14 Enero 2005 Seguir en 
La propuesta que anunció Lavagna no tuvo muchas novedades respecto de lo que se anticipó en noviembre.
La presentación estuvo concentrada en demostrar todos los argumentos e incentivos posibles para que los acreedores no rechacen la oferta. En verdad, remarcó más los castigos que podría haber en caso de que algún acreedor no decida aceptar. Como decimos los economistas, Lavagna subrayó más los palos que le van a dar al bonista que no entra en el canje que los incentivos que tiene al entrar.
Esto tiene una razón, porque los incentivos son muy bajos, ya que lo que está ofreciendo la Argentina tiene un recorte enorme.Hay tres tipos de palos para los bonistas rebeldes. El primero tiene que ver con la cláusula del acreedor más favorecido, en la que la Argentina se compromete a que cualquier otra mejora que decida hacerse va a distribuirse entre todos los bonistas.
Así, el Gobierno se ata de manos para mejorar la oferta porque por un centavo que le mejore a un bonista que se quede afuera tendría que reconocérselo a todos. El segundo palo es decirles a los bonistas que con un 50% de aceptación de la oferta, el Gobierno se da por satisfecho. Es un doble mensaje, porque los bonistas saben que lograr el 50% es bastante sencillo y quedarse afuera es arriesgarse a no poder entrar más en la oferta. Aquí viene la discusión sobre cuál va a ser la actitud del FMI si es que la Argentina sólo logra el 50% de aceptación; pero el Gobierno piensa jugarse entero para que el porcentaje sea mayor.
El tercer palo de Lavagna es el de la amenaza judicial. Aclaró: "no vamos a poner negociadores con la gente que esté afuera, sino que vamos a poner abogados que van a litigar con el cuchillo entre los dientes". Lavagna trató de desincentivar a los que pretenden quedarse afuera, más que incentivar a los que entran. Si bien las dos vías conducen al mismo objetivo, el énfasis está puesto de manera distinta. (Exclusivo para LA GACETA)
La presentación estuvo concentrada en demostrar todos los argumentos e incentivos posibles para que los acreedores no rechacen la oferta. En verdad, remarcó más los castigos que podría haber en caso de que algún acreedor no decida aceptar. Como decimos los economistas, Lavagna subrayó más los palos que le van a dar al bonista que no entra en el canje que los incentivos que tiene al entrar.
Esto tiene una razón, porque los incentivos son muy bajos, ya que lo que está ofreciendo la Argentina tiene un recorte enorme.Hay tres tipos de palos para los bonistas rebeldes. El primero tiene que ver con la cláusula del acreedor más favorecido, en la que la Argentina se compromete a que cualquier otra mejora que decida hacerse va a distribuirse entre todos los bonistas.
Así, el Gobierno se ata de manos para mejorar la oferta porque por un centavo que le mejore a un bonista que se quede afuera tendría que reconocérselo a todos. El segundo palo es decirles a los bonistas que con un 50% de aceptación de la oferta, el Gobierno se da por satisfecho. Es un doble mensaje, porque los bonistas saben que lograr el 50% es bastante sencillo y quedarse afuera es arriesgarse a no poder entrar más en la oferta. Aquí viene la discusión sobre cuál va a ser la actitud del FMI si es que la Argentina sólo logra el 50% de aceptación; pero el Gobierno piensa jugarse entero para que el porcentaje sea mayor.
El tercer palo de Lavagna es el de la amenaza judicial. Aclaró: "no vamos a poner negociadores con la gente que esté afuera, sino que vamos a poner abogados que van a litigar con el cuchillo entre los dientes". Lavagna trató de desincentivar a los que pretenden quedarse afuera, más que incentivar a los que entran. Si bien las dos vías conducen al mismo objetivo, el énfasis está puesto de manera distinta. (Exclusivo para LA GACETA)







