31 Enero 2010 Seguir en 
"Se liga el carnaval a los pueblos de tradición cristiana donde la fiesta pública y pagana fue puesta entre la Fiesta de Reyes, el 6 de enero, y el Miércoles de Ceniza, cuando comienza la Cuaresma y en realidad todos los pueblos de la historia de la humanidad han tenido su fiesta de liberación", dice el psicoanalista José Azar y añade que los hebreos lo hacían en honor a Pharino y los egipcios adorando al buey Apis, los griegos en las bacanales, los romanos en las saturnales y la Europa de la Edad Media con las Fiestas de Locos e Inocentes.
"Es la fiesta de exceso del disfraz y del permiso de lo prohibido que ritualiza la alegría ligada a la Pascua de la liberación, en el sentido de la pascua judía. Un momento en el cual nos tratamos de liberar de todo aquello que aprisiona, igual que sucede en el sueño", dice Azar.
"El mojarse con agua es propio de la Argentina y del Uruguay. Los rusos exhibían fieras y osos, los ingleses festejaban en privado dentro de cada casa, los afroamericanos de Haití vestían máscaras de blanco y los africanos se disfrazaban de europeos. En el Carnaval de Venecia -explica- el misterio y la seducción de la máscara marcaba un paréntesis al depostismo político". Sostiene que la alegría propia del carnaval es algo que se ha perdido. "Hoy del carnaval queda una mueca grotesca. Antes era una fiesta para romper la norma y hoy la norma se rompe todos los días. El espacio determinado para expresar los deseos más íntimos, que se anhelaban o con los cuales se fantaseaba, no está más. Este es el sentido real que tiene el disfraz: actuar representando ser otro y, a la vez, guardar la identidad y mostrar una faz que está reprimida todo el año", añade.
"Es la fiesta de exceso del disfraz y del permiso de lo prohibido que ritualiza la alegría ligada a la Pascua de la liberación, en el sentido de la pascua judía. Un momento en el cual nos tratamos de liberar de todo aquello que aprisiona, igual que sucede en el sueño", dice Azar.
"El mojarse con agua es propio de la Argentina y del Uruguay. Los rusos exhibían fieras y osos, los ingleses festejaban en privado dentro de cada casa, los afroamericanos de Haití vestían máscaras de blanco y los africanos se disfrazaban de europeos. En el Carnaval de Venecia -explica- el misterio y la seducción de la máscara marcaba un paréntesis al depostismo político". Sostiene que la alegría propia del carnaval es algo que se ha perdido. "Hoy del carnaval queda una mueca grotesca. Antes era una fiesta para romper la norma y hoy la norma se rompe todos los días. El espacio determinado para expresar los deseos más íntimos, que se anhelaban o con los cuales se fantaseaba, no está más. Este es el sentido real que tiene el disfraz: actuar representando ser otro y, a la vez, guardar la identidad y mostrar una faz que está reprimida todo el año", añade.
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