Entre el escepticismo y el recelo

20 Oct 2011 Por Juan José Concha Martinez
El anuncio no fue una sorpresa para buena parte de España y se lo tomó con un cauteloso optimismo. Aunque bien puede calificarse de "histórica" su decisión, el último grupo armado reconocido en Europa aparecía en clara declinación.

Este adiós a las armas de la ETA (Euskadi Ta Askatasuna, quiere decir Patria Vasca y Libertad) llega en un momento electoral y ante un previsible cambio de gobierno (el presidente del Partido Popular; Mariano Rajoy está para ganarle las elecciones al socialista Alfredo Pérez Rubalcaba), en un escenario de dura crisis económica con graves secuelas para el mercado laboral español, tras un tregua que la misma banda se impuso, y en medio de un generalizado clamor para que abandone la actividad terrorista.

El grupo surgió en 1959 para luchar contra el régimen dictatorial de Francisco Franco y para buscar la independencia del País Vasco. Ese escenario se modificó sustancialmente con los años, en especial con el regreso de la democracia y tras la tenaz estrategia de los gobiernos españoles en desarticular sus estructuras.

Unos 500 presos de ETA cumplen actualmente penas de prisión y en el registro histórico quedan los gravísimos atentados con cientos de muertos y heridos que  la ETA cometió y que le significaron una progresiva repulsa. Con todo, a este anuncio tendría algunas cosas sueltas. En España se preguntan porque no dijeron nada respecto de una entrega de las armas, ni tampoco de una disolución efectiva de la organización.

Hasta aquí, la ETA había dicho varias veces que se proponía dejar de matar, medidas que en su momento no pudo sostener. Por eso, asociaciones de las víctimas y de guardias de seguridad se mostraron escépticos y recelosos.

Hace unas semanas asumieron el compromiso de cooperar con una comisión internacional de verificación de su alto el fuego. Y ahora este anuncio fue el siguiente paso. Muchos en España y el todo el mundo espera que realmente sea el definitivo. LA GACETA ©
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