¿Por qué aumenta la incidencia del hígado graso en niños?

Hasta hace poco era una enfermedad de adultos, y en la actualidad se ven cada vez más casos en menores de edad. Los expertos buscan respuestas a este incremento. Consejos para padres.

CAUSAS. Según investigadores, el estilo de vida moderno es la explicación más importante de esta patología. CAUSAS. Según investigadores, el estilo de vida moderno es la explicación más importante de esta patología.
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 16 Noviembre 2023

Sorpresa, confusión, temor y alarma. Eso es lo que genera el diagnóstico de hígado graso en la infancia. Es que tenemos la idea de que se trata de una enfermedad del tiempo y de estilos de vida poco saludables, propia de personas mayores, generalmente hombres que beben alcohol en exceso. Sin embargo, eso está cambiando.

Muchas personas, sin saberlo, viven con una afección llamada enfermedad no alcohólica del hígado graso (Nafld). Se trata de la patología hepática crónica más común en el mundo. Es una acumulación de grasa adicional en el hígado y su causa no es el consumo de alcohol. La prevalencia global es del 30% y está aumentando en todo el mundo.

Lo que más llama la atención es que la Nafld también está aumentando en los niños. Los pediatras de todo Estados Unidos comenzaron a informar casos de niños de tan solo dos años y durante la adolescencia con acumulaciones de células grasas en el hígado en concentraciones que normalmente no deberían existir.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo incluyen obesidad, colesterol alto, resistencia a la insulina y niveles altos de glucosa en la sangre. “Creemos que está relacionada con la falta de ejercicio y actividad física”, advirtió la doctora Blanca Lizaola-Mayo, directora médica del Centro de Trasplantes Hepáticos de Mayo Clinic en Arizona. “Vemos más niños mirando televisión y jugando videojuegos en lugar de estar jugando al aire libre. Y su alimentación también es muy importante”.

En Tucumán, el gastroenterólogo infantil del hospital Avellaneda, Nicolás Rovati, nos dio detalles de la enfermedad a partir de su experiencia. “El hígado graso es una acumulación de grasas, sobre todo de triglicéridos en el hígado pero que no tiene daño en el tejido. Normalmente se produce por malos hábitos alimentarios o sedentarismo. El problema es que si se mantienen estos hábitos o no hay un tratamiento temprano, puede llevar a un daño hepático grave”, advierte.

¿Por qué aumenta la incidencia del hígado graso en niños?

Normalmente, según explica, esta enfermedad no produce síntomas hasta que causa algún tipo de lesión celular a la que se pasa a llamar esteatohepatitis no alcohólica y se lo detecta con un análisis de sangre y una ecografía abdominal. “Las sociedades internacionales de gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica aconsejan que todos los niños con obesidad o antecedentes familiares de esta patología deben realizarse estos estudios para su detección temprana y así prevenir problemas a futuro”, recomienda.

Aunque no hay medicación específica para la cura de la enfermedad, cambiar los hábitos alimenticios y comenzar estilos de vida saludables para revertir la afección son fundamentales, según advierte Rovati.

“El hígado graso es la puerta a un síndrome metabólico que ya afecta a varios órganos y las complicaciones pueden ser mas severas”, puntualiza el gastroenterólogo.

El profesional sostiene que los programas de concientización de esta patología son muy importantes, ya que los chicos suelen ser más receptivos que los adultos. “Hay que hacerles saber que los alimentos que consumen como frituras, comidas chatarras o gaseosas pueden perjudicar su salud, al igual que no hacer actividad física”, remarca.

¿Y a los padres, qué consejos se les puede dar? “Los papás también tienen que cambiar los hábitos alimentarios, porque no solo es el niño, sino todo el grupo familiar, al igual que el estilo de vida sedentario. Animar a los chicos que practiquen algún deporte o hacer alguna actividad física siempre es importante, consumir abundante agua, bajar el consumo de grasas y azúcares. Menos tele, videojuegos y celular”, aconseja el médico.

Datos sobre el hígado

El hígado es un órgano de color marrón rojizo oscuro, con forma muy similar a un triángulo, y pesa en promedio 1.500 gramos. Está en el lado derecho del cuerpo, debajo de las costillas. Realiza una serie de funciones esenciales, pero es más conocido por filtrar toxinas. Un poco de grasa en el hígado es normal. Pero cuando más del 5% de sus células contienen grasa, la capacidad del órgano para realizar su trabajo se ve impedida, y los especialistas pediátricos contaron que algunos niños que tratan tienen hígados con entre 30 y 40 %.

De la mano del hígado graso comenzaron a volverse presentes entre los jóvenes otras afecciones que antes era exclusivas de los adultos: presión arterial alta, colesterol alto, diabetes e incluso cálculos biliares.

Muchos especialistas sostenían que la causa principal de esta enfermedad era la obesidad, sin embargo, esta es solo una parte del rompecabezas. Los científicos se sorprendieron al descubrir que no todos los niños con obesidad tienen hígado graso, y no todos los niños con enfermedad del hígado graso luchan contra el peso.

Aunque la investigación sobre las causas de la enfermedad aún se encuentra en sus primeras etapas, los expertos sí coinciden en que el estilo de vida moderno, repleto de dietas, actividades sedentarias y la exposición ambiental, es la explicación más importante de la enfermedad entre los menores de edad.

Según los especialistas, existe un desajuste entre nuestra genética y los alimentos altamente procesados y azucarados que han llegado a dominar las dietas infantiles. El azúcar, destacaron, puede ser tan dañino para el hígado como el alcohol: el exceso de glucosa en la sangre se transforma en células grasas, y esas células grasas reemplazan gradualmente a las células del hígado, lo que provoca enfermedades.

La doctora Lizaola-Mayo destacó que aunque la enfermedad no alcohólica del hígado graso no presenta síntomas, a medida que avanza, puede causar sensación de debilidad, pérdida del apetito y náuseas.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios