Sin testigos de nuestras limitaciones

Por Osvaldo Aiziczon - PARA LA GACETA - TUCUMÁN

11 Marzo 2012
El niño que nos habita, aún adultos, siempre necesita cuidados, incluido que alguien decida por nosotros mejor que nosotros mismos. Preferimos ser ayudados, sin que parezca que haya alguien haciéndolo, para no quedar deudores ante un testigo de nuestras limitaciones. La autoayuda ayuda, entonces, en la medida que creemos aprender de la experiencia ajena. El éxito editorial y comercial de estos libros nace en el momento en que el autor desaparece disimuladamente de la escena dejándonos un texto que se hará nuestro, luego de comprar el libro, por supuesto. Creeremos por la vía de la sugestión que somos capaces de hacer lo que no podíamos, que lo que parecía ser malo puede ser bueno -y viceversa-. Y que podremos curarnos solos destrabando miedos ahora ablandados.

Algún lector pensará que los textos de autoayuda tiene la misma estructura que la publicidad. Y tendrá razón: en nuestros escenarios internos solemos hacer público nuestro anhelo de que todo es posible. Pero, claro, una cosa es sonreír al ver un niño sintiéndose Superman volando, y otra dejarlo arrojarse por la ventana. La sugestión se disfraza de aprendizaje y los textos de autoayuda piden mínimamente identificación por parte de un lector visualizado como disminuido, agobiado y con autoestima en franca derrota. El gran éxito editorial de estos textos muestra, sin habérselo propuesto, una altísima estadística de proyectos fracasados. No impide, claro está, que la sugestión se torne ilusión y coincida así con la segunda edición del libro.

Indagaciones y consignas

Mientras tanto, ¿qué dicen la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis? Ubicados en el análisis de la subjetividad temen alejarse de la realidad. Corren el riesgo de dar respuestas en lugar de mejorar preguntas. Una realidad que al ser abandonada dejaría a estos profesionales a mitad de camino entre el esoterismo y explicaciones confusas. Una realidad que también indica que gran parte de la población prefiere obedecer consignas antes que indagar en las motivaciones de sus padecimientos. No es este el lugar para ver las complicadas relaciones existentes entre obediencia e ignorancia. Pero más allá de titánicas angustias hay vacíos que se llenan con cualquier cosa.

Es de destacar que en numerosos textos de autoayuda se invoca a la fe para fortificar mensajes; con ello se aseguran buenos propósitos y mayores adhesiones. Las temáticas universales, como la del amor, son especialmente atendidas por verdaderos gurúes, siempre listos para desentrañar los misterios de las humanas pasiones. Lo cierto parece ser que la mecánica de producción de estos textos consiste en adjudicar un "qué le pasa" al lector respondiéndole con un "cómo hacer" ya que el consejo debe concluir junto con el libro. Y que esto no parezca poco, ya que uno de los mayores deseos de un niño es que lo cuiden sin que lo controlen.

Qué épocas aquellas en que los libreros leían lo que vendían.

© LA GACETA

Osvaldo Aiziczon - Psicoanalista, psicólogo clínico y social. Coordinador de Radio Universidad

Comentarios