El dólar, toda una pasión argentina

Verdadero manual que intenta responder todas las preguntas que genera "una sombra verde gigantesca sobre este país condenado al éxito…" .

03 Nov 2013
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CLAVE. Tras cada argentino que aspira a un dólar opera una red que fija orientaciones políticas y económicas. LA GACETA / ARCHIVO

 Ensayo

Estoy verde

ALEJANDRO BERCOVICH  Y ALEJANDRO REBOSSIO 

(Aguilar - Buenos Aires)

El libro se llama Estoy verde y lleva como subtítulo Dólar: una pasión argentina. En realidad, lo primero que urge aclarar es que se trata de una generalización y que, como toda generalización, debe ser formulada en un contexto adecuado. Para millones y millones de argentinos el dólar ha sido y es una referencia lejana, cuando no remota, por qué no ignorada. Para las clases excluidas, o en todo caso compelidas a subsistir a como dé lugar, la divisa estadounidense es como mucho un objeto que ven circular en las películas, un título catástrofe en los diarios, un ajeno segmento de los noticiarios o un ingrediente más en la jerigonza de los discursos políticos.

Para las otras clases, las clases altas y las clases medias, argentinidad y dólar, cómo no, se corresponden con un desvelo que consta en la agenda cotidiana, y eso por razones de estricto interés personal y también porque interpretan que en esa tensión se inscriben grandes trazos que atañen al país en tanto colectivo. Eso sí que es innegable. Así entendido, el dólar supone un indicador que trasciende, por mucho, la capacidad de viajar, de comprar y de ahorrar. Detrás de cada argentino que aspira al dólar pulsa una vasta y compleja red que determina una orientación política, la macro economía y la economía, a secas. Etcétera.

Eso sí. El dólar, la profunda y brumosa relación de buena parte de los argentinos y el dólar debe ser fechada en un lapso histórico que no sólo va más allá del vigente cepo cambiario, y de "quien depositó dólares, recibirá dólares", y del "un peso, un dólar", y del tristemente célebre "deme dos". Allá por los 50, en horas de singular agitación, en medio de un encendido discurso el mismísimo general Perón se refirió al tema en clave imperativa: "dólar, dólar, dólar, ¿cuándo vieron un dólar?".

Voz que monologa
Y del dólar, de sus anchos horizontes y sus correlatos teóricos y prácticos, de lo chico y de lo grande, de lo conceptual y lo anecdótico, va el espléndido libro de Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio, un verdadero manual que intenta responder todas, absolutamente todas las preguntas que fomenta "una sombra verde gigantesca sobre este país condenado al éxito…" Sic de los autores en una imperdible introducción en la que el dólar deviene voz que monologa y cierra con un interrogante igual de áspero que de sugestivo: "En definitiva, ¿cómo puedo yo andar calificando las conductas de los hombres, si solo soy un fetiche creado por ellos?"

Menos metafóricas y menos filosóficas son las jugosas entrevistas y las agudas conclusiones que pugnan por decodificar la cocina de las cuevas, la batalla naval de la oferta y la demanda, la fuga de capitales, el contrabando, los malabares (virtuosos o viciosos) de los gobernantes, las operaciones (virtuosas, viciosas o abiertamente mafiosas) de vivillos y otras yerbas y, en definitiva, la babel que dispara la posesión y/o, acumulación y/o ostentación del dólar.

El dólar, entre múltiples cosas, es tal vez un crudo retrato de un mal observado por el psicoanalista austrohúngaro Wilhem Reich hacia comienzos del Siglo XX. A Reich le llamaba la atención la devoción que causaba el dinero. Hablaba de una suerte de psicosis social y lo explicaba más o menos así: si una persona habla sola, la llamamos loca; pero nos resultan de lo más normales las personas que marchan frenéticamente detrás de papeles coloreados.

© LA GACETA
WALTER VARGAS

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Buenos Aires
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