Cuentos para leer con los ojos bien abiertos

Cuentos para leer con los ojos bien abiertos

Una selección de siete notables historias tomada de los libros de Nielsen. Hernán Carbonel

08 Enero 2012
La fe ciega, de Gustavo Nielsen, está compuesto por apenas siete cuentos, pero esa mínima cantidad basta para reafirmar un estilo narrativo sólido y dueño -como cada buena narrativa- de un sello propio -cosa que bien puede advertirse también en las novelas de Nielsen-, además de abrir abanicos argumentales y, a la vez, buscar conexiones, lazos, correspondencias temáticas y estilísticas entre los relatos. De modo que en todo buen cuento puede haber mucho, pero siempre hay más de lo que se dice. Pasemos a ellos.
En el texto que da nombre al libro y en El café de los micros (primer premio del concurso literario Viene a Cuento y publicado en una antología de Tusquets) sobrevuelan o se estampan explícitamente la figura oscura de un padre y la complejidad de los lazos familiares ("Había odiado en vida a mi padre; ahora no iba a cambiar de sentimiento"). Adiós, Bob está dedicado "a las víctimas civiles del terrorismo mundial", desde la óptica de una inmigrante argentina en Nueva York. Turf es quizás el más extraño al conjunto: la historia de una estafa en el hipódromo platense.
Aniquilación de un poema y La vida cantada (ambientado en un programa radial llamado Chancho de fuego, conducido por un gay y al que concurren dos escritoras: una veterana, consagrada, conservadora; la otra joven, novel, posmoderna) aparecen como representaciones en clave de mofa de las modas e histerias literarias, y de cómo a veces basta romper ciertos códigos para caer sencillamente en el ridículo; ambos están cruzados por un humor lacerante y corrosivo, regados por las viscosas capas de un erotismo acechante, cuando no por una lujuria a flor de piel, y otras hierbas malolientes como el ego extremo y la codicia.
Pero Nielsen, además, hace reír. Se toma la licencia de burlarse -respetuoso, compinche- de escritores amigos, de los nombres de las editoriales y las revistas literarias, y hasta de sí mismo:

-¿Y el de Nielsen, qué hago con el libro de Nielsen?
- Quemalo.


Y desliza en algún pasaje rasgos autobiográficos: "Soy arquitecto. Construyo las casas donde ustedes viven (?) Creo solamente en mi trabajo, en los edificios que levanto, en las ventanas que abro, en los muros que derribo".
El volumen, en definitiva, es una selección de textos de los tres libros de cuentos que Nielsen tiene publicados -Playa quemada, Marvin, y Adiós, Bob- para esta edición de la editorial española Páginas de Espuma, que en la Argentina distribuye La Compañía. Como se dijo, el libro toma el nombre de uno de los relatos; pero el relato, a su vez, toma su nombre de una sentencia: "La fe ciega es una redundancia; sobre la ceguera o la falta de fe. Para creer hay que cerrar los ojos". Para leer a Nielsen, hay que abrirlos. Bien abiertos. Y predisponerse a las emociones y las carcajadas. © LA GACETA

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