Desde el balcón de LA GACETA uno intenta imaginarse otra postal; busca hacerse la cabeza y volar y volar más allá. Quizás no sea mala idea pirar para Jamaicha. No se puede. Los refuerzos están en llamas. No hay lugar. Se viene el Carnaval, qué lindo. Y nosotros acá, peleándole al calor de un horno de cemento enemigo de la paz de una lluvia refrescante. El ritmo de la redacción no es de candombe ni de salsa ni de batucada. Cada uno lo prepara y cocina a su manera. Están los amantes del varieté y demás, pero yo le apunté a la yugular a David Guetta.
El francés tiene movida. Su música envuelve, entona, te ratonea con poner segunda y arrancar a fondo para esos lares donde hoy está la conga, el frenesí. Quiero a Jamaicha y a su calor flanqueando la oficina mientras escribo noticias y escucho a Guetta. ¿Es posible? Sí, claro. Soñar no cuesta nada...
El francés tiene movida. Su música envuelve, entona, te ratonea con poner segunda y arrancar a fondo para esos lares donde hoy está la conga, el frenesí. Quiero a Jamaicha y a su calor flanqueando la oficina mientras escribo noticias y escucho a Guetta. ¿Es posible? Sí, claro. Soñar no cuesta nada...







