorará seis meses. Y después, habrá que esperar a la Corte, porque no importa el fallo, seguro habrá apelación", razona uno de los abogados más lúcidos del Gobierno.
Todo por el todo
Como agravante contra la resurrección de los sublemas, el presidente de la Cámara, Fernando Juri, hizo bandera con la extinción de este sistema. Y se juega su capital político en ello. En primer lugar, apunta con su discurso a los independientes, ante quienes capitalizó la derogación de la Ley de Lemas. En esa línea, sólo recibe elogios de la oposición (centroderecha y radicales), que ven en la lista única mejores chances que con el viejo régimen. Finalmente, el vicegobernador apuesta a quedarse con la conducción del PJ. El mensaje, entonces, es que, si él maneja el partido, cuando haya reelección ninguno de sus leales quedará rezagado. Pero para que eso se concrete hay que sacar del medio al senador Julio Miranda, quien, aunque obviado en estas discusiones, sigue siendo nada menos que el presidente del PJ.
Sin estructura con la cual cobijar dirigentes mediante cargos de renta estatal, su cuota de poder se devalúa sin escala. Pero la vuelta de la lista única lo devolverá a un lugar central para el armado de las listas.
Quienes quieren consolidar a Juri y sostienen que el PJ ha sido y seguirá siendo gobierno con o sin los lemas reniegan de ello. "El peronismo necesita trascender el mirandismo para crecer -asegura un dirigente histórico muy escuchado en la Legislatura-. Miranda apostó por Ramón Ortega en el 91; por la derrota de Olijela Rivas en el 95 y por él mismo en el 99. Y a su lado encumbró a Sisto Terán y a José Alperovich. Nunca permitirá que surja otro peronista", razona.
El mirandismo se destiñe pero resiste, y el acuerdo entre Alperovich y Juri sigue revelando capítulos. Por entregas.







