Tal vez un cierto parecido a Alonso Quijano, más famoso en su apelativo Don Quijote de La Mancha, resulte interesante. El personaje de Miguel Cervantes, creado allá por el siglo XVII, quedó preso de una locura a causa de su "fanatismo" por las novelas de caballería y se terminó creyendo un ilustre más. Pero acá, cuatro siglos adelante, hay otro caballero, que al igual que el enloquecido protagonista, supera toda serie de obstáculos y aventuras, sólo que en este caso son reales y no producto de la imaginación. Se trata de Ariel Tapia, el destacado polista y jugador de pato que el fin de semana pasado llegó a la provincia para jugar en Tafí del Valle.
Tapia fue, entre los jugadores congregados, el que llegó con más ventaja (goles) y no defraudó. Además, se encargó de alzar aún más alto el nivel de la gran competencia que se desplegó en los valles.
Seguramente que el amado personaje estaba muy lejos del buen pasar del deportista en cuestión, que no por nada puede dedicarse de lleno a tales disciplinas. Sin embargo, hay algo en común: ambos son jinetes de tiempo completo. "Desde los dos años que paso más tiempo arriba del caballo que caminando", confiesa Ariel, que aprovechó su gran destreza con el corcel para dedicarse al juego que más le gusta: el pato. Oriundo de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, Tapia visitó la villa turística por tercera vez. En 2005 había arribado para ser árbitro en los encuentros del torneo. "Los chicos me llamaron para dirigir, no me dejaban jugar porque en ese momento yo era el mejor, venía de ganar el Olimpia de Plata y el nivel de juego en ese entonces no era muy bueno", declara, sin dejar escapar la humildad en su tono.
Pero para el jugador esta tercera visita, después haber participado en 2010 integrando el equipo campeón del verano, fue distinta. "El pato avanzó muchísimo. Este torneo estuvo muy bien organizado", cuenta, y sigue reconociendo que los partidos se hicieron tan duros que terminó más cansado acá, que luego de los torneos más importantes de Buenos Aires. "Los jugadores quieren ganar, tienen mucha ambición a la hora de jugar y el ritmo de los caballos es tan bueno que les permiten lograr ese objetivo", destaca.
Pero el hombre también analiza el entorno, no se le escapa nada y para participar tiene en cuenta un detalle más que importante. "Me gusta venir a Tucumán porque me tratan bien y la paso de 10. Al final eso termina siendo lo más interesante. No importa si no podes ganar el torneo. La idea es venir una semana de vacaciones y de paso a jugar al pato, que es lo que más me gusta", manifestó.
En cuanto al futuro, la visión es clara. "También jugué al polo. Lo hice durante 10 años, pero desde 2010 me dedico de lleno al pato y planeo seguir haciéndolo por lo menos durante cinco años más, cuando ya sea un deportista retirado", expresó.
El motivo para tal elección es más que considerable. Sus hijos comenzaron a iniciarse en el deporte nacional por definición y eso pesó a la hora de decidir por uno u otro ejercicio. "Para mi es un orgullo que los hijos aprendan de uno y le tomen cariño al pato", dice Tapia y no deja de destacar que fue muy emotivo que su hijo Matías lo acompañe en este torneo. El joven integró el mismo equipo que su papá y juntos salieron terceros, con el conjunto que representó a La Casona-Marta Zurita.
Será que finalmente este caballero del pato encontró a su Sancho Panza. Aquél compañero con el cual podrá entablar una amistad única, a medida que transcurren las aventuras, siempre en una cancha de pato como el principal escenario.
Tapia fue, entre los jugadores congregados, el que llegó con más ventaja (goles) y no defraudó. Además, se encargó de alzar aún más alto el nivel de la gran competencia que se desplegó en los valles.
Seguramente que el amado personaje estaba muy lejos del buen pasar del deportista en cuestión, que no por nada puede dedicarse de lleno a tales disciplinas. Sin embargo, hay algo en común: ambos son jinetes de tiempo completo. "Desde los dos años que paso más tiempo arriba del caballo que caminando", confiesa Ariel, que aprovechó su gran destreza con el corcel para dedicarse al juego que más le gusta: el pato. Oriundo de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, Tapia visitó la villa turística por tercera vez. En 2005 había arribado para ser árbitro en los encuentros del torneo. "Los chicos me llamaron para dirigir, no me dejaban jugar porque en ese momento yo era el mejor, venía de ganar el Olimpia de Plata y el nivel de juego en ese entonces no era muy bueno", declara, sin dejar escapar la humildad en su tono.
Pero para el jugador esta tercera visita, después haber participado en 2010 integrando el equipo campeón del verano, fue distinta. "El pato avanzó muchísimo. Este torneo estuvo muy bien organizado", cuenta, y sigue reconociendo que los partidos se hicieron tan duros que terminó más cansado acá, que luego de los torneos más importantes de Buenos Aires. "Los jugadores quieren ganar, tienen mucha ambición a la hora de jugar y el ritmo de los caballos es tan bueno que les permiten lograr ese objetivo", destaca.
Pero el hombre también analiza el entorno, no se le escapa nada y para participar tiene en cuenta un detalle más que importante. "Me gusta venir a Tucumán porque me tratan bien y la paso de 10. Al final eso termina siendo lo más interesante. No importa si no podes ganar el torneo. La idea es venir una semana de vacaciones y de paso a jugar al pato, que es lo que más me gusta", manifestó.
En cuanto al futuro, la visión es clara. "También jugué al polo. Lo hice durante 10 años, pero desde 2010 me dedico de lleno al pato y planeo seguir haciéndolo por lo menos durante cinco años más, cuando ya sea un deportista retirado", expresó.
El motivo para tal elección es más que considerable. Sus hijos comenzaron a iniciarse en el deporte nacional por definición y eso pesó a la hora de decidir por uno u otro ejercicio. "Para mi es un orgullo que los hijos aprendan de uno y le tomen cariño al pato", dice Tapia y no deja de destacar que fue muy emotivo que su hijo Matías lo acompañe en este torneo. El joven integró el mismo equipo que su papá y juntos salieron terceros, con el conjunto que representó a La Casona-Marta Zurita.
Será que finalmente este caballero del pato encontró a su Sancho Panza. Aquél compañero con el cual podrá entablar una amistad única, a medida que transcurren las aventuras, siempre en una cancha de pato como el principal escenario.







