08 Junio 2015 Seguir en 
Violó a dos de sus hijos, fue a juicio, lo condenaron, se fugó del calabozo y deambuló por las calles de la zona sur de la capital durante casi dos meses, hasta que la Policía lo capturó.
J.N.A. (su nombre se mantiene en reserva para proteger a las víctimas) tiene 34 años. En 2012, su esposa lo había denunciado porque su hija de nueve años le había contado que el hombre abusaba de ella. Cuando la niña fue citada a declarar en cámara gessel, los profesionales que escucharon su relato se llevaron una sorpresa: ella no era la única víctima de los ataques sexuales de su padre. Un hermano de la niña, de siete años, también había sufrido los abusos.
Desde ese momento, el hombre quedó detenido en la seccional 8ª. En diciembre del año pasado se desarrolló el juicio oral y la Sala VI de la Cámara Penal (integrada por Stella Maris Arce, Alicia Freidenberg y Marta Cavallotti) lo encontró culpable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Le dictaron una pena de 25 años de prisión.
El escape
El condenado debería haber sido alojado en el penal de Villa Urquiza. Sin embargo, según explicaron fuentes policiales, el traslado no se concretaba porque no había cupo en la penitenciaría. Así continuó alojado en la dependencia policial, de donde escapó el 11 de abril.
Desde ese día, personal de la división Búsqueda y Captura de Prófugos, a cargo del oficial Héctor Pérez, intentaba dar con él. Tras realizar tareas de inteligencia e investigación, consiguieron atraparlo.
La detención
J.N.A. cayó en manos de la Policía el viernes a la mañana, en calle Larrea al 3.700. “Pudimos determinar que, al no tener quien lo resguarde, esta persona andaba de un lugar a otro por la zona sur”, comentó Pérez. En cuanto se le comunicó de la captura, la Sala VI ordenó el inmediato traslado del abusador al penal de Villa Urquiza. Quedó alojado en la “Unidad 9”, denominada de “Máxima Seguridad”.
El problema de la superpoblación carcelaria obliga a que muchos presos que deberían estar a resguardo del servicio penitenciario, continúen alojados en las comisarías en celdas pequeñas, sin ser sometidos a ningún tipo de tratamiento carcelario. Recién este año comenzaron las obras para ampliar la capacidad de la cárcel.
J.N.A. (su nombre se mantiene en reserva para proteger a las víctimas) tiene 34 años. En 2012, su esposa lo había denunciado porque su hija de nueve años le había contado que el hombre abusaba de ella. Cuando la niña fue citada a declarar en cámara gessel, los profesionales que escucharon su relato se llevaron una sorpresa: ella no era la única víctima de los ataques sexuales de su padre. Un hermano de la niña, de siete años, también había sufrido los abusos.
Desde ese momento, el hombre quedó detenido en la seccional 8ª. En diciembre del año pasado se desarrolló el juicio oral y la Sala VI de la Cámara Penal (integrada por Stella Maris Arce, Alicia Freidenberg y Marta Cavallotti) lo encontró culpable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Le dictaron una pena de 25 años de prisión.
El escape
El condenado debería haber sido alojado en el penal de Villa Urquiza. Sin embargo, según explicaron fuentes policiales, el traslado no se concretaba porque no había cupo en la penitenciaría. Así continuó alojado en la dependencia policial, de donde escapó el 11 de abril.
Desde ese día, personal de la división Búsqueda y Captura de Prófugos, a cargo del oficial Héctor Pérez, intentaba dar con él. Tras realizar tareas de inteligencia e investigación, consiguieron atraparlo.
La detención
J.N.A. cayó en manos de la Policía el viernes a la mañana, en calle Larrea al 3.700. “Pudimos determinar que, al no tener quien lo resguarde, esta persona andaba de un lugar a otro por la zona sur”, comentó Pérez. En cuanto se le comunicó de la captura, la Sala VI ordenó el inmediato traslado del abusador al penal de Villa Urquiza. Quedó alojado en la “Unidad 9”, denominada de “Máxima Seguridad”.
El problema de la superpoblación carcelaria obliga a que muchos presos que deberían estar a resguardo del servicio penitenciario, continúen alojados en las comisarías en celdas pequeñas, sin ser sometidos a ningún tipo de tratamiento carcelario. Recién este año comenzaron las obras para ampliar la capacidad de la cárcel.







