La importancia de la prevención

Corresponde a las autoridades aplicar el mayor celo posible.

15 Enero 2005
El trágico saldo del incendio en un boliche porteño que transformó el último día del año que pasó en una jornada luctuosa ha disparado una serie de reacciones por parte de los distintos actores que integran el cuerpo social. Los familiares y amigos de las víctimas, desgarrados por el dolor, siguen pidiendo justicia; ha surgido espontáneamente un agrupamiento juvenil que difunde desde internet la consigna "que no se repita"; y, desde los correspondientes organismos del Estado, se están llevando adelante las inspecciones y los controles que nunca debieron haberse dejado de lado.
Sin embargo, no hay muchas razones para ser demasiado optimistas. Exactamente 11 años y 10 días antes de la tragedia en el boliche República Cromagnon, la discoteca Kheyvis, en el barrio de Olivos, se convirtió en una trampa mortal para 17 de los jóvenes que habían concurrido al local para celebrar el fin del año escolar; otros 24 resultaron con heridas de distinta consideración. También en esa oportunidad la capacidad del local había sido largamente rebasada: aunque había sido habilitado para 150 personas, en la noche del siniestro había más de 600 jóvenes. Ha transcurrido más de una década, y aún no se ha determinado quiénes fueron los responsables de aquella tragedia. Pero sí se pudo comprobar que los sistemas de seguridad habían fracasado. La repetición dolorosamente magnificada de aquel siniestro casi exactamente 11 años después confirma que la prevención no fue eficaz a la hora de proponer respuestas adecuadas.
La solución del problema no es sencilla, ya que las actividades con gran convocatoria de público tienen características diversas. Es por eso que en los últimos días se han concretado revisaciones técnicas en todo el país que han alcanzado a locales bailables, cines, shoppings, bingos, bares y restaurantes, y hasta a la propia Casa Rosada. Y la observación estricta de las medidas de seguridad que deben cumplirse ha llevado indefectiblemente a la clausura de una buena cantidad de estos establecimientos.
En los controles realizados en los últimos días en Tucumán se han detectado graves irregularidades, por lo que se ha colocado la faja de clausura en las puertas de numerosos boliches. Sin embargo, los propietarios de algunos de estos locales decidieron ignorar la disposición de los inspectores y violaron la prohibición de seguir funcionando.
Esta actitud muestra un preocupante desprecio por el mínimo orden indispensable para desarrollar una convivencia civilizada. Y es prueba, al mismo tiempo, de la temeraria actitud de los jóvenes que desoyen las advertencias sobre la inseguridad de las instalaciones y concurren desaprensivamente sin tomar conciencia de que lo que puede estar en juego es su propia vida.
Los dueños de los boliches sostienen que el municipio los había autorizado a funcionar antes de que comenzaran a realizarse estos controles estrictos, como si este fuera un justificativo válido para no cumplir con las normas vigentes. El origen del problema es más profundo. Las medidas de prevención no pueden exhibirse como un atractivo, ni rinden dividendos económicos que puedan asentarse en un balance. Son eficaces si no se produce ningún hecho espectacular, por lo que no seduce a ningún empresario la necesidad de invertir considerables sumas de dinero en ese rubro.
Corresponde a las autoridades aplicar el mayor celo posible en la exigencia del cumplimiento de las normas en vigencia, en equilibrio con los razonables intereses de los empresarios de continuar con el desarrollo de su actividad, y el derecho de los jóvenes a disponer de locales de diversión en los cuales no esté en juego su vida.

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