En Tucumán vivimos un fenómeno particular: hay conversaciones que se repiten como en un loop infinito y que, de tanto reiterarse, empiezan a llenarse con palabras vacías. Los posibles efectos de la corriente de El Niño reeditan una de ellas. Veamos por qué.
El debate sobre la infraestructura hídrica de la provincia en general y del Gran Tucumán en particular suele ocupar parte de la discusión pública todos los años en dos períodos muy específicos: fines y principios de año. Es decir, cuando se produce la temporada de lluvias intensas. Luego cae en el olvido. Pero mientras permanece vigente se convierte en una charla estéril, porque conduce a la nada misma. ¿O acaso alguien puede presumir de una obra de infraestructura que haya cambiado la realidad de La Madrid, que en marzo de este año quedó bajo el agua una vez más? Solo hay promesas y anuncios de comisiones integradas por políticos y especialistas que algunos caen en la tentación de catalogar como “puro humo”. De hecho, el cabezazo pérfido de “Pichón” Segura al diputado libertario Federico Pelli ha trascendido mucho más que la tragedia de un pueblo condenado a la desgracia.
Súper Niño en Argentina: estas son las provincias donde llovería más de lo normal hasta fin de añoDesde hace décadas que en Tucumán nos preguntamos si los canales y los desagües son suficientes para soportar las inclemencias de un clima cada vez más agresivo. La respuesta siempre es la misma: no. Pero, a pesar de las calamidades que suele acarrear la temporada de tormentas, todo sigue igual. ¿A qué extremo deberíamos llegar entonces para que el panorama cambie? El simple hecho de imaginarlo asusta.
Devaluados
En las últimas dos décadas, en las que el peronismo ha gobernado Tucumán de modo ininterrumpido, todo parece haberse devaluado en materia hídrica. Y este desgaste permanente nos inoculó una anestesia que hace que terminemos naturalizando condiciones de vida que están muy lejos de ser las que merecemos (y por las que pagamos una montaña de impuestos).
La estructura actual de desagües pluviales de la capital y del área metropolitana fue construida entre principios del siglo XX (el San Cayetano es de 1912 y el Norte, de los años 30) y la década del 70, con obras apoyadas en un plan rector realizado en 1960 que derivó en la edificación de los canales Sur, San José, Caínzo-Las Piedras y, más tarde, Yerba Buena. En aquel entonces, las áreas del piedemonte del cerro San Javier estaban destinadas casi exclusivamente al cultivo de caña de azúcar, que permitía una absorción del 80% del agua de lluvia. Luego, muchos de esos terrenos se empezaron a utilizar para plantar citrus, lo que redujo la retención al 60%, aproximadamente. La urbanización imparable ha impermeabilizado esos mismos suelos y hoy solo absorben el 20% o menos. El uso de la superficie ha cambiado dramáticamente, pero la infraestructura hídrica sigue siendo la misma que hace medio siglo.
Súper Niño 2026: cuáles son las provincias que presentarán las temperaturas más atípicas en el último trimestreEs que en el medio se hizo muy poco. Lo más novedoso puede ser el canal San Luis que construyó Yerba Buena hace algunos años y el plan de obras que la Municipalidad capitalina adjudicó un par de meses atrás para edificar un nuevo sistema de drenaje en la zona noroeste de la ciudad. Antes y después de eso, la nada misma.
Los de siempre
Es injusto culpar únicamente a esta gestión de Gobierno por lo que describimos más arriba. Arrastramos una decadencia ininterrumpida desde hace décadas (que contrasta con el desarrollo de otras provincias de la región). Lo que sí es innegable es que muchos de los protagonistas de esta administración -y no nos limitamos al Ejecutivo, sino también a la Legislatura, a los municipios y a las comunas- han integrado gestiones anteriores que fueron las artífices de todos los fracasos que nos trajeron hasta acá.
El Súper Niño ya impacta en Argentina: ¿en qué mes tendrá su pico máximo y cómo cambiará el clima?Además, volvemos a caer en el cáncer que carcome al área metropolitana desde el arcano: la ausencia de políticas integradoras que permitan abordar los problemas de manera global y no dispersa. Hoy, San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Banda del Río Salí, Las Talitas, Tafí Viejo, Alderetes y Lules suelen operar como entidades independientes entre sí. Administrativamente lo son, pero lo hacen a contramano de los vecinos, que viven la ciudad como una unidad en la que se mueven para ir a trabajar, para llevar a los chicos al colegio, para ir al médico, para hacer trámites y para un larguísimo etcétera. De hecho, hoy hay gente que vive en San Pablo, pero manda a sus hijos a estudiar a Yerba Buena y trabaja en el centro, por solo nombrar una de las tantas combinaciones de transversalidad urbana posible. Del mismo modo, hay vecinos de sectores pobrísimos del sur de la capital, como Los Chañaritos, que quedan bajo el agua cuando llueve en Yerba Buena, porque el canal Sur, que ataja a duras penas el flujo que viene desde el oeste, desborda a la altura de sus casas (aunque allí no haya caído ni una gota). Frente a este panorama, culpar únicamente al clima y la corriente del Niño por las inundaciones es de caraduras.