13 Enero 2005 Seguir en 
Buenos Aires.- El ministro de Economía, Roberto Lavagna, hizo una enfática defensa de la oferta de canje de deuda que lanzó la Argentina por unos U$S 82.000 millones, aseguró que no habrá una mejora de la propuesta y dijo que cuando se alcance el 50% de adhesión podrá considerarse superado el default.
El titular del Palacio de Hacienda garantizó que no hay letra chica en la presentación formuladas por la Argentina a los bonistas y que todo es muy transparente. Pero la mayor sorpresa llegó cuando sugirió que con una adhesión del 50% la Argentina empezaría a darse por satisfecha, aunque el Gobierno y el propio mercado esperan, en realidad, una aceptación cercana al 70%.
Según el razonamiento de Lavagna, como hay un 43% de la deuda argentina que se está pagando normalmente, si se alcanza el 50% de aceptación al canje de bonos por U$S 82.000 millones se habrán podido normalizar las dos terceras partes de la deuda total del país, y por eso se puede considerar que se salió del default.
Durante el acto de lanzamiento de la oferta, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, hizo una presentación técnica, a la que se sumaron el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, y al subsecretario de Financiamiento, Sebastián Palla. Luego apareció en el microcine del Palacio de Hacienda el ministro Lavagna, para realizar su contundente defensa política de la oferta.
En su discurso, Lavagna aseguró que la Argentina ha pagado un costo enorme por el default y por la recesión en la que ingresó el país en 1998. "El Gobierno enmarcó su propuesta en una política de no endeudamiento, para generar un superávit que permita pagar las obligaciones de la deuda y las que surjan de esta reestructuración", sostuvo, y advirtió a los bonistas que los títulos no canjeados pueden permanecer indefinidamente en cesación de pagos.
Además, lanzó una alerta, puesto que la iliquidez que ya afecta a estos bonos se puede agravar aún más -dijo-, y recordó que el 100% de la capacidad de pago de la Argentina se destinará a la compra de deuda en condiciones normales. En el mismo tenor, advirtió que si algunos bonistas deciden recurrir a la Justicia para cobrar la deuda en default, la Argentina no asumirá una actitud pasiva. "Habrá quienes opten por la vía judicial, y ante esa alternativa el país llevará adelante una política que no será sólo de defensa pasiva. Si es necesario, no descartamos usar la vía judicial como demandantes en defensa de los intereses nacionales", dijo. En otro orden, si bien aceptó que en las próximas semanas retomará el diálogo con el FMI, dejó planteadas una serie de condicionamientos para la discusión. Lavagna se pronunció a favor de una relación madura en torno de dos ejes: dijo que la sustentabilidad de mediano plazo debe pasar por encima de las soluciones fáciles y que la calidad de las políticas macroeconómicas no depende de cumplir con condicionalidades y acciones previas, sino de asegurar la circularidad y simultaneidad de crecimiento y reformas. (NA-DyN)
DURO Y CONTRA TODOS
CAJITA FELIZ.- "En los ?90, cuando la deuda crecía sin parar, a la Argentina la elogiaban en todos los foros internacionales porque era una especie de cajita feliz de buenos negocios".
UN MAL FESTEJO.- "El default nunca mereció ser festejado. Nunca hubiéramos llegado a ese punto, si habríamos tomado nota de los crecientes desequilibrios macroeconómicos que se fueron acumulando desde la segunda mitad de 1994".
POR EL CRECIMIENTO.- "La pregunta es si podemos pagar más y más rápido. La respuesta es sí, si logramos seguir creciendo. Creemos que podemos lograrlo y por eso hemos propuesto un cupón ligado al crecimiento".
UNA PARADOJA.- "Ahora que la Argentina asumió un camino serio de recuperación, los mismos que aplaudían en los ?90, cuando nos endeudábamos, ahora nos critican".
NO AL BID.- "El mundo está lleno de economistas conservadores e hiperortodoxos deseosos de agradar al mundo financiero. En el BID no van a querer a un economista inclinado por la producción y el empleo".
MALA EXPERIENCIA.- "Nadie en su sano juicio puede recomendarle a ningún país del mundo que pase por la experiencia argentina, ya que se vivió la recesión económica más larga y profunda en un siglo y medio; pobreza, indigencia y desarticulación política".
El titular del Palacio de Hacienda garantizó que no hay letra chica en la presentación formuladas por la Argentina a los bonistas y que todo es muy transparente. Pero la mayor sorpresa llegó cuando sugirió que con una adhesión del 50% la Argentina empezaría a darse por satisfecha, aunque el Gobierno y el propio mercado esperan, en realidad, una aceptación cercana al 70%.
Según el razonamiento de Lavagna, como hay un 43% de la deuda argentina que se está pagando normalmente, si se alcanza el 50% de aceptación al canje de bonos por U$S 82.000 millones se habrán podido normalizar las dos terceras partes de la deuda total del país, y por eso se puede considerar que se salió del default.
Durante el acto de lanzamiento de la oferta, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, hizo una presentación técnica, a la que se sumaron el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, y al subsecretario de Financiamiento, Sebastián Palla. Luego apareció en el microcine del Palacio de Hacienda el ministro Lavagna, para realizar su contundente defensa política de la oferta.
En su discurso, Lavagna aseguró que la Argentina ha pagado un costo enorme por el default y por la recesión en la que ingresó el país en 1998. "El Gobierno enmarcó su propuesta en una política de no endeudamiento, para generar un superávit que permita pagar las obligaciones de la deuda y las que surjan de esta reestructuración", sostuvo, y advirtió a los bonistas que los títulos no canjeados pueden permanecer indefinidamente en cesación de pagos.
Además, lanzó una alerta, puesto que la iliquidez que ya afecta a estos bonos se puede agravar aún más -dijo-, y recordó que el 100% de la capacidad de pago de la Argentina se destinará a la compra de deuda en condiciones normales. En el mismo tenor, advirtió que si algunos bonistas deciden recurrir a la Justicia para cobrar la deuda en default, la Argentina no asumirá una actitud pasiva. "Habrá quienes opten por la vía judicial, y ante esa alternativa el país llevará adelante una política que no será sólo de defensa pasiva. Si es necesario, no descartamos usar la vía judicial como demandantes en defensa de los intereses nacionales", dijo. En otro orden, si bien aceptó que en las próximas semanas retomará el diálogo con el FMI, dejó planteadas una serie de condicionamientos para la discusión. Lavagna se pronunció a favor de una relación madura en torno de dos ejes: dijo que la sustentabilidad de mediano plazo debe pasar por encima de las soluciones fáciles y que la calidad de las políticas macroeconómicas no depende de cumplir con condicionalidades y acciones previas, sino de asegurar la circularidad y simultaneidad de crecimiento y reformas. (NA-DyN)
CAJITA FELIZ.- "En los ?90, cuando la deuda crecía sin parar, a la Argentina la elogiaban en todos los foros internacionales porque era una especie de cajita feliz de buenos negocios".
UN MAL FESTEJO.- "El default nunca mereció ser festejado. Nunca hubiéramos llegado a ese punto, si habríamos tomado nota de los crecientes desequilibrios macroeconómicos que se fueron acumulando desde la segunda mitad de 1994".
POR EL CRECIMIENTO.- "La pregunta es si podemos pagar más y más rápido. La respuesta es sí, si logramos seguir creciendo. Creemos que podemos lograrlo y por eso hemos propuesto un cupón ligado al crecimiento".
UNA PARADOJA.- "Ahora que la Argentina asumió un camino serio de recuperación, los mismos que aplaudían en los ?90, cuando nos endeudábamos, ahora nos critican".
NO AL BID.- "El mundo está lleno de economistas conservadores e hiperortodoxos deseosos de agradar al mundo financiero. En el BID no van a querer a un economista inclinado por la producción y el empleo".
MALA EXPERIENCIA.- "Nadie en su sano juicio puede recomendarle a ningún país del mundo que pase por la experiencia argentina, ya que se vivió la recesión económica más larga y profunda en un siglo y medio; pobreza, indigencia y desarticulación política".







