Aprender la lección

Por Ernesto Behrensen. Agencia DyN

03 Abril 2008
BUENOS AIRES.- La suspensión por 30 días del paro agrario abrió un paréntesis tras las tres semanas del desafío más importante que afrontó el modelo de gobierno que se inició en 2003.
La decisión del agro llegó acompañada de un fuerte llamado de atención hacia el núcleo de la gestión que impusieron Néstor y Cristina Kirchner: centralización del poder institucional, manejo de gobernadores, de legisladores y de intendentes e intento de controlar a los actores sociales, en lo político, y su correlato económico de concentración y discrecionalidad de los fondos públicos.
El conflicto reflotó la vieja antinomia entre unitarios y federales. Lo que se inició como un airado reclamo contra el incremento en las retenciones se transformó en un fuerte cuestionamiento al sistema.
Bajo el paraguas de la crisis de 2001-2002, los gobiernos se arrogaron facultades que apuntaron a la concentración del poder. Así, se fue dejando de lado al Congreso hasta convertirlo en una oficina de “sellado” de la Casa Rosada; se mantuvieron impuestos que habían sido creados para situaciones excepcionales y no se los coparticipó a las provincias, mientras que a los gobernadores se les fue quitando poder, hasta convertirlos en peregrinos obedientes en busca de dádivas oficiales. Cualquier signo de rebeldía fue enfrentado con una apuesta a todo o nada, con la demonización del reclamo y teorías conspirativas, con fantasmas de golpistas, con contramarchas de personajes cuestionados, con discursos de barricada en los que, en lugar de tender a la conciliación, se marcaron las divisiones sociales. Ellos o nosotros. El país con justicia social y distribución o los que quieren volver al pasado, sea este la dictadura o la década del 90.
Se cargó contra la corrupción del menemismo, pero se acusó de intentos desestabilizadores a los que denunciaron otras irregularidades más actuales (Skanska, valijas de Antonini, fondos de Santa Cruz, bolsa de Miceli).
Las movilizaciones multitudinarias amparadas en los aparatos y dineros oficiales se utilizaron para contrarrestar los reclamos.
Alguna de estas herramientas se pusieron en marcha ante el paro del campo. Y demostraron que no fueron eficientes. Que se agotaron. Las causas no habría que buscarlas en las teorías conspirativas sino en las propias políticas y errores. En las idas, vueltas y contradicciones. En la falta de soluciones a los problemas concretos: seguridad, salud, educación, infraestructura.
Hoy, en Gualeguaychú, el campo accedió a abrir un paréntesis. Pero dijo muchas cosas, que trascienden los reclamos y que respondieron a la estrategia oficial de ubicarlos como desestabilizadores y responsables del desabastecimiento.
La administración Kirchner tiene ahora un gran desafío: capitalizar a su favor lo que la situación le ha enseñado, es decir, encontrar una solución integral. También tiene la gran responsabilidad de buscar soluciones de fondo para integrar al país y no para dividirlo. No porque lo pida el campo, que en el fondo reclama por su situación particular, sino porque los hechos están demostrando esa necesidad, porque, aunque crujan los andamiajes, aún está a tiempo, y porque tiene, todavía hoy, todas las herramientas para hacerlo.

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