Una degradación democrática se extiende por las Américas casi sin excepciones, aunque con distinta intensidad. Y el fenómeno ya no es exclusivo de regímenes autocráticos o dictatoriales: también intervienen nuevos poderes tecnológicos que distorsionan el debate público.
Periodistas asesinados, encarcelados, exiliados o perseguidos judicialmente; medios clausurados, confiscados o sometidos a presiones económicas; discursos confrontativos y plataformas digitales utilizadas para amenazar, desacreditar y diseminar desinformación.
De un extremo al otro del continente, se consolida un entorno hostil para el ejercicio del periodismo. Y en muchos casos los líderes políticos no sólo no accionan para frenar la violencia verbal o física, sino que la alientan con estigmatizaciones, con descalificaciones, con agravios.
Las conclusiones de la Asamblea de la SIPNuestra institución es fuerte. Nuestra voz es potente. Nuestras convicciones siguen intactas.
Pero lo que nos trajo hasta aquí no será suficiente para afrontar lo que viene. Necesitamos potenciar nuestro mensaje, llegar hasta el último rincón del continente. Necesitamos convencer a la dirigencia política y empresarial de que la consigna de la hora es fortalecer un periodismo libre y potente.
El periodista cordobés Carlos Jornet asumió la presidencia de la organización interamericanaPorque cada vez que un medio se apaga, se aviva la hoguera de la intolerancia y la desinformación, se expanden los discursos de odio, se asfixia la institucionalidad. En amplias zonas del continente proliferan los desiertos informativos, consecuencia de la desaparición de medios locales que son vitales para la participación ciudadana y la vida de pequeñas comunidades. Debemos transmitir a cada habitante de las Américas una convicción fundamental: una prensa libre no es un privilegio de los periodistas ni un interés exclusivo de los medios. Es un derecho de la ciudadanía y una condición esencial de la democracia.
Sin democracia, podrá existir una ilusión transitoria de bienestar. Pero tarde o temprano se profundizarán el autoritarismo, la corrupción, la pobreza, la intolerancia. Como explican Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en Cómo mueren las democracias, estas no declinan únicamente por golpes de Estado. También se erosionan gradualmente cuando se deterioran las normas, se exacerba la polarización y las instituciones son incapaces de procesar los conflictos sin excluir a sectores de la sociedad.
Emilio García-Ruiz, el paracaidista del periodismoFrente a ese riesgo, una prensa sólida y responsable es indispensable: investiga, verifica, cuestiona al poder y hace posible un debate público sin exclusiones. Las redes sociales ofrecen enormes posibilidades de interacción, pero sus dinámicas también favorecen enfrentamientos y la desinformación. La investigación rigurosa, la verificación de los hechos y el contraste de fuentes requieren trabajo profesional, responsabilidad editorial y tiempo.
El papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas, advierte sobre los peligros del desinterés por la verdad, y citando a Hannah Arendt dice que “los súbditos ideales no son tanto los ideológicamente convencidos, sino las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción, quienes ya no diferencian entre lo verdadero y lo falso”.
Ese es, precisamente, uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Por eso, debemos defender la sostenibilidad del periodismo, hoy amenazada por la caída de la publicidad tradicional, los cambios en los hábitos de consumo informativo, la transformación de los modelos de suscripción, la disminución del tráfico digital y las estrategias clic cero de grandes plataformas globales que aprovechan nuestros contenidos para captar y monetizar audiencias.
Las caras de la desgracia según Abad ColoradoLos medios no somos enemigos de la tecnología. Siempre innovamos, buscamos nuevas formas de conectar con la gente y de ofrecer mejores soluciones a los anunciantes. También incorporamos aceleradamente la inteligencia artificial para optimizar procesos y mejorar nuestros servicios. No somos tecnofóbicos, como algunos pretenden endilgarnos.
Pero innovar no significa aceptar pasivamente las reglas de un ecosistema que amenaza nuestra propia supervivencia. Porque es evidente que el futuro de los medios de comunicación está siendo condicionado, distorsionado, asfixiado. La IA es maravillosa. Tiene un enorme potencial. La IA está representando, al mismo tiempo, el mayor golpe a la sostenibilidad del periodismo.
¿No hay responsabilidades nuestras? Sí, claro. Debemos generar contenidos útiles y de calidad, fortalecer nuestra credibilidad, estrechar el vínculo con las audiencias y demostrar el valor insustituible del periodismo profesional. Pero todo esfuerzo será en vano si las plataformas de inteligencia artificial pueden apropiarse del valor de nuestras crónicas e investigaciones, utilizarlas para generar respuestas que desplazan a las fuentes originales y debilitar así nuestra visibilidad, nuestros ingresos y nuestra relevancia pública.
Esa práctica, así como el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial con contenidos periodísticos protegidos por derechos de autor, sin autorización ni compensación, constituye una apropiación del trabajo ajeno, ética y económicamente inaceptable. No se trata solo de una infracción de propiedad intelectual, sino de un robo, una forma de explotación del esfuerzo periodístico que socava los principios básicos de justicia y reciprocidad.
Sin jueces independientes no hay prensa libreEn momentos en que se activan las alertas por el riesgo del mal uso de la IA, y hasta de su aprovechamiento por potencias rivales o por grupos terroristas, pocos prestan atención cuando reclamamos por el aprovechamiento indebido y sin retribución de los contenidos que generamos. Pero hacer oídos sordos a esta advertencia puede potenciar otros riesgos. Impulsores o CEO de empresas de IA advierten sobre riesgos de descontrol de sus creaciones, pero no los escuchamos reconocer que el mal uso de estas debilita al periodismo, potencia desinformación, favorece la polarización y erosiona la confianza ciudadana. Y cuando avanzan gobiernos autoritarios, esos riesgos se vuelven todavía más graves y difíciles de contener.
Función esencial
El periodismo profesional cumple una función esencial en la democracia: ofrece información verificada, promueve el debate informado, fortalece la rendición de cuentas y contribuye a proteger los derechos humanos. Por eso, no estamos planteando una controversia comercial entre empresas. Estamos defendiendo el pluralismo informativo y el derecho de la ciudadanía a acceder a información confiable. Sin una compensación adecuada por el uso de nuestros contenidos, se comprometen la independencia económica de los medios y la posibilidad de que la sociedad siga contando con información veraz y plural. Y si se debilita el periodismo, nuestra voz será más débil. Los ataques autoritarios encontrarán menos resistencia. Y la democracia, menos defensas.
The New York Times recibió el Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa 2026Es una paradoja profundamente injusta: quienes sostenemos el ecosistema informativo terminamos financiando a quienes lo erosionan. Proteger al periodismo es preservar la institucionalidad, neutralizar a los violentos, reducir la polarización y favorecer un desarrollo económico y social más equilibrado. Defender juntos el periodismo no es defender solamente nuestra industria. Es defender la democracia, la libertad de nuestros pueblos y el futuro de las próximas generaciones.
*Discurso de aceptación de la presidencia de la SIP.