Mutantes

Eso de querer ser otro proliferó a destajo.

16 Enero 2005
Por Luis M. Sueldo

En China -el país de moda- lanzaron el concurso de Miss Belleza Artificial. Eso de querer ser otro proliferó a destajo en la última década, vía lifting y liposucción. El peso de la imagen es tan fuerte que derivó en una tiranía de la perfección estética.
Si como alguna vez el hombre soñó con volar como los pájaros, hoy se mira en Dorian Grey y sueña con ser inmortal. Por el momento, pretende detener el tiempo recurriendo a los artilugios quirúrgicos.
Si el perfume de alguna mujer nos queda registrado para siempre en nuestra memoria olfativa y la recordamos con fuerza cuando lo sentimos en otra, el tema ahora será grabar con exactitud en la memoria los rostros, y no precisamente porque el paso de los años sea el que vaya a modificarlos.
En tanto, la abrupta aparición de los metrosexuales remarca una tendencia narcisista. No es la cuestión, obviamente, despotricar contra la buena figura y contra las posibilidades de sentirse mejor frente al mundo. Pero una faceta que inquieta, sin entrar en connotaciones homofóbicas, es cuando la exacerbación del objetivo provoca sexualidades difusas. En la mitología griega, Narciso se enamoró de sí mismo al mirar su imagen reflejada en el agua del lago. Absorto, se cayó. Y se ahogó.
Los seres humanos sabemos que el implacable paso de los años degrada el cuerpo, y sabemos además que con ello se pierde el acceso a varios placeres. Discépolo escribió: "...fiera venganza la del tiempo /que hace ver deshecho lo que uno amó...". Claro que habría que estar atentos para no cruzar la franja de la insensatez. Descripciones casi morbosas como "me rehice toda" o "estuve veinte horas en el quirófano" marcan pautas con caracteres patológicos.
Por supuesto, no es fácil asumir que uno va perdiendo terreno. El periodista Eduardo Aliverti confesó que iba a terapia porque no podía soportar que se le cayera el pelo. Estuvo un año sin poder mirarse al espejo.
Tanto penetró la idea de que hay que modificarse para "sentirse bien" que chicas que cumplen quince años ya desechan la fiesta o el viaje al exterior y les piden a sus padres que les "banquen" una cirugía plástica (ah, también la presencia de streappers, pero eso es harina de otro costal).
Otro costado del tema que nos ocupa es la tendencia de las nuevas modelos a incorporar semejanzas en las características faciales, en la manera de moverse y en las poses de las más destacadas, con la intención de saltar rápidamente a ocupar planos relevantes. Es, de alguna manera, una extraña idea de "clonarse" o de manejarse casi en un terreno "virtual".
Tal vez por estos lares las posturas señaladas tengan mucho que ver con la subyacente manía de aparentar. Alguna pista podríamos obtener sabiendo que Argentina ocupa el segundo lugar entre los países con más cirugías estéticas, y que cuenta con la mayor cantidad de psicoanalistas en relación con la cantidad de habitantes.
Los intentos por adaptarse a un modelo irreal de belleza pueden provocar desórdenes alimentarios y depresión. Amén de además es un campo donde las garantías son relativas, como sucede siempre con la incorporación de cualquier cuerpo extraño. Está como ejemplo el caso de una legisladora que, tras un lifting, debió usar una careta de parafina, perdió la dentadura y le creció barba, como a la mujer del circo. De todas maneras parece que no hay colágeno ni magia del bisturí que alcance. Un sondeo marcó que sólo el 3 % de las argentinas se considera bella y apenas el 1 % se siente sexy. En otro plano se mueven los casos de malformaciones congénitas; bienvenida allí la evolución de las técnicas reparadoras.
El cirujano plástico José Juri dice que su especialidad suele aliviar el dolor espiritual. Pero advierte que cuando el paciente tiene pretensiones que superan el canon de la normalidad, el médico debe aconsejarle dejarle claro cuáles son los límites. Hace casi medio siglo, John Huston le decía a Marilyn Monroe: "el mejor modo de que no se te caigan las nalgas es mantener el cerebro en su sitio".

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